Ramón Díaz habló durante media hora una vez finalizado el
entrenamiento.
Nadia Teclaff - Nteclaff@ole.com.ar
Ramón Díaz, tras las quejas de Assmann por el poco diálogo,
charló con el arquero, los delanteros, Maxi Velázquez y, al final, con todos.
El domingo pasado, Fabián Assmann hizo público su
descontento con Ramón Díaz, argumentando que le molestaba el poco o casi nulo
diálogo que tenía el entrenador con él.
Casualidad o causalidad, ayer el Pelado
metió charlas por todos lados para aclarar los tantos con el plantel.
No es la
primera vez que un jugador se queja de este comportamiento del técnico (ya lo
había hecho Pato Rodríguez al final del año pasado) y, entonces, para arrancar
el torneo en paz (debuta el sábado, contra San Martín de San Juan), el DT apeló
a una conciliación general.
El primer turno, antes de empezar a trabajar, fue para los
delanteros.
Ramón los juntó en el vestuario para dejar en claro su postura
respecto al rendimiento e intercambiar ideas.
Desde hace un tiempo, el
entrenador viene remarcando que, de alguna manera, le preocupa la falta de gol.
De hecho, por este mismo tema, fue que insistió tanto por la llegada del Tecla
Farías.
Fue un llamado de atención, sin reto.
Una alarma que se encendió tras
el 0-1 contra los suplentes de Platense y con el agravante de que en el
Apertura Independiente no fue de lo más productivo en la red.
La charla dio sus
frutos ya que un rato después se los vio muy enchufados en el reducido.
Más tarde, fue el turno de Maxi Velázquez.
El lateral parece haber
perdido la pulseada con Lucas Kruspzky y arrancaría como suplente.
Por este
motivo, Ramón se acercó a preguntarle cómo estaba de ánimo. Velázquez le dijo
que iba a luchar por recuperar el puesto, aunque está claramente fastidioso.
Y llegó el turno de Assmann.
El disparador que necesitó el
Pelado para comenzar con esta terapia de grupo.
Porque, tal vez, si el arquero
no hubiese hecho pública su queja, las charlas no hubieran existido.
Al termino
de la práctica, mientras el resto del plantel elongaba, Sebastián Rambert,
junto a Emiliano Díaz y Ramón, le hizo una seña para que se acercara y lo dejó
mano a mano con el DT, algo que bien pudo haberse hecho en el vestuario, pero
que se concretó en el medio de la cancha, en Villa Domínico.
Se sentaron cada
uno sobre una pelota y hablaron durante diez minutos.
El riojano, entre otras
cosas, le dijo a Assmann que no se había acercado antes porque creyó que ya
estaba vendido, argumento que, al parecer, no dejó muy satisfecho al arquero.
El último cónclave fue grupal.
Hubo ronda en la mitad de la
cancha, en donde jugadores y cuerpo técnico intercambiaron opiniones, sobre
todo, cuestiones conceptuales durante casi media hora.
En definitiva, una mañana a pura charla para limar asperezas
y dejar atrás diferencias, pensando en el Clausura.
Habrá que ver cómo
repercutirá esta movida del DT, que ayer instaló una FM en Domínico...
Fuente Olé
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