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miércoles, 29 de febrero de 2012

Cacho juntó al bloque de Nueva Generación Roja



 
El ex candidato a Presidente por Nueva Generación Roja juntó ayer martes por la noche, a los Representantes de Socios del principal bloque opositor en el local ubicado sobre la Avenida Mitre a metros de la Sede Social.

Nueva Generación Roja obtuvo la primera minoría, por lo tanto, de los 90 Representantes de Socios le pertenecen 27 y Lista Roja se quedó con 3. Por su parte, Independiente Místico consiguió la mayoría con 60.

La reunión estuvo liderada por Baldomero “Cacho” Álvarez de Olivera y en la misma se acordó cuales van a ser los pasos a seguir, un esquema de funcionamiento y reuniones periódicas.

La misma tuvo algunas ausencias notorias como la de Hugo Moyano, quien es el Primer Representante y el ex Secretario General Cristian Mattera.


Fuente LxR

Selección - Argentina 3 Suiza 1 - Video

Fuente video YouTube


Colaboración de Tere Fer Cao Riveros

Del Staff de Independiente de Paladar Negro blogspot

Selección - Messi, Aguero y otros



Nota de rrrojo: El título es de este blog.

A continuación lo que opina PlayFutbol.


La enorme jerarquía de Messi le dio a la Selección un triunfo "olvidable" frente a Suiza en la gélida noche de Berna




Tres goles del mejor jugador del Mundo -el último de penal y sobre la hora- le permitieron a Argentina sacarse de encima por 3-1 a un rival incómodo, que durante casi todo el trámite nos jugó de igual a igual y de a ratos, nos superó.

El empate parecía clavado pero un grave error del fondo "helvético" finalizando el encuentro, dejó solo a la "Pulga", quien la picó ante la salida del arquero. 

Antes, apenas comenzado el segundo tiempo, el conjunto local había llegado a la igualdad, gracias a una distracción defensiva y a un preciso zurdazo de Shaqiri -el llamado "Messi Suizo"-.

En Argentina, lo mejor fue la dupla Messi-Agüero, después reforzada por Higuaín.

En la primera mitad, tras una gran combinación entre ambos, la "Pulga" abrió el marcador con su categoría habitual.

En síntesis, Sabella fue a probar y sólo confirmó lo obvio, la tremenda calidad de sus delanteros. ¿El resto? poco y nada

En los primeros minutos de partido se vio a una Selección atada en lo defensivo, donde Suiza imponía mucha presión con sus hombres de ataque para dificultar la salida limpia de los jugadores argentinos.

Con una línea de cuatro bien plantada en el fondo y dos cincos defensivos, como Rodrigo Braña y Javier Mascherano, el equipo de Alejandro Sabella intentaba apoderarse del balón y dárselo a los que más saben: Lionel Messi y Sergio Agüero.

La presión suiza fue perdiendo voracidad y la Selección encontró las formas de lastimar.

La sociedad entre “La Pulga” y “El Kun” fue encontrando el camino, y tanto Maximiliano Rodríguez como José Sosa comenzaron a preocupar con sus constantes movimientos.

Fue a los 17 cuando Argentina tuvo su primera chance clara, con una jugada entre Messi y Sosa donde el ex jugador de Estudiantes definió de forma imperfecta cuando había quedado de cara al gol.

Dos minutos después, Messi enarboló una jugada de ataque, tomó la pelota y la jugó para Agüero, que en la medialuna del área paró el balón, aguantó la marca y asistió a “La Pulga” de taco, para que domine el esférico y definiera a la perfección entrando al área.

Golazo.

No solamente por la estocada final, sino por la concepción.

Así Argentina tomaba distancia y aplacaba un poco las ganas suizas, que sin muchas ideas pensaba siempre en el arco rival.

En los últimos quince de la primera parte, Suiza volvió a apretar y Argentina optó por replegarse y jugar de contra.

Así, los locales tuvieron sendas oportunidades, primero con el prolijo lateral izquierdo Rodríguez, después con un remate de Xhaka. Ambos se fueron desviados, pero dejaban en claro la paridad del partido.

¿La diferencia? La perla de Messi cuando el partido pedía un cambio de aire.

El segundo tiempo fue un bostezo permanente. Argentina dependió más que nunca de Messi y Agüero y cayó en ese vicio constante.

No tuvo ideas de juego, no hubo evolución futbolística y el equipo fue opaco en todas sus líneas, porque no existió el funcionamiento colectivo.

Suiza aprovechó el primer bajón visible y a los cuatro del segundo tiempo igualó a través de Shaqiri tras un desacople defensivo.

Argentina no tuvo génesis de juego, padeció de volumen y falló en el destino de los pases y en los movimientos previos.

Se basó en darle la pelota al rival para reagruparse y salir de contra…sí, contra Suiza, un equipo clase B de Europa.

Si bien fue una prueba pensando en lo que serán las Eliminatorias, lo que mostró la Selección fue una involución, como últimamente viene ocurriendo en el fútbol argentino.

Pero la Selección tiene al mejor del mundo, que en los últimos cinco minutos de partido se vistió de superhéroe y regó la cancha de magia, fútbol y brillantez.

Sí, Lionel Messi, al igual que lo hace en el Barcelona, fue el amo y señor del triunfo argentino.

Primero aprovechó un robo de Agüero para edificar una definición preciosa ante la salida del arquero, y luego decoró el resultado de penal, tras una falta a Higuaín.

Era un empate clavado, con un rendimiento argentino que fastidiaba.

Pero apareció “La Pulga”, el mejor del mundo, el de siempre, el del Barcelona. 

Fue 3-1, por la magia del rosarino, las pinceladas del “Kun” y los errores del rival.


En el bosque, aún la fruta está inmadura. 


Formaciones:


Suiza: Diego Benaglio; Stephan Lichtsteiner, Philippe Senderos, Francois Affolter, Ricardo Rodríguez; Gokham Inler, Blerim Dzemaili; Xherdan Shaqiri, Granit Xhaka, Fabian Frei; Admir Mehmedi. DT: Ottmar Hitzfeld.


Argentina: Sergio Romero; Hugo Campagnaro, Federico Fernández, Ezequiel Garay, Pablo Zabaleta; Maximiliano Rodríguez, Javier Mascherano, Rodrigo Braña, José Sosa; Lionel Messi y Sergio Agüero. DT: Alejandro Sabella



Estadio: Stade de Suisse Wankdorf

Árbitro: Florian Meyer (Alemania)




Fuente Play Futbol


"Los momentos vividos", un texto de Eduardo Sacheri




A partir de enero de 2011, el prestigioso escritor argentino se incorporó a la revista con columnas exclusivas. Autor de varias novelas, entre ellas la que apuntaló al Oscar "El secreto de sus ojos".


Nota publicada en la edición enero 2012 de la Revista El Gráfico



Creo que la cantan  casi todas las hinchadas. La canción original se llama “Todavía cantamos”. Pero las hinchadas argentinas, como tantas veces, han tomado la melodía y le han cambiado la letra para apropiársela, para que hable de su equipo. Y donde la canción de Víctor Heredia dice “Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos”, la de la hinchada reza “Vamos vamos los millo”, o los rojos, o Academia, o lo que sea. Pero no es ese el verso que me interesa. El que me obsesiona en estos días es el que dice, en la canción original, “A pesar de los golpes que asestó en nuestras vidas, el ingenio del odio, desterrando al olvido”. Para las hinchadas, ese verso se ha transformado en “A pesar de los años, los momentos vividos, sigo estando a tu lado, XX querido” siendo XX el nombre o el apodo del cuadro de uno. Seguro que la poesía de Víctor es mucho más profunda y habla de cosas mucho más importantes y definitivas. Pero de todas maneras me quiero detener en ese verso futbolero. El de “los momentos vividos”.

Todos conocemos esa verdad de perogrullo de que la vida es nada más que una suma de momentos. Pero no todos los momentos son iguales. Hay muchas clases de momentos. Es posible que casi todos los momentos sean anodinos, rutinarios, parecidos a todos los otros. Momentos casi descartables. Pero hay otros momentos que no. Momentos que no podemos cambiar, porque no los queremos cambiar. Momentos que nos han hecho ser los que somos. Momentos escasos y al mismo tiempo definitivos. Momentos distintos a todos los demás. Momentos que lo cambian todo, que lo deciden todo. Chiquitos como nuestras vidas. Y decisivos como lo que nos importa en serio. Los hay en la vida y los hay en el fútbol.
En nuestras vidas de hinchas hay un momento esencial. No estoy pensando en ese momento glorioso de una hazaña que supusimos imposible. Ni en ese momento tenebroso de un partido que perdimos y que todavía nos duele. Ni en el momento del gol que más gritaste en tu vida. No. No estoy pensando en ninguno de esos. Estoy pensando en el momento clave, el momento por excelencia, el momento crucial de nuestra vida como hinchas de un club: ese momento en el que nos enamoramos para siempre de nuestro cuadro. El momento en el que dijimos, “Yo soy de Lanús, o de Banfield, o de Quilmes”.

Todo lo demás, todo lo que vivimos en el fútbol nace desde ahí, desde ese momento fundante. Sobre esa piedra construiremos las hazañas, las derrotas, las esperanzas y los temores. Pero ese es el principio. Y cada cual llega a ese principio, a esa piedra fundamental, desde su propio camino. Siempre me gusta preguntarles a las personas por qué se hicieron hinchas de su club. Me encanta, me deslumbra recrear ese momento.

Hace algunos años me tocó ir a Rosario a dar una charla. Después de la cena, un hincha de Rosario Central caminó conmigo algunas de las cuadras que nos separaban de mi hotel. “¿Sabés por qué me hice hincha de Central?” me preguntó. Por supuesto yo no lo sabía, pero me interesaba que me lo dijera. Me contó que, cuando era chico, una tarde se coló en el Gigante de Arroyito. Central jugaba, por un Campeonato Nacional, contra un equipo mendocino. El equipo cuyano promocionaba los vinos de una bodega de su provincia, y sus jugadores obsequiaban, a cada uno de sus rivales, una botella antes del partido, como quien intercambia banderines. Resultó ser que los jugadores de Central, haciéndole honor a su apodo de “canallas” se negaron a recibir los regalos. Y ese gesto de incorrección, de insolencia futbolera, a este tipo lo cautivó para siempre. Y mientras me lo contaba, caminando por las veredas de Rosario, y se reía al rememorar la picardía, le brillaban los ojos, como el día en que los canallas lo enamoraron para toda la vida.

Extrañas circunstancias me colocan frente a frente con la empleada de una mercería. No importa qué hago yo en una mercería. Ni importa cómo cuernos terminamos hablando de fútbol con la empleada. Me cuenta que es hincha de Independiente. Y yo, un poco porque me asombra que una señora que atiende una mercería sea futbolera, y otro poco porque siempre me gana la curiosidad, le hago mi pregunta favorita. Esa del por qué, del cómo fue que se hizo del rojo. Me cuenta que de chica vivía en el sur, por ahí por Sarandí. Vivía con su padre, porque su madre un buen día se había mandado a mudar y los había dejado solos. Y que en la escuela le iba mal, tirando a pésimo. Y que un buen día cayeron del club, en su escuela, a decir que iban a becar a un chico de cada curso. Y que ella no le dio importancia porque era mala alumna, y esas cosas le pasaban solo a los buenos. Pero resultó, y a la mujer le brillan los ojos cuando me lo cuenta, que de su grado la eligieron a ella. Y le pagaron los libros, el guardapolvo, todo, hasta que terminó. Y desde entonces empezó a ir a la cancha y no paró más. Me recita una formación de Independiente campeón. Yo no la interrumpo, aunque también me la sé. No le digo que yo también soy del Rojo. Ahora no importa. Lo único que importa es ella, su brillo y sus recuerdos.

Estoy de visita en los estudios de una radio, en Bariloche. A lo lejos se ven el lago y la montaña. El periodista que me hace una entrevista, mientras no estamos al aire, me comenta que es hincha de San Lorenzo. Es cuervo porque nació en Junín y viajaba a la Capital Federal con frecuencia a visitar a su familia, en ómnibus. Y quiso el destino que San Lorenzo saliese campeón, en 1974, en cancha de Vélez. Y que el ómnibus en el que viajaba quedase encallado, sobre la avenida Rivadavia, en el mar de los festejos. “Yo quiero esto”, me dice el periodista que pensó entonces. “Yo quiero esta alegría para mí”. Y se hizo cuervo. No sabía que la decisión iba a costarle la amargura de un descenso siete años más tarde, o que pasarían veintiún años desde esa alegría desbordante de Liniers hasta la siguiente vuelta olímpica. Cuando me lo cuenta, se nota que no le importa. Que esas banderas, y esos saltos, y esos gritos vistos a través de la ventanilla del micro le hacen nacer un amor a plazo fijo que tarde o temprano, garpa, y que nunca va a dejarlo en bancarrota.

Puedo pensar que esta candidez, esta torpe lealtad definitiva es cosa nuestra, cosa de los argentinos. Pero cuidado. Hace unos meses tuve que ir a Londres, y me tocó cenar con un juez muy importante. Hablamos de política, de su país y del mío, y resultó que el tipo era un fanático del fútbol. Del fútbol y del Arsenal. Y en mi inglés lleno de dificultades le pregunté por qué, le pregunté cómo. Empezó diciéndome que su papá era dentista. Me sorprendió un poco que su historia de amor empezara por ahí: “My father was a dentist”. Pero lo dejé hablar, hasta que su propia maravilla empezó a cobrar forma. Su padre era dentista, y atendía en su casa. A este juez, cuando era chico, le tocaba a veces abrir la puerta a los pacientes. Una vez, en 1971, se topó con un jugador profesional de fútbol: Charlie George, que era delantero del Arsenal. Al chico le maravilló que una estrella como él se atendiera con su padre. Y resulta que a los pocos meses Arsenal y Liverpool disputaron la final de la FA Cup.

Y este chico, que ahora es juez, pero que mientras me cuenta esto vuelve a ser el chico, asiste maravillado, por televisión, a la definición en tiempo suplementario de ese partido. Los noventa minutos han terminado sin goles. Apenas empieza el tiempo extra, Liverpool mete un gol. El Arsenal lo empata a los seis minutos del segundo suplementario. El juez inglés hace una pausa. “Kelly”, murmura, para que yo sepa quién fue el que empató el partido. Le da vueltas a su copa de vino. Está un poco ruborizado. Supongo que se pregunta qué hace contándole el recuerdo más importante de su vida a un argentino. Yo lo espero. Finalmente vuelve a hablar. Faltan cuatro minutos para terminar el partido. Charlie George, el jugador estrella que se arregla los dientes con su padre, recibe el balón un poco afuera del área, del lado izquierdo de la medialuna, y saca un derechazo franco a media altura que se mete junto al palo. Charlie George se arroja al piso, boca arriba, extenuado y feliz. Y sus compañeros van a abrazarlo. Y este chico siente que ese gol del Arsenal es un poco de su padre, que le cuida la boca a Charlie George. Y desde entonces es del Arsenal para siempre. “For ever”, dice el juez inglés, y levanta la copa para que brindemos por su Arsenal. Y yo brindo con él, porque por un rato le perdono la prepotencia del imperio. Porque le brillan los ojos recordando a su padre, el dentista campeón de la FA Cup de 1971.

Esos son los momentos que sirven para edificar el amor que sentiremos de allí en adelante. Después vienen las glorias y las decepciones, las broncas y las rebeldías, los sueños y las falsas promesas de que nunca más vamos a calentarnos por esa manga de yeguas que no saben patear una pelota. Porque vamos a volver, aunque en cada desencanto nos mintamos que no. Volveremos. Y todo por ese momento. Ese momento en el que tomamos partido para siempre. Unos jugadores rechazan de mal modo unas botellas de vino. Una chica se entera de que la han elegido para pagarle los estudios. Un pibe aprende, con la ñata pegada a la ventanilla de un ómnibus, cómo se festeja un campeonato. Otro se llena de orgullo porque su papá le arregla las caries al ídolo que sale por la tele.

Los momentos. Los momentos vividos. Momentos que lo cambian todo, que lo deciden todo. Chiquitos como nuestras vidas. Y decisivos como lo que nos importa en serio. Los hay en la vida y los hay en el fútbol.




Publicado por El Gráfico edición de Enero de 2012

De: http://www.elgrafico.com.ar/2012/02/14/C-4074-los-momentos-vividos-un-texto-de-eduardo-sacheri.php


Fuente El Gráfico

Tengoqueleerlo - El padre del fùtbol que le gusta a la gente


Planeta Redondo

El padre del fùtbol que le gusta a la gente


Por WALDEMAR IGLESIAS

Rinus Michels le ofreció al mundo varios de los mejores equipos de la historia: su Ajax, su Barcelona y la Naranja Mecánica.

Fue el impulsor del llamado "fútbol total" y referente para Pep Guardiola. 

Luego de retirarse como jugador y antes de impulsar la Escuela Holandesa, trabajó como profesor de gimnasia en un colegio para sordos.



UN ESTILO. Rinus Michels, el impulsor del fútbol total.


El Camp Nou aplaude de pie un fútbol estelar que hace del toque una militancia y de la ansiedad una ausencia.

Eric Abidal -con su pie izquierdo y con esa elegancia heredada de Martinica- le pasa la pelota atrás al arquero Víctor Valdes, que mira una nueva opción de pase como si fuera un centrojás de los que hay pocos.

Todo sucede a ritmo manso.

Un rato después, con vértigo en el desenlace de la jugada, Lionel Messi aportará otro de sus goles para que el Barcelona se imponga con comodidad ante Osasuna.

El partido por la Liga en la que el equipo de Pep Guardiola va por el tetracampeonato finalizará con un 8-0 de videojuegos.

La ovación, otra vez, surge. Es para los que ahora están en el campo de juego, claro.

Pero no sólo para ellos. Se trata también de un tributo a los que pusieron al gigante catalán ante este precioso escenario.

Sobre todo, para Johan Cruyff, aquel que le devolvió la autoestima a los blaugranas; y para Rinus Michels, aquel que sembró la semilla de este fútbol que ahora el mundo abraza.

Ronald Koeman -campeón con la Holanda de Michels en la Eurocopa de 1988- conoció los detalles de la Escuela Holandesa desde adentro.

Era un marcador central a la medida del Barcelona de Johan Cruyff y del seleccionado naranja: su pegada consagratoria le facilitaba la tarea.

Fue autor de uno de los goles más gritados en la historia del gigante catalán: en la final de la Copa de Campeones de 1992, a los 111 minutos de la final frente a la Sampdoria, cuando ya no quedaba tiempo para mucho más que ese tiro libre, Koeman transformó un remate directo en un misil y en una consagración bajo el cielo de Wembley.

Cada vez que camina por Les Corts, por Montjuic, por Sant-Martí o por cualquier distrito de Barcelona se lo recuerdan.

Conoce de que se trata la vida de los blaugranas, claro.

La escena sucedió poco antes de la final del Mundial de Sudáfrica, en un rincón de Sandton, en Johannesburgo.

Era de noche y el mismo de tanto fútbol vivido hablaba con tres periodistas argentinos. Cruyff, Messi, Pep Guardiola, el Barcelona, la España del tiki tiki... 

Los temas decantaban con naturalidad.

En ese español a los tropiezos, contó su impresión sin resquicio a dudas: "Ya nos perdimos al mejor de todos, al que inició todo ese fútbol, a Rinus Michels".

Lo contaba con la seriedad de un convencido.

A Michels también lo describió alguna vez Johan Cruyff, el mejor de sus lugartenientes dentro del campo de juego: "Siempre admiré mucho su capacidad para conducir el grupo. Como jugador y como entrenador, nadie me enseñó más que él. Con sus ideas, puso a los Países Bajos en el mapa, hasta el punto de que actualmente casi todo el mundo está beneficiándose todavía de su labor. Muchas veces intenté imitarlo. Y ése es el mayor homenaje que se le puede hacer a una persona".

También fuera del campo, el mayor crack holandés de la historia fue un perfecto continuador de lo aprendido.

Con él en la conducción, el Barcelona se hizo más Barcelona.

A su manera: jugando a jugar.

Su escuela trascendió fronteras. Fue protagonista involutario (o no tanto) de un nuevo modo de entender el juego.

Escribió Fernando Araújo Vélez en El Espectador, de Colombia: "Hubo quienes dijeron que lo llamaban 'General' porque iba a los campos de entrenamiento con una pistola bajo el cinto y un estricto manual de órdenes en su maletín de cuero, y hubo quienes dudaron de aquellos rumores porque un hombre de armas no hubiera permitido que sus jugadores tuvieran las libertades que vivió Holanda en 1974.

Hubo quienes lo tildaron de fracasado porque perdió en Munich la final de la Copa del Mundo ante Alemania, los eternos exitistas que en el mundo han sido, y hubo quienes fueron más allá del resultado y los goles de Breitner y Muller y lo consagraron como el hombre que cambió la historia del fútbol". En cualquier rincón del mundo en donde se hable de fútbol frecuentemente, Michels seguro será -alguna vez o muchas veces- un precioso protagonista ausente.

Sus ideas estarán allí, sentadas a la mesa.

La propia FIFA que lo ubica en su Hall of Fame y lo señaló como el entrenador más destacado del Siglo XX, cuenta sobre su aporte al fùtbol: "Por supuesto, a Michels se le conoce por lo que es fundamentalment el 'fútbol total', una estrategia ya mítica que permite a los jugadores ajustar sus posiciones y carreras de manera que se aprovechen al máximo los huecos que les concede el rival.

Su equipo de 1974 utilizaba aparentemente un 4-3-3 en el que Jonny Rep se internaba por la derecha y Rob Rensenbrink hacía lo propio por la izquierda. 

Las subidas de los laterales Wim Suurbier y Ruud Krol añadían más opciones a un ataque que parecía aumentar y disminuir a voluntad, mientras que Cruyff tenía licencia para vagar por el campo en busca de formas de abrir el cerrojo adversario.

Las claves del concepto de Michels eran un movimiento inteligente, entendimiento y forma física".

El periodista Angel Liceras lo retrató en el diario Marca: "Michels fue un innovador, el primer técnico que alcanzó la excelencia, el primer custodio del fútbol total. Inventó la fórmula perfecta: bloque + imaginación = espectáculo. 

Johan Cruyff fue la estrella indiscutible de su particular universo futbolístico. 

Entre ambos hicieron al Ajax campeón de Europa y dominador de la Eredivisie a finales de los 60.

Juntos discutieron en el Barcelona la supremacía del Real Madrid a principios de los 70".

La búsqueda del fútbol total no era ajena a los resultados. Casi todo lo contrario: Michels ganó casi en cada rincón donde sus equipos jugaron.

Y lo conseguían del mejor de los modos: invitando al aplauso.

Su legado habita ahora en cada actuación del -tal vez- mejor equipo de todos los tiempos, el Barcelona de Pep.

Escribe Matías Manna, en su estupendo y didáctico blog Paradigma Guardiola: 

"¿Qué es jugar bien? El arquero se la pasa al defensa, el defensa al mediocampo, el medio a los delanteros.

Todo con buen ritmo de circulación de balón y encontrando superioridades en las líneas posteriores.

Eso es jugar bien. Sin más. No hay secretos.

A eso el Barcelona, por ejemplo, le agrega una metodología de entrenamiento pertinente para sumar varios conceptos que hacen posible su juego, una cultura de hace 30 años relacionada a la escuela holandesa revolucionaria desde Johan Cruyff y Rinus Michels.

El rumano Kovacs, principal ayudante y sucesor de Michels en aquel Ajax que fue la génesis de la única gran revolución conceptos del fútbol, dijo en 1972 antes de la final intercontinental frente a Independiente: 'Los jugadores que más se adaptarían a lo que pretendemos serían los latinos, brasileños, argentinos. Sobre todo argentinos, por mayor rigor táctico y profesionalismo y, sobre todo, su gran capacidad técnica'".

Sí, eso.

Lo que propone Guardiola en estos días; lo mismo que impulsaba Rinus Michels, hasta ese marzo de 2005 en el que respiró su último sueño de fútbol y la última bocanada de aire que pudo.

Marinus Jacobus Hendricus Michels -Rinus Michels- nació en Amsterdam y vivió encantado por el fútbol durante casi toda su vida.

Comenzó a mediados de los años 60 en el Ajax (donde ganó ocho títulos, incluida la Copa de Campeones de Europa); continuó en un Barcelona que aprendió a hacerle frente al Real Madrid implacable de aquel tiempo; armó la Naranja Mecánica, ese equipo que fue campeón sin vuelta. Siempre lo llamaron para repetir lo anterior. Y lo consiguió: con Barcelona, con Ajax y con el seleccionado de su país, con el que ganó la Eurocopa de 1988. Antes había sido un destacado como delantero del Ajax: entre 1946 y 1958 marcó 122 tantos y obtuvo dos títulos de Liga. También jugó en el seleccionado. Pero sin éxito: disputó cinco encuentros y en todos ellos Holanda cayó derrotado. En el medio, entre el destacado goleador y el técnico estupendo, hubo otro Rinus Michels: fue profesor de educación física en un colegio para niños hipoacúsicos.

Hermosa paradoja: uno de los hombres que mejor se hacía escuchar en el ámbito del fútbol había comenzado entrenando un equipo de sordos.



Fuente Clarín

Selección - Maxi Rodríguez “Ya extrañaba vestirme con esta camiseta”


Con todas las luces. Maxi, en el hotel de Argentina en Berna, con la alegría de una vuelta que esperaba mucho.


Berna, Suiza. Enviado Especial - 29/02/12

Hacía tiempo que no disfrutaba de ser parte del seleccionado argentino. Su último partido fue ante Alemania, en la despedida del Mundial de Sudáfrica 2010. Se fue Diego Maradona y unos meses más tarde lo convocó Sergio Batista para el primer partido ante Irlanda en Dublin. Fue al banco y no ingresó. Casi un año y medio después, Alejandro Sabella le da una nueva oportunidad al volante del Liverpool que acumula 41 encuentros internacionales y 11 goles. Hoy, en Berna, Maxi Rodríguez estará nuevamente entre los titulares.

Estás de nuevo en la Selección. ¿Cómo lo estás viviendo? Estoy muy contento con esa convocatoria. Uno ya nace soñando con ser jugador de fútbol. Y para un futbolista, la mayor alegría es llegar a la Selección. Sabés que representás a todo un país, te genera sensaciones únicas. Y es un orgullo que la mayoría de los técnicos hayan contado conmigo, quiere decir que en todo este tiempo no hice mal las cosas. Por eso estoy muy tranquilo, disfrutando y voy a tratar de rendir al máximo.

¿Que cosas extrañabas? Y... vestirme con esta camiseta, lo que se vive en las horas previas, el vestuario. Todo era algo que queria volver a vivir Desde afuera, ¿cómo viste el primer semestre de Sabella al frente de la Selección? Lo vi bien. Creo que es un técnico que tiene experiencia y manejo de grupo. Sabe lo que quiere y tiene en claro cómo jugar. Además, estudia el juego de los rivales, pero más que nada se preocupa por cómo tiene que jugar Argentina.

¿Qué podés aportar? Fundamentalmente, mi experiencia. No se cómo me va a utilizar el entrenador, pero puedo jugar tanto por derecha como por izquierda. Sigo teniendo ese ida y vuelta, que es importante, y el gol, al que siempre trato de llegar.

Recuperar un lugar en estos momentos te permite soñar con la posibilidad de otro Mundial, ¿no? Este partido es importante por la vuelta. Voy a conocer mejor al técnico, su forma de trabajar día a día. No sé si tengo que demostrar todo en este partido: tengo muchos partidos en la Selección. Mi sueño es seguir estando lo máximo posible. Eso ya es bastante.

¿Qué cosas mejoraste desde tu llegada al fútbol inglés? Cuando estaba por ser transferido, todos me decían que me podía beneficiar. Es de ida y vuelta permanente, no muy táctico, y muchas veces el equipo grande, por potencial, tiene cierta ventaja. Por suerte pude hacer goles. Me adapté muy rápido al equipo. Y también a la ciudad, al idioma, a las costumbres... Es otro fútbol, diferente al argentino y al español. Desde el clima se vive de un modo especial. Estoy muy cómodo.

Y vienen de salir campeones...

Sí, ganar el título en la Carling Cup, es entrar en la historia del Liverpool. Es muy importante. Es impresionante el hecho de saber que vas a jugar en Wembley. La gente está muy contenta, es difícil, pero estamos luchando por conseguir la cuarta plaza para las copas europeas. Además, en la FA Cup estamos en cuartos de final. Ojalá podamos darle otro título a la gente de Liverpool.


Fuente Clarín

La Selección se prueba ante Suiza




Juegan en Berna desde las 16.30 (TyC Sports). Sabella apuesta por un 4-4-2 y busca afinar el equipo para las Eliminatorias.

29/02/12
No hay mucho tiempo. Apenas media hora durará la conferencia de Alejandro Sabella en el moderno Stade de Suisse, en el barrio de Wankfort. Hay que ser puntual, un desafío para argentinos. No para suizos. La conferencia comenzará a las 18.30. El taxi llega antes, pero el complejo en el que se levanta el estadio alberga un shopping, un supermercado, negocios. ¿Por dónde entrar? Unas flechas lo indican y un ascensor parece el pasaje al segundo piso, el de la sala de prensa. El botón 2 no se prende. Entonces, una escalera. Y la puerta del segundo piso no abre. Al final, tres periodistas argentinos encuentran el lugar. Justo empieza a hablar Sabella. Ya no hace frío. La corrida hizo subir la temperatura. Tampoco es un freezer el exterior. Berna parece lista para recibir a gente de climas más cálidos. Una media de 10 grados, con máximas de 18, mínimas de 3, sol y cielo despejado. En los primeros 20 días del mes hubo temperaturas abajo de los 15 grados. El tiempo, en sus dos interpretaciones -hora y clima- tiene que ver con una definición, más que una preocupación, de Sabella ante la pregunta de Clarín : “Jugamos ahora y recién en junio por Eliminatorias. Más que probar, hay que definir”.


Un objetivo del DT es formar al grupo: “Tenemos una filosofía de juego y eso tratamos de transmitirlo. Que tengan un sentimiento de pertenencia, el amor por los colores, saber lo que significa el fútbol de Argentina y tener solidaridad con el compañero”. Para eso se necesitan partidos y a los jugadores de elite sólo los puede utilizar en fechas FIFA. Tendrá que esperar a junio. Curioso: en 2011 la Selección disputó 21 partidos internacionales, récord desde 1902. En el primer semestre de 2012 serán sólo dos.


En el arco hay certezas. Sergio Romero es titular y Mariano Andújar, el mejor suplente. Están los dos en Berna. Romero jugará hoy, como en los últimos partidos de Eliminatorias. Andújar lo hizo con Venezuela y respondió. Agustín Orion es la tercera alternativa.


“Actuará algún jugador que nunca jugó para verlo, para que conozca al cuerpo técnico y a los compañeros, y sacar conclusiones”. En la defensa habrá una prueba de oro. Debutará Hugo Campagnaro, jugará con centrales jóvenes (Federico Fernández y Ezequiel Garay) e irá Pablo Zabaleta por izquierda. Según rindan los centrales, Daniel Díaz aparece como variante. A Luciano Monzón lo conoce.


Dice Sabella: “El equipo jugará un 4-4-2 y tengo en un 80% el equipo definido”. Y se entiende, porque un rato después asegura: “Es sabido que hay un gran potencial del medio hacia arriba. Tenemos que construir lo demás”. Lo convence José Sosa por derecha y la alternativa es evaluar a Maxi Rodríguez por izquierda. Mascherano-Braña seguirá siendo el medio combativo. Eric Lamelaes otro que estará en la mira del entrenador.


En el ataque la diyuntiva siempre será quién acompañará a Lionel Messi. “Messi casi siempre ha jugado bien con la Selección. Los argentinos somos muy pasionales y más en el fútbol”, lo mimó Sabella ayer. Estará Agûero. Pudo haber sido Higuaín. Los llamó a Rodrigo Palacio y a Eduardo Salvio, que esperan jugar algunos minutos.

No hay mucho tiempo. Sabella define un equipo entre lo que tiene y lo que busca. Por eso el amistoso de hoy es más que una prueba.

Fuente Clarín