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lunes, 25 de septiembre de 2017

Los goles se pagan - Por Román Failache



Por Román Failache

Hay algo que me molesta mucho más que la derrota.

La variante de perder en el juego siempre está, es una de las tres chances y uno tiene que aprender a convivir con la derrota. Lo que duele es la desmesura en las críticas, las malintencionadas, el espamento que se monta por haber vivido una semana para el olvido después de mucho tiempo y, sobre todo, la poca memoria de algunos hinchas y/o periodistas.

¿Hasta dónde nos va a llevar el exitismo, esa estúpida máxima que se rige en base a los resultados?

Enfrente, Godoy Cruz resultó ser un rival opaco pese a la interesante propuesta de juego de Mauricio Larriera y se llevó demasiado premio con un penal inexistente. El Tomba juega bien, lo digo con conocimiento de causa por haberlo visto en este ciclo corto que lleva de proceso.

Y pese a la caída, es de necio negar y dejar de destacar que Independiente cambió la cara con respecto al partido ante Atlético Tucumán del martes. Fue un equipo renovado desde lo actitudinal, mucho más sólido, dominador desde los 20′ hasta los 90′, dinámico y vertical. Encontró cómo lastimar con Meza por la derecha en el primer tiempo y con Benítez por el centro en el segundo. Pero también fue ineficaz, y el fútbol se gana con goles. Cabe recordar que el técnico pidió día y noche por la llegada de un delantero; desde la dirigencia miraron para otro lado y especularon después de la victoria con Huracán. No poner la plata cuando hubo que hacerlo llevó a cosas como éstas y es responsabilidad absoluta de la Comisión Directiva en su integridad. Además de que Independiente sufrió bajas por lesión en su plantel cortísimo y la acumulación de encuentros le jugó en su contra, no haber reemplazado al jugador más determinante con la jerarquía necesaria fue fatal.

Ayer, el equipo tardó un cuarto de hora en darse cuenta que sus salidas por abajo se conducían hacia el sector con menor proporción de jugadores propios. Una vez resuelto esto, la hegemonía fue total. La pelota circuló rápido en el medio y las situaciones de gol claras comenzaron a proliferarse casi por inercia. El Torito Rodríguez hizo las veces de mediocampista ofensivo, pisó el área y se posicionó como atacante, librando a Domingo en la marca y el armado. Tagliafico volvió a redondear una buena actuación al igual que Franco, pero la discordancia con Jonás, quien aún no logra adaptarse al 100% del ritmo futbolístico, expuso los sectores más endebles de la defensa. Se pierde mucho en materia de llegadas y empuje sin Bustos.

Los errores se hicieron presentes en el armado. Holan es un técnico que supo revertirlos sobre la marcha y no morir con la suya. Sin embargo, el caso de Erviti es una excepción a esta regla. Aún no se entiende como el Profe le sigue regalando tanta ventaja al rival con un jugador que poco aporta en este esquema. Es cierto que la verticalidad siempre precisa de una pausa y de un jugador racional que ordene, pero lo del ex Banfield dentro del campo roza la pasividad. Es menester resolver esto. Y una crítica más: el cambio de Albertengo no era por Leandro Fernández.

Consumada la tercera derrota consecutiva en una semana fatídica, algunos se dan el tupé de cuestionar a este técnico y hablar, incluso, de un ciclo terminado. Esta situación me recuerda al principio de la era Holan, cuando el equipo no lograba los tres puntos y las críticas llovían. Claro que en aquel contexto todo era diferente: se venía de un proceso donde los jugadores no levantaban las piernas ni sentían un poco de orgullo a la hora de defender los colores y lo más grave era no poder ganar. El Profe cavó hondo para comenzar con una reestructuración de raíz y realizó lo que ya sabemos. Ahora, es peor: “Están pasando cosas raras”, declaró. El abandono dirigencial, el conflicto interno de la barra y los arbitrajes en contra no ayudan para nada. Acostumbrarse a lo bueno es muy fácil y la memoria, parece, nos dura poco. Confío ampliamente en que, también, va a saber sobrellevar este impasse y callar ciertas bocas.



Fuente Orgullo Rojo