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domingo, 2 de julio de 2017

Cuentos de fútbol - Un tero


Ilustró rrrojo - Fuente imágen web

Por Toni Schweinheim 


La semi por el reducido de ascenso estaba muy peleada, como toda definición de ese tipo, tras un empate en cero entre Deportivo Embalar contra Coronel Scotch, la cosa se definía en la cancha de estos últimos.

Los nervios estaban a flor de piel, sin ser un clásico pero con cierta pica por resultados diversos a lo largo de los últimos años. El encuentro fue catalogado como “peligroso” y se pidió un refuerzo de 100 policías.  El partido se iba a llevar a cabo a la hora de la siesta pero desde muy temprano había llegado gente al humilde estadio.

El encuentro arranco movido. Con situaciones para ambos equipos. El negro Dorado había desbordado un par de veces para tirar uno centros envenenados a la cabeza de Ortiz, un 9 narigón como un pájaro y con piernas finas. Del lado local, Ugarteche, un delantero lento pero con suerte, también había tenido un par. Se fueron al descanso en cero.

Promediando el segundo tiempo, Ortiz encaró hacia el área rival con pelota dominada. Pasó como un poste al primer defensor. El arco ya estaba ahí. De pronto levanta la vista al escuchar un grito seco y ve un manchón gris tirando a té con leche. Era un tero que lo esperaba con las alas a medio extender y zapateando un malambo. Intento gambetearlo. Fue al cohete: cuando tiro la gambeta, el pajarraco se asustó y se le tiro hacia adelante buscando la frente.  Le tiro un picotazo y más que un Tero parecía un pájaro carpintero por la insistencia en picotearle la frente.  Uno, dos, innumerables picotazos. La pelota quedó boyando. Y fue hasta los pies de Dorado, quien justo cuando le iba a dar un fierrazo, sonó el silbatazo del árbitro.

 “¿¡Qué cobrás hijo de puta!?”, grito uno.

“¡Cobro penal, cobro penal!”, se horrorizó un defensor del equipo local.

“Era ley de ventaja, ciego”, espetó el 10 del visitante.

El referí con el silbato en la boca y ambos brazos hacia arriba, no emitía palabra. Los empujones entre los jugadores comenzaban a empujarse.

“Está simulando, amonestalo” exigió Almandoz.

“¡Qué va a simular, penal, mira como está sangrando!” defendió otro jugador.

Mientras, Ortiz seguía luchando en el piso con el tero, ya con el rostro ensangrentado.

“Ayúdenlo, ayúdenlo, lo va a matar” pidió socorro el siete. 

“No, que es una animalito, no lo toques” se horrorizo el arquero.

“Está defendiendo su territorio, cosa que no hacen los muertos de tu equipo” lanzó otro.

“Esto es culpa del canchero” protesto un compañero.

“Es maltrato animal, mira como le está dejando la cara al animal del 9”.

“Ponelo al tero la puta que te pario, ponelo al tero la puta que te pario” comenzaron a cantar divertidos los hinchas.


“Pique”, anunció por fin el colegiado.

“Sí, sí, lo cagó picando, penal, penal”, pidió el 3 de ellos. 

“Penal las pelotas, hermano” se enojó uno del equipo local. 

“El tero es de su cancha, es penal”, se le tiro encima el 5 al 5 rival.

“No, pique, vamos a hacer un pique”, dijo el árbitro tratando de sacarse jugadores de enfrente.

“¿Vas a hacer un pique dentro del área, quien te dio el título a vos, Giselle Rimolo?”.

“¡Penaaaaaal!” gimió otro por ahí.

“Consultalo al juez de línea o con un veterinario”, aconsejo el capitán local.

El árbitro agachó la cabeza y fue hasta el lateral para hablar con el juez de línea y el asistente. Uno decía que era penal, otro que el tero estaba fuera del área y que habría que ver si el delantero no estaba en off side porque los teros son muy territoriales y si uno se avanza... eso molesto al linesman. 

“Tiras un tero y abandonas”, exploto la hinchada visitante.

Las discusiones siguieron y la cara de Ortiz era una mancha roja ya, el tero seguía picoteando. El 6 rival fue a sacar al tero de encima, de su compañero. Fue donde comenzó el tumulto.

“Déjalo, déjalo” decían unos.

“Traigan un gato, que lo espanta” pidió uno.

“Macri gato” respondió el marcador de punta.

“Cállate Kuka no volvés más” respondió otro en el fondo. 

Comenzaron los inevitables empujones que indefectiblemente  derivaron en corridas, las corridas  unos golpes y a la policía no le quedó más remedio que entrar. 

Cuando Ortiz por fin pudo sacarse al Tero en medio de la gresca generalizada, un policía le pegó un palazo en el medio de la cabeza. Entraron ambas hinchadas y los incidentes duraron hasta entrada la noche.

El resto es historia conocida, a Coronel Scotch le suspendieron la cancha y Deportivo Embalar pasó de ronda pero perdió la final con el Sportivo Tijereta. Hasta la fecha el estadio se encuentra inhabilitado. Ya van casi dos años, actualmente la cancha es un baldío con los pastizales de dos metros.

En su interior viven teros. A veces, los días de sol, las aves salen y desafían a algún que otro transeúnte a los gritos.



Toni Schweinheim

Obra Publicada, expediente Nº 510614. Dirección Nacional del Derecho de Autor




Fuente Don Patadón

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