Por Ezequiel Fernández Moores
Sebastián Domenech
"Le agradezco mucho la incomodidad de haber estado vivo
alguna vez, pero más le agradezco el entusiasmo que puso en estar
incómodo."
Roberto Di Giano tomó prestada una poesía que Joaquín Giannuzzi
dedicó a Almafuerte y se la ofreció a Dante Panzeri.
Diego Bonadeo controló
como pudo la emoción al enterarse de que los que estaban frente a él eran, ya
mayores, claro, los hijos de Panzeri.
Y les recordó a Sandro y a Flavia Panzeri
que a su padre lo habían echado de El Gráfico porque en 1962 se negó a
reproducir unas palabras del ingeniero Alvaro Alsogaray en una crónica de un
Boca-River, como le pedían los dueños de la revista.
"¡Pero claro que el
deporte es política!", decía el propio Panzeri, según recordó enseguida el
periodista Gustavo Veiga. "Y está bien que lo sea? ¿Cómo no va a ser
también política el deporte cuando a través del deporte se forja una conducta
humana?... Negarlo -siguió el texto leído por Veiga, que Panzeri escribió en La
Opinión en 1976- es una estulticia. Averiguarlo es una sandez. Si todo hombre
es un político aun cuando no se interese por la política, forzosamente tiene
que ser política todo lo que hace el hombre. Incluyendo el ocio. O el negocio
del ocio que es el deporte. Hasta el apolítico es un político."
Pablo Llonto recordó algunos de los modos tajantes de
Panzeri, acaso el periodista más mítico del deporte argentino.
"Ponía, por
ejemplo, en un título «Boxeo. Homicidio legalizado. Monzón pelea esta noche?» o
«Automovilismo, actividad industrial?»."
"Y en Satiricón -siguió
Alejandro Wall- escribía, por ejemplo, «Los dirigentes de fútbol, con perdón de
la palabra?» y seguía."
Wall, que mostró la partida que certificaba que
Panzeri nació en 1923 en Rosario, y no en Las Varillas (Córdoba), como consignan
todas las crónicas, eligió citar otro texto. "El periodismo -escribió
Panzeri- más que cuarto poder es el primer poder. No hay quien lo juzgue. Y si
alguien osa hacerlo puede incurrir en un delito mucho más severo que el
desacato. Es la casta más intocable entre todas las castas que la prensa
propugna eliminar." Y dentro de esa casta, decía Panzeri, brillaba con luz
propia la del periodismo deportivo.
Sonreía Ariel Scher, que hizo reír a todos
al contar que su padre le impuso la lectura de Panzeri cuando él tenía siete
años.
Lo mejor sucedió cuando, después de los periodistas,
comenzaron a hablar familiares y amigos de Panzeri, presentes en la sala.
Siempre circuló la versión del almirante Carlos Lacoste, el hombre fuerte de la
dictadura en el deporte, sobre una reunión que tuvo con Panzeri.
Lo había
invitado a su casa de Belgrano para hablar del Mundial 78, a cuya organización
Panzeri se oponía argumentando que sería un "despilfarro" de dinero.
"Panzeri -relató Lacoste- llegó a casa a las nueve y media con dos enormes
carpetas y nos pusimos a charlar sobre el Mundial. Él expuso sus puntos de
vista opuestos a los míos y yo traté de hacerle ver que estaba equivocado. Se
retiró casi pasadas las dos de la mañana. Resultado: no lo pude convencer
acerca de la conveniencia de organizar el Mundial, pero Panzeri casi convenció
a mi esposa de la conveniencia de no organizarlo."
Carmen, madrina de
Sandro Panzeri, contó el jueves otra versión: "Nos dijo que fue imposible
hablar porque a Lacoste le sonaba el teléfono cada dos minutos. Y que entonces
se cansó de la situación y le dijo: «Mire señor, mejor me voy a mi casa y lo
llamo por teléfono que me va a atender mejor». Y se fue".
Sucedió el jueves pasado en la librería La Libre, de San
Telmo.
Capitán Swing, mérito del tenaz Sebastián Kohan Esquenazi, reeditó
Dinámica de lo impensado , un clásico de la literatura deportiva que Panzeri
escribió en 1967.
Asustado de los profetas de la "modernidad",
Panzeri reivindica al fútbol como "arte del imprevisto", "espontaneidad",
"engaño" y "lucha de picardías". No hay fútbol
"viejo" versus fútbol "moderno", dice, sino que "hay
dos únicas maneras posibles de jugar al fútbol, bien o mal". "Para
adelantar hay que retroceder. Lo antiguo puede no ser caduco. Lo moderno puede
no ser progresista."
Y sigue Panzeri: "El fútbol siempre será
antiguo, porque no es ciencia que pueda enseñarse". Y porque, además,
siempre habrá una "oposición combativa" que también quiere la pelota.
Por eso, porque siempre habrá un rival que también juega, decía Panzeri, el
fútbol es "dinámica de lo impensado".
Alarmado ante un futuro que
veía negro, Panzeri jamás podría haber imaginado que su libro se reeditaría
también en España y en plena vigencia de un equipo como Barcelona, de cuyos
jugadores y (ahora ex) DT podría sentirse "orgulloso".
Lo dice en el
prólogo de la flamante reedición el gran periodista español Santiago Segurola.
Eso sí, mientras Panzeri "aboga por la espontaneidad para construir el
orden natural del fútbol, Guardiola considera que el orden es el factor
indispensable para alimentar la espontaneidad de los jugadores. Dos posiciones
opuestas, pero que conducen al mismo sitio: al fútbol bien jugado", dice
Segurola.
Los jugadores de físico pequeño y talento inmenso de
Barcelona, que efectivamente agradarían a Panzeri, han hecho un arte del
engaño, el toque y la dinámica para esquivar el choque.
"Jugamos como mi
padre me contaba que lo hacía Brasil", dijo alguna vez Guardiola.
Los
primeros jugadores negros del viejo Brasil también potenciaban su habilidad
para evitar el choque contra el blanco.
Era lo más conveniente en tiempos de
duro racismo. Extasiados por su juego preciosista, pocos reparan hoy en la dura
disciplina que tiene el Barcelona para recuperar la pelota.
Tostao suele
recordar que los delanteros del idealizado Brasil de México 70 cometían más
faltas que los propios defensores para ayudar en la marca.
Y tampoco se habló
mucho de que el arrollador "fútbol total" de los holandeses precisaba
de una presión feroz sobre el rival.
Omisiones, tal vez, aprovechadas por otros
para erigirse en patrones absolutos del orden y del pragmatismo.
Escribe Andrés
de Francisco en un hermoso epílogo de la nueva reedición de Panzeri: "En
el fútbol, como seguramente en la vida, tiene prioridad lo útil sobre lo bello".
Y "Se puede vivir sin belleza, sin duda -sigue De Andrés-, pero no se
puede ser feliz sin ella". En el fútbol -agrega- y también en la vida.
Panzeri, que murió en abril del 78, poco antes del Mundial,
suele ser recordado como un denunciante crónico y un disconforme eterno.
"Ayer vi ocho partidos. Todos mal. Los jugadores mal. El árbitro mal.
Hasta los vendedores de panchos desubicados", decía "Panzeri" en
el teatro Maipo. Era un Panzeri de ficción. Panzeri, que tenía enorme popularidad,
jamás se habría prestado a ese show. "Actitud constante de Catón",
"jamás pisó un vestuario", "Yo y la pelota", lo critica,
aunque lo respeta, el fallecido periodista uruguayo Emilio Lafferranderie (El
Veco) en el libro Dante Panzeri Entretelones , de Ampelio Liberali.
El "cabrón
intransigente", que tuvo retos a duelo, amenazas en estadios y demandas
judiciales, creía sin embargo en la "belleza" del fútbol.
Por eso,
decía que al fútbol le faltaban tres cosas: "Dirigentes, decencia y
wines".
"Era inclasificable", dijo su hija Flavia en la
presentación del jueves pasado.
Supuesto "liberal" echado por no
publicar a Alsogaray, Panzeri dijo alguna vez que "la libertad de prensa
es para los cinco dueños de los grandes diarios o las grandes editoriales, pero
nada que ver con el público o con el periodista".
"Revolución
-escribió en otra ocasión- no es cambiarlo todo. Revolución es sanearlo
todo." Panzeri, que duró apenas cien días en su último trabajo en La
Prensa, contó que en la sensacionalista ASI , que vendía entonces unos 700.000
ejemplares, tuvo más libertades que en El Gráfico.
Que no podía hacerse cargo
de dónde trabajaba, pero sí de lo que él escribía.
Carmen, la madrina de Sandro
Panzeri, contó esta otra anécdota el jueves pasado: desalentado un día con el
periodismo, Panzeri llegó a decirle a María, su esposa italiana, que, tal vez,
debía buscar trabajo en otro oficio. "Si es necesario, yo me voy a vender
limones, pero vos -le contestó María- no vas a dejar de escribir."
Mañana
se celebra un nuevo Día del Periodista.
Si viviera, Panzeri estaría seguramente
destapando alguna cloaca.
Buscando belleza entre la basura.
Fuente Cancha Llena
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