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lunes, 1 de mayo de 2017

El Diego de los Evita

Por Marcos J. Villalobo

Fotos de Eduardo Giménez y Archivo El Gráfico

En diciembre de 1973, tres años antes de debutar en la Primera de Argentinos Juniors, un Maradona aún desconocido deslumbró en Embalse, provincia de Córdoba, en los Juegos Nacionales Evita. Un periodista de El Gráfico recorrió las instalaciones donde se levantaban los populares hoteles de la Unidad Turística (UTE) y dialogó con los testigos para recrear aquellos primeros pasos del Diez, con fotos inéditas y únicas de nuestro archivo.

 
El extraño de pelo largo: mirando a cámara

El verde abunda. Pinos frondosos, malezas, escombros revueltos, una cancha de rugby… Turistas que pasan caminando rumbo al lago, con el añejo hotel de fondo. Un auto rojo toma la curva de la calle de tierra y frena cerca de donde hace unos años había un complejo deportivo. Los visitantes se quedan mirando y, a los segundos, uno le dice al otro: “Detrás de aquellos pinos, ¿ves? Allá atrás jugó el Diego”. Y “el Diego” no es otro que Diego Armando Maradona.

En el valle de Calamuchita, Córdoba, se encuentra la bella localidad de Embalse. Un pueblo con cerca de diez mil habitantes conocido por múltiples factores, fundamentalmente por sus paisajes serranos y sus populares y solidarios hoteles de la Unidad Turística (UTE). Pero también porque en la década del 70 comenzó a albergar una leyenda que pronto se hizo realidad. Desde hace más de 40 años, en la zona hay una telaraña de anécdotas que tienen como protagonista a un nene al que le decían Pelusa, y que hacía estragos con la pelota. Ese infante con el tiempo se convirtió en el hombre más famoso del mundo por su extraordinaria capacidad para jugar al fútbol. Y en ese pueblo serrano, varios de sus habitantes cuentan orgullosos que Maradona expuso sus primeros pincelazos de magia bajo el cielo embalseño.

Pero claro, el paso del tiempo fue cobijando el anecdotario popular de la región con cientos de narraciones verídicas y otras exageradas, siempre emocionantes. Los hechos se mezclan con la fantasía y de esa forma, con el correr de los años, el paso de Maradona por las finales de los Juegos Nacionales Evita de 1973 en Embalse se ha transformado en una historia llena de condimentos y sabores propios de las que el Diez fue armando a lo largo de su vida.

En ese marco, en El Gráfico intentamos unir los retazos de los testimonios orales que se han contado en las márgenes del lago cordobés. Una telaraña invisible que fue tejiendo, con el andar de los días, su propia realidad.

“En las instalaciones de los Hoteles de la Unidad Turística, siempre les contamos a los visitantes que Maradona de niño se hospedó acá, que jugó los Torneos Evita y que no pudo salir campeón. A los turistas les interesa. Y preguntan. Pero por mi edad, yo no puedo contar más. Desde que soy niño escucho historias de cuando Maradona jugó en Embalse, pero muchas son mentiritas o exageraciones. Todos dicen que lo vieron, pero no creo que hayan sido tantos”, relata Penano, un profesor de educación física de 35 años que trabaja en el complejo hotelero. Al mismo tiempo, Cacho Carballo, locutor de la zona, agrega en la misma sintonía: 

“Todos en Embalse cuentan que lo vieron, pero habría hecho falta el Maracaná si hubiera sido cierto”. Lo dice entre risas, al tiempo que acota: “De los que se puede comprobar, quienes vieron a Diego de niño coinciden en que era muy humilde y que muchos acá le pagaban la Coca”. Lo de la gaseosa es algo que se repite en los testimonios. Concuerdan en que era común verlo con la botellita en la mano después de cada partido. Algunos se adjudican haberle regalado una. Otros afirman que era Jorge Cyterszpiler quien andaba con él y, apenas terminaba los partidos, le acercaba el refresco.

Maradona se conmueve por el llanto de Alberto Pacheco, de Corrientes, que había perdido contra Entre Ríos.

MAGIA EN LAS SIERRAS

Maradona llegó a Embalse el 17 de diciembre de 1973 para participar en el retorno de los Juegos Nacionales Evita, que era una competencia multidisciplinaria patrocinada por el gobierno nacional y que habían sido interrumpidos 1949. Con la recuperación de la democracia, regresaron estos torneos y se celebraron en un coqueto complejo deportivo que Embalse tenía en las instalaciones del parque hotelero. Y aparece la palabra “tenía” y la nostalgia aturde a los lugareños al hacer referencia a aquel espacio otrora esplendoroso.
Hoteles rebosantes de gente, llenos de vida, lejos de lo que, lamentablemente, se observa por estos días. Más allá de que Embalse sigue siendo un punto clave del turismo argentino, la Unidad Turística parece olvidada por las autoridades nacionales desde hace unos cuantos años.

Pelusa, como se lo llamaba en esa época, jugaba para Los Cebollitas dirigidos por Francis Cornejo. Era Argentinos Juniors y jugaba en la categoría Infantil. ¡Toda una sensación!

José Pérez es un respetado comunicador social de la zona, palabra autorizada a la hora de reseñar las gestas deportivas de la región. Detallistas en sus comentarios radiales, Pérez repasa: “Cuando asumió el gobierno peronista en 1973 con el Doctor Cámpora, en el lugar donde se hizo el complejo deportivo del Hotel N° 1 de la Unidad Turística había un bosque. Yo mismo vi cuando arrancaron los árboles e hicieron un complejo que tenía pista de atletismo, canchas de tenis, un círculo para lanzamiento de martillo, y la cancha de fútbol. Allí es donde se desarrolló el Campeonato Evita 1973, que es aquel en el que jugó Maradona y perdió la final con los chicos de Santiago del Estero. A todos nos recomendaban ir a ver a un nene de Capital que jugaba muy bien. También estuvo por esos días Norberto Yácono, que fue parte de La Máquina de River, observando el torneo”.
  
La planilla oficial del Campeonato Evita (extraída del libro de Guillermo Blanco).

En el centro comercial embalseño está la panadería que atiende Graciela junto a Angel Roberto Torres, ambos amantes del fútbol. Durante muchos años, Torres fue entrenador de distintas categorías de Fitz Simon, club del pueblo. En aquella época, el Negro, como le dicen, trabajaba en la carnicería de los hoteles y, como fiel fanático de este deporte, fue a ver los partidos del torneo Evita. Y no solo vio a ese chiquilín con la 10 en la espalda. “¡Yo lo tuve en los brazos a Maradona! ¿Cómo? Fui a ver esos partidos, no es que fui a ver a Maradona. Fui porque me gusta el fútbol, pero ahí me encontré con ese chico. Una bestia como jugaba. Tenía unas zapatillas, creo que Flecha. Uno de esos partidos salió lesionado. Le dolía el pie y no podía caminar. Me ofrecí a ayudar, lo alcé y lo acompañé hasta un colectivo. Nunca me voy a olvidar del pie. Era distinto, tenía el empeine alto... Me acuerdo de los chicos de Pinto también. Jugaban bien, eh... Pero ver a Maradona… No se podía creer lo que jugaba. En esa época, yo tenía 20 años, era impresionante lo que estaban los hoteles, llenos los siete. Yo en esa época era empleado de Pedro Marchetta”, recuerda Torres.
En ese marco, al rememorar aquella época, al Negro Haedo le brillan los ojos. Habla con este cronista, y en sus manos tiene fotos de la década del 70, en blanco y negro. Busca. Cree tener unas con las delegaciones de los Juegos Evita de 1973, pero no encuentra lo que quiere. “Los hoteles estaban a pleno, todos llenos de turistas. Durante ese torneo, era mozo del hotel número 2. Estaba con Mario Vivas y el Negro Brizuela. Terminaba el servicio militar y fui a los hoteles a trabajar. Me tocó atender a los chiquitos santiagueños, que le ganaron a Los Cebollitas porteños”, rememora Haedo, personaje del pueblo, que siempre tiene una anécdota para contar, como aseguran los lugareños. Pero él quiere mantener su reputación y afirma: “Debo decir la verdad: a Maradona no lo recuerdo bien. Sí a los santiagueños. Tenían a tres que la rompían. Eran unos Maradonas, no sé si alguno llegó. Un equipazo, eh. Eran todos humildes, se portaban bien en las mesas. Muy educados. Cuando ganaron, todos los felicitábamos”.

MEJOR QUE PELÉ

“Con Los Cebollitas perdimos la final del Campeonato Nacional, en Río Tercero, Córdoba. Nos ganó un equipo de Pinto, Santiago del Estero, dirigido por un señor llamado Elías Ganem. Su hijo, César, me vio tan amargado, que se me acercó y me dijo: ‘No llorés, hermano, si vos vas a ser el mejor jugador del mundo...’. Todos creen que me regaló su medalla de campeón, pero nada que ver: se la quedó él y bien ganada que la tenía”, supo narrar Maradona en su libro Yo soy el Diego de la gente.

Un par de observaciones. Primero, el torneo se jugó en Embalse, que queda a 36 kilómetros de la ciudad de Río Tercero. Una confusión muy común. Segundo: ese partido con los chicos de Pinto no fue la final. Fue la semifinal.

En Embalse se jugaban las finales, Los Cebollitas de Argentinos Juniors habían ganado en Capital Federal, tras vencer a varios equipos, el derecho a participar de esta instancia. Ya en tierras cordobesas, golearon por 6-0 a Chaco y 4-1 a Río Negro. Pero en la memoria colectiva está la semifinal ante Club Social Pinto, de Santiago del Estero.
  
En las canchas donde jugó Diego, quedó un campito y canchas de rugby.

Ese partido del 20 de diciembre de 1973 disputado en la cancha del Hotel N° 1 fue apasionante, según recuerdan todos quienes afirman haberlo presenciado. Lo cierto es que los santiagueños arrancaron ganando, luego los dirigidos por Francis Cornejo lo dieron vuelta y sobre el final del juego, los de Pinto lo empataron. Fue 2-2, en consecuencia, se tuvo que definir por penales. Y el arquerito Julio Cancina le atajó un penal al Pelusa. Pero no fue el único de su equipo que falló, y los santiagueños dieron el batacazo.
“En la previa nadie confiaba en nosotros. Todos decían que los de Capital iban a ganar, eran favoritos. Y dimos el golpe. Es un orgullo para mí haber jugado ese partido. Pero no fue la final, fue en semifinales. La final la jugamos ante Santa Fe. Pero ese partido lo festejamos como si ahí hubiésemos salido campeones. También recuerdo que Maradona, cuando terminó el partido, lloraba y lloraba. Con mi amigo, que estábamos todos los días juntos, fuimos a saludarlo y él, César Ganem, lo abrazó y le dijo: ‘No llores, vos vas a ser el mejor del mundo y vas a ganar muchas cosas más’. Un periodista lo escuchó y la anécdota se popularizó. En la foto de los festejos, nosotros dos no aparecemos. Estábamos con Maradona”, le narra a El Gráfico, desde Pinto, Mario Romano, hoy docente de una escuela rural santiagueña, que jugó aquel legendario partido de fútbol. “En el comedor, nos daban siempre naranja de postre. Me acuerdo de eso. Ese partido fue a la tarde, y al otro día a la mañana jugamos la final con Santa Fe. Pero todos nos hablaban del que le habíamos ganado a Capital, porque traían un récord de no sé cuántos partidos sin perder. Fue un partido muy lindo y muy tenso. Ellos tenían mucho la pelota, y nosotros hacíamos tres o cuatro toques, y al arco...”, rememora Romano.

El periodista que escuchó esa frase fue Jorge Omar Galliano Núñez, que con sus 17 años cubría el evento para LV26 radio Río Tercero. Aquel joven cronista, hoy un experimentado narrador de eventos locales y nacionales, rememora con firmeza: “Los Cebollitas de Buenos Aires alistaron ese día a Altamirano, Lucero, Magliolo, Domenech, Chammah, Márquez, Díaz, Dalla Buona, Duré, Maradona y Delgado”. Repite la formación casi de memoria. Y relata: “Todo el mundo cree que perdieron la final, y no. Fue la semifinal. El partido salió 2-2 y, por penales, ganaron los chicos de Pinto por 3-1. Cuando terminó, los nenes de Pinto festejaban. No lo podían creer. Y veo que Maradona, que era el que sobresalía, lloraba. Estaba cerca de donde yo estaba y veo que se le acerca un nene. ‘No llorés, vos vas a ser mejor que Pelé’, le dijo. Lo recuerdo bien claro, escuché cuando se lo dijo. Ese nene era César Ganem, que hoy es director del hospital de Pinto”.

DUDAS Y CERTEZAS

Pedro Marchetta narró en la edición de noviembre de El Gráfico: “A Diego lo conocí cuanto fue a jugar los Evita a Embalse. Yo tenía los hoteles 2, 4 y 7, y viene un amigo, el Cabezón Sala, y me dice: ‘Hay un negro que juega un 10, no sabés lo que es, andá a verlo’. Año 1973. Lleno de gente estaba, mamita querida lo que era Diego. Le dije al dueño de mi empresa: ‘Vos que tenés mucha plata, hay que comprar a este pibe’. Recuerdo haber ido a hablar con el padre, con don Diego, a ofrecerle 8 millones de pesos, pero quiso seguir en Argentinos porque ahí estaba Francis Cornejo’”. En su reciente libro El Negro, el ex técnico, que incluso dirigió al desaparecido club Santa Isabel de Embalse, agregó: “Al año siguiente vino y salió campeón (…) vos te parabas en el Polideportivo y donde veías una cancha rodeada de gente era porque ahí estaba Maradona (...) tenía todo lo que tiene que tener un jugador de fútbol: virtudes, impronta... ¡Un genio!”.


¿Al año siguiente volvió a Embalse? Esa es una gran nebulosa que hay en la historia sobre Maradona en las sierras cordobesas. En el libro Juegos Evita, de Guillermo Blanco, el periodista narra intimidades de la historia de Los Cebollitas de Argentinos Juniors y de Pinto, y de cómo Goyo Carrizo une a ambos equipos; pero también escribe que en 1974 Maradona obtuvo su primer título al vencer a Misiones en la final por 3-0 y que ese partido fue en el complejo que el año anterior habían perdido ante Santiago del Estero. Cuando Maradona visitó Río Tercero, en agosto de 2014, recordó: “Cuando me dijeron que mis vacaciones pasaban por Río Tercero, con mis 53 años, volví a tener 11, como cuando llegué a jugar a Embalse. En el primer año perdimos la final contra Santiago del Estero, pero al otro año volvimos y salimos campeones de los juegos Evita”. Incluso, Marchetta en su libro también habla del 74. Sin embargo, no hay registros en Embalse que certifiquen que Diego haya estado ese año por Calamuchita.
Estos vaivenes de recuerdos se dan porque la memoria es frágil e incluso ilusoria. El periodista riotercerense Jorge Omar Galliano, al igual que José Pérez, afirma que en 1974 Maradona fue campeón en la ciudad de Córdoba. Todos los testimonios recogidos para esta crónica hablan de 1973.

No obstante, en esas narraciones, se entremezclan algunas imágenes. Muchos dicen que vieron al Pelusa en el Polideportivo de Embalse, que es un complejo gigante cercano al lago, donde se han realizado múltiples eventos. Y estas célebres instalaciones se inauguraron... en 1974. ¿Confusión o realidad? Parte del mito de la visita de Diego a Embalse...

¿Y dónde se alojó Maradona? Esa es una pregunta que tampoco nadie puede responder. El parque estatal de Embalse tiene siete hoteles, y aunque este cronista preguntó a varias personas que trabajaron durante esa época y en la actualidad, no encontró certezas. Hay dudas sobre si se alojó en el Hotel 3 o en el 5. Y allí se abre una puerta increíble, ya que si fuera este último tendría un valor de mayor melancolía. El motivo es que el Hotel 5 está destruido. Ese edificio fue desmantelado en 1980 y quedó en estado de abandono. Una pena que los embalseños aún sienten, y por eso no quieren ni pensar que su visitante más ilustre se haya hospedado allí. Aunque las historias tomarían nuevos caminos.

El gorrito y el equipo de gimnasia, Diego no dejaba nada tirado.

Eduardo Luchini, jefe de atención al turista de la UTE, contó: “Maradona vino con Los Cebollitas al Torneo Evita. No fue en Río Tercero como él cuenta en su libro. Fue acá, en Embalse. Y los partidos se jugaron en la vieja cancha del Hotel 1, donde ahora hay una de rugby. Recuerdo que a todos nos recomendaban ir a ver un negrito que tenía la 10 de Argentinos Juniors y era una barbaridad. Me acuerdo del partido con los santiagueños. Justo ese año, 1973, empecé a trabajar acá, en los hoteles. Y estando en el Hotel 6, donde había como un gran depósito de elementos deportivos, conseguimos camisetas para los chicos santiagueños, que habían tenido un problema. Bueno, me acuerdo del partido, y si mi memoria no me falla, con Maradona jugaba Domenech. Los Cebollitas los tenían locos a los santiagueños, pero sobre el final, uno de ellos les clavó un zapatazo, creo que de mitad de cancha. Y se fueron a los penales, y les ganaron a los de Argentinos. Después salieron campeones. Pero ese negrito flaquito, que después fue Maradona, era tremendo. Mucha gente iba a ver al 10. Muchos aún dicen que lo vieron en el Polideportivo. Y no, fue en la cancha del Hotel 1, donde también había canchas de básquet, y ahora está todo destrozado. Había tribunas de madera. Mi viejo hacía el sonido del evento y después le dieron una medalla. No puedo recordar, pasó mucho tiempo, dónde se alojaron Los Cebollitas, si fue en Hotel 3 o en el 5...”.
Por su parte, una empleada del área de administración sostuvo: “Los papeles de esa época ya no están. No hay nada digitalizado. Se ha perdido. Dicen algunos que Maradona estuvo en el 5, pero hoy es incomprobable”.

Fines de 1973, Diego recién cumplía 13 años. Todos entienden que vieron a un niño que deslumbraba con la pelota... El verano en las sierras cordobesas estaba instalándose, el inminente genio del fútbol mundial todavía no era el eminente futbolista... Tres años después, un miércoles de octubre, frente a Talleres, un adolescente Maradona se presentaba ante el gran público. A partir de allí sus infinitas historias se hicieron conocidas; pero en Embalse expresan orgullosos las anécdotas del Diego desconocido. El aroma a peperina se mezcla con la nostalgia, y una pelota llega picando hasta el auto rojo de los dos visitantes frente a esos pinos, donde allá atrás el Pelusa hacía magia con la redonda.

El Diego de los Evita

Nota publicada en la edición de marzo de 2017 de El Gráfico


Fuente El Gráfico

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