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Por Edición
Impresa, "DIARIO POPULAR".
Una de las
estrellas del mítico equipo de Independiente de los años 50 aplicó en su
familia el estilo aprendido de los viejos entrenadores para honrar con los
hechos el ejemplo que le legó su padre.
En más de un
tramo del partido que marcó ayer el debut de Independiente en la B Nacional,
Rodolfo Micheli experimentó aquella sensación singular que solía invadirlo toda
vez que se calzaba la casaca del Rojo de Avellaneda, con la que tantas veces
apareció en las tapas a color de El Gráfico después de tardes de goles y
gloria.
Justamente
con esa camiseta Rodolfo se hizo un lugar en la historia del fútbol argentino,
en la época que un jugador que llegaba a primera sabía que si hacía las cosas
bien, tenía seis o siete temporadas aseguradas, al punto que por aquellos años
era posible repetir de memoria una delantera, como la de Independiente de mitad
de la década del 50, integrada por, Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz.
A pesar de
su chapa de crack, el vínculo con el deporte que lo instaló en la memoria colectiva
de la mitad del pueblo futbolero de Avellaneda, está muy lejos de los encuadres
ultra profesionales de la actualidad.
A sus 83
años lo suyo es mucho más sereno y si bien preside la Mutual Casa del
Futbolista, un espacio para la grandes glorias del deporte más popular, en la
actualidad destina horas de experiencia para entrenar equipos de fútbol
femenino en el club Los Andes, de Vicente López, muy cerca de la casa que
comparte con su esposa María Elena. .
"Mis
chicas no hacen un foul en todo el partido y hago como hacían los técnicos
cuando yo jugaba: hablo muy poco y solo doy un par de indicaciones
puntuales", señaló Fito, como lo conocen en el barrio, a HISTORIAS DE
VIDA.
Las
reuniones de los lunes a la noche en la mutual y su actividad comercial cotidiana
en el negocio de librería que tiene, son otras de las ocupaciones que Miceli
suma a las realizadas en el club barrial del que es fundador.
Hablemos de
fútbol.
A eso le
añade las charlas que da cuando lo invitan de un club para hablar de uno de los
temas que más sabe, donde arranca la admiración del auditorio al comparar
épocas y tener una mirada profundamente crítica del fútbol actual.
"Lo que
pasa es que me río de los sistemas con que han encorsetado al fútbol y que
logran en mí algo curioso: con lo que me gusta, no aguanto ver los 90
minutos", señaló.
"Es
increíble pero me cansa", insiste para quien hoy el fútbol "es en 80
por ciento físico y el 20 por ciento restante habilidad, cuando en los años que
yo jugaba la proporción era exactamente al revés".
Pero también
la idiosincrasia del futbolista cambió y mucho, como lo observa Miceli, quien
en su carrera digirió sin problemas una frustrada venta a Europa y cerrar sus
últimos años de actividad jugando en la liga de 9 de Julio o siendo jugador y
técnico de Acassusso, a principios de los 60.
El otro tema
que Miceli domina tiene que ver con el rol de padre, heredado sin duda de la
figura de su papá albañil, el que aunque sea con pan y café con leche, logró
que ninguna cena para su esposa y seis hijos quedara vacante.
De esa
herencia bien pueden dar testimonio los hijos de Fito, Mario y Rubén, que
encontraron razones más allá del fútbol para reconocer a su viejo como un
verdadero crack.
Porque como aquellos entrenadores de Micheli, lo suyo fue no
hablar tanto sino tener a mano la jugada justa para ganar los partidos más
difíciles en el duro campeonato de la vida.
Fuente
Diario Popular

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