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miércoles, 6 de junio de 2012

Selección Nacional - La inseguridad no es una sensación

Ilustró rrrojo - Fuente imágen web

Por Cristian Grosso
         

A un equipo se le puede perdonar casi todo, menos que no tenga estilo.

La selección argentina lo sigue buscando.

En el camino también se ha demorado la construcción de una defensa granítica y confiable. En las últimas tres temporadas y media ya desfilaron 39 zagueros centrales y ninguna solución.

Un déficit que excede largamente el ciclo de Alejandro Sabella, una cifra que por abultada revela desorientación, distracciones y hasta incapacidad.

Se han agolpado decenas de nombres y nunca se consiguió cristalizar una auténtica línea de fondo.

Además, la ausencia de laterales ha acentuado la decrepitud en esta región del campo. Una parcela sin gestos reconocibles ni apellidos referenciales.

Sin una médula que la motorice. Sabella ya citó a 23 defensores, y entre ellos ha llamado a 14 centrales. Incluso, ayer, comenzó a ensayar la variante de retrasar a Javier Mascherano a la zaga.

Pero más allá de entrenadores, esquemas, dibujos o partituras, flota un problema más trascendente: en la retaguardia falta jerarquía. Vaya si habrá recibido reproches y hasta señalamientos con sarcasmo Roberto Ayala, ¿sí? 

Hoy se trataría de un pilar y su ausencia todavía quema.

Intentando desprenderse de una mecánica de designaciones que por momentos ha recorrido senderos desprolijos o forzados, como en tiempos de Sergio Batista, y hasta en ocasiones sospechosos, como en los días de Diego Maradona, a los futbolistas también les cabe una responsabilidad: no aprovecharon la oportunidad.

Aunque el escenario no fuese el ideal, no se rebelaron para dejar una huella en la selección. Algunos pasaron como si se tratase de un homenaje en cercanías de su retiro y otros, apenas con la ilusión de contárselo mañana a sus nietos.

Alguna vez debutaron en la selección Kempes, Burruchaga, Batistuta, Caniggia y Simeone, por ejemplo, y ese instante se volvió una bisagra en sus trayectorias.

En este caso apenas se apiñaron nombres sin apetito de reescribir la historia. Y de eso sólo ellos son los culpables.

¿De allá y de acá? que luego también fueron de allá. Desde Ezequiel Muñoz, Federico Fernández y Otamendi, hasta Federico Fazio, Mateo Musacchio y Nicolás Pareja.

Jóvenes y prometedores o mayorcitos consolidados, como Juan Forlín, Ezequiel Garay, Lisandro López, Fernando Tobio, Heinze, Rolando Schiavi, Leandro Desábato y Alexis Ferrero.

Desconocidos y consagrados, como Matías Rodríguez, Hugo Campagnaro, Ignacio Canuto, Gabriel Milito, Nicolás Burdisso, Samuel, Martín Demichelis y Fabricio Coloccini.

Polifuncionales como Cellay, Ré, Gabriel Mercado y Garcé.

Y siguen las firmas. Caruzzo, Tata Díaz, Goltz, Bottinelli, Insaurralde, Julián Velázquez, Jonatan Maidana, Matheu, Galeano, Alexis Ferrero, Guillermo Burdisso, Mariano Echeverría, Sebastián Domínguez.

Entre 39 apellidos no aparece ni uno indiscutido. Un repaso demoledor para entender otra legítima sensación de inseguridad.



Fuente Cancha Llena

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