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lunes, 30 de octubre de 2017

Volvió sin que la llamen


Por Ramiro Santinelli

Es la principal falencia de Independiente en este semestre. Un calvario que parecía haber desaparecido con el exitoso viaje al Paraguay. Claro, hablo de la ineficacia. Ésta volvió en la noche del domingo, sin que la esperemos, sin que la llamemos, y arruinó una semana que rozaba la perfección para quienes disfrutamos de este buen momento del Rojo. La pólvora estuvo más mojada que nunca.

El equipo atraviesa un momento en el que suele necesitar entre tres o cuatro chances de gol previas a mandarla adentro. Ante Patronato, la estadística se duplicó. Independiente tuvo un sin fin de oportunidades. Las desperdiciaron entre Fernández, Albertengo, Gigliotti, Benítez, incluso Silva y Franco, hasta el Torito Rodríguez. No fue una cuestión individual, el arco estuvo completamente cerrado para todo aquel de camiseta blanca. Tal es así, que se necesitó un error grosero como fue el de Bértoli, para igualar el marcador. Lo curioso es que la ecuación es la inversa en el arco propio. Con poco, casi que con nada, al Rojo le convierten. Independiente necesita mucho más mérito que sus rivales para meter un gol.

En el desarrollo del juego, fundamentalmente en el primer tiempo, el equipo se llevó por delante a Patronato. Le ganó en intensidad y fuerza y, con más verticalidad que tenencia, género numerosas jugadas que terminaron en remates defectuosos. Fórmula que no se repitió en el segundo tiempo. Con el resultado a favor, el contrincante se cerró y al Rojo le costó romper ese bloque defensivo. En ese momento, el arma más utilizada fueron los centros desde los últimos cuartos de la cancha. Vía por la cual también tuvo varias chances de marcar.

El mejor de la cancha fue Jonás Gutiérrez. El Galgo se hizo amo y señor del equipo en el complemento. Agarró la pelota, la manejó y la cuidó. Su potencia física le permitió, además, recuperar muchas veces en media cancha. La cuestión es que eso lo hizo jugando en el mediocampo, cerca de Rodríguez, en la posición que -a mi criterio- más tiene para dar. El primer tiempo ocupó la banda derecha de la defensa y, si bien ha rendido, no le alcanza para suplantar a Bustos. Cuando no juega el Tractor, Independiente lo extraña puesto que pierde mucha profundidad y desborde por ese lateral.

Fue una pena el resultado final del partido. Sobre todo porque los hinchas fuimos al Libertadores de América a vivir en carne propia algo de lo que vimos televisado cuando el Rojo bailó a Nacional. Y, si bien no se jugó mal, la ineficacia complicó las cosas. El jueves tendremos otra oportunidad, cuando el Rojo dispute la vuelta ante el conjunto paraguayo. Lo hará con un colchón importante propiciado por la goleada de la ida y sabiendo quién puede ser su rival en una potencial semifinal. Y sí, espero que sean los vecinos.



Fuente De la Cuna al Infierno

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