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jueves, 29 de junio de 2017

Llegarán grandes cosas


Por Ramiro Santinelli

Si estás esperando que esta columna sea un descargo contra la ineficacia en el arco rival, una crítica a la ejecución de un penal en los pies de un pibe de 18 años o un lamento por una mala decisión en la salida, te ahorro tiempo: no lo es, no es lo que me importa decir. No siento que sea el momento de crucificar personalidades ni de buscar culpables. Abrazo la nobleza con la que se desempeñó Independiente, destaco el orgullo con el que jugó y sostengo los valores que se instalaron, tanto anoche como durante todo este ciclo.

Solo en un deporte tan increíble como el fútbol puede darse lo que aconteció unas horas atrás. Independiente hizo todo para llevarse el partido. Dominó continuamente durante 70 minutos al anteúltimo campeón, al equipo que mejor trata a la pelota a mi criterio. Lo achicó. Los dirigidos por Holan fueron al frente y, honestamente, jugaron el partido exactamente como uno quería que lo jueguen. Superaron y se llevaron por delante a Lanús creando un sin fin de chances de gol, pero solo una entró y desgraciadamente no fue suficiente. Los tiros defectuosos, algo de mala fortuna y la inolvidable noche de Andrada en el arco Granate fueron culpables de eso. El visitante tan solo tuvo que aprovechar el error compartido entre Campaña y Domínguez para quitarle el triunfo y la ilusión al dueño de casa.

Es doloroso el final del torneo. Si bien aún quedan posibilidades de que el Rey de Copas diga “presente” en la próxima Copa Libertadores, la sensación es que ayer era el día para liquidar el asunto, para cumplir el objetivo; estaba todo dado. Esta versión de Independiente elevó la ilusión de los hinchas al punto de que en enero era inimaginable la levantada que se llevó a cabo durante este semestre. El sentido de pertenencia generado a partir del saludo histórico, del juego, de los resultados, del Compromiso, la Actitud y la Intensidad, hacen aún más lamentable el empate de anoche. La caída es aún más dura.

A la hora de los reproches, considero que el eje central debe estar en los puntos que se dejaron en el camino ante rivales ampliamente inferiores. Perder con Boca campeón o igualar con Lanús o Estudiantes son resultados dentro de lo lógico, de lo futbolísticamente posible, no son sorpresas. Distinto es el caso de contrincantes como San Martín de San Juan, Aldosivi, Atlético Rafaela u Olimpo, por ejemplo, y el Rojo perdió unidades en todos esos choques. Si bien es cierto que no existen los partidos fáciles en el fútbol argentino, eso no puede pasarle a un equipo con altas aspiraciones e Independiente deberá aprender de los errores cometidos. Lo mismo digo acerca de la baja cantidad de puntos conseguidos en Avellaneda. El equipo nunca se hizo fuerte en el Libertadores de América. No lo hizo en la primera, ni tampoco en la segunda mitad del campeonato.

A pesar de la tristeza del final, el público reconoció el esfuerzo del equipo con un aplauso multitudinario. Y debo decir que coincidí, me fui a mi casa con las palmas rojas. Sigo sintiéndome representado por este equipo aún en la derrota. No se trata de conformismo o de mirar para otro lado ante un nuevo objetivo que no se cumple, nada cambiará el malestar que tengo hoy. Sino que tiene que ver con la valoración de lo trabajado, con la manera en la que el Rojo cayó. Dejando todo y yendo al frente, así fue. Esa aprobación debe ser entendida por los dirigentes como un simple mensaje: mantengan a este Independiente y busquen potenciarlo con jerarquía. No vendan. El Rojo necesita campeonar, necesita participar en la máxima competencia. Necesita contar con los huevos de Tagliafico, la seguridad de Campaña, el equilibrio del doble cinco, el despliegue de Bustos, la habilidad de Barco y los goles de Rigoni. Y ellos precisan que lleguen refuerzos, no muchos -con unos pocos alcanza-, pero de alto nivel. Independiente juega como debe, como quiero, y eso hay que reconocérselo al entrenador y sus colaboradores. Señores dirigentes, cuiden el gran trabajo de Ariel Holan, cuiden a sus intérpretes, que por este camino llegarán grandes cosas.



Fuente de la Cuna al Infierno

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