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sábado, 31 de diciembre de 2016

El juego para la tribuna




Por Walter Vargas

El universo del fútbol argentino está desquiciado desde hace un buen tiempo y el de los técnicos es acorde. Por qué razón algunos andan de club en club y a otros con igual o mayor capacidad no los llaman ni los parientes es parte de un carnaval obsceno y brutal. Por ejemplo: ¿qué ha pasado para que Paolo Montero se haya convertido en una figurita tan codiciada? ¿Y Lucas Bernardi? Hasta donde sabemos sus equipos ganan un partido cada muerte de obispo, pero se ve que debe de ser muy bueno. Casi tan bueno como su representante.

En este contexto Ariel Holan asoma como una de las revelaciones más firmes y más dignas. Supo ganarse un amplio crédito en el hockey sin desconocer jamás su condición de animal futbolero y ya metido en las arenas de la  número 5 ha sembrado un piso de respeto y seriedad. Y eso mucho más allá de su libro, de su libreto, de la impronta presionadora y atrevida de su Defensa y Justicia.

Por cierto: observa Holan que la actualidad de Independiente da más para un juego directo porque sus hinchas tienen poca paciencia. Muy interesante, pero, ¿dónde estarán los hinchas argentinos que van a la cancha en clave de budismo zen? Asistimos a los tiempos del entrenador delivery, del crack delivery, del gol delivery. En general, el futbolero siglo XXI fantasea con que los partidos y los campeonatos se ganan sólo por desearlo, igual de sencillo que encargar una docena de empanadas.

La pregunta del millón cae de madura: ¿dispondrá Holan de los intérpretes adecuados para desarrollar y consumar el fútbol en el que está pensando? He ahí su desafío, que en algún punto no deja de ser el mismo que tuvo Gabriel Milito.


Fuente Olé

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