Por Juan Pablo Varsky
Foto Aníbal Greco
SEATTLE, Estados Unidos.
-Señores, gracias por venir. Como
ustedes ven, convoqué a referencias de la medicina deportiva en todas sus
especialidades. Algunos son médicos reconocidos. Otros aportan desde la
nutrición hasta la psicología, pasando por kinesiología, fisiología,
fisioterapia, osteopatía. Entiendan la amplitud de este consejo. El tema nos
preocupa y hasta la homeopatía tiene su representante. Sí, también hay un
chamán. Por favor, dejen sus recelos afuera. Los necesitamos a todos para
entender y solucionar este caso.
Angel Di María es uno de los mejores futbolistas del
seleccionado argentino. Paquete completo. Puede jugar de wing o de
mediocampista. No tiene problemas de perfil. Se esfuerza en el retroceso
defensivo. Crea oportunidades desde la habilidad y la velocidad. Su pegada
también ayuda a marcar goles como el de Otamendi ante Panamá. En el último
toque, resuelve mejor con el instinto que con la razón. Cuando tiene una sola
opción en el menú, mata. Cuando tiene varias, duda y pierde. Su trayectoria en
clubes fue impecable. Sólo desentonó en Manchester United. Nunca se pudo
acostumbrar ni a la ciudad, ni al equipo, ni al DT Van Gaal. Duró un año allí.
El resto lo vio brillar. Rosario Central, Benfica, PSG y, sobre todo Real
Madrid, disfrutaron de su mejor versión. Fue la figura de la final de la
Champions League en 2014. Campeón mundial juvenil en Canadá 2007 y olímpico en
Pekín 2008, la selección mayor lo llama regularmente desde hace ocho años.
El primero fue Basile. Maradona confió en él. El futbolista
transformó ese apoyo en juego y se convirtió en indiscutido. "A Di María
no lo querían, eh", es una frase de Diego modelo 2010. Desde allí en
adelante, ha sido política de Estado con todos los entrenadores. Nominado y
titular siempre. Señores, tenemos un problema. Por eso estamos aquí reunidos.
Di María se lesionó consecutivamente en los últimos tres torneos importantes
con la selección. No sólo eso. Sus problemas musculares llegaron siempre en el
partido posterior a una actuación con goles suyos. Siempre en el primer tiempo
y nunca en el mismo músculo. En Brasil 2014, marcó el 1-0 en octavos de final
ante Suiza. El gol más gritado por los argentinos en la Copa. Minuto 117, pase
de Messi, que siempre lo encuentra al espacio. Definió entrando por la derecha.
Se desgarró el recto anterior derecho en los cuartos contra Bélgica, pateando
al arco tras otra habilitación de Leo. No volvió a jugar en el Mundial. En
Chile 2015, anotó un doblete en la semifinal de la Copa América ante Paraguay.
Fue goleada 6 a 1 y la rompió como mediocampista izquierdo. Se desgarró el
isquiotibial derecho en la final contra Chile tras una larga carrera con la
pelota. En Estados Unidos 2016, abrió la victoria 2-1 ante Chile con un zurdazo
entrando por la izquierda. Emocionó con la dedicatoria a su abuela
recientemente fallecida. Al partido siguiente ante Panama, sintió un pinchazo
en el aductor derecho. El desgarro lo deja afuera de la copa, con la posible
excepción de la final.
Cuando algo se repite con frecuencia, podemos hablar de
cualquier cosa menos de azar. La proporción de lesiones con la selección supera
largamente a la de los clubes. ¿Por qué se lastima tan seguido? ¿Por qué
siempre después de una alegría y en los primeros tiempos del partido siguiente?
¿Hay un motivo emocional? ¿Cuánto influye su manera de jugar, con arranques y
frenos constantes? ¿Y su frágil contextura, que le mereció el apodo de Fideo?
¿Y que los torneos de seleccionados se disputen al final de la temporada tras
sesenta partidos en el físico? En las eliminatorias, durante el año, no
registró problemas. El asunto Di María nos preocupa. El equipo lo necesita sano
para una competición entera. ¿Podrán encontrar diagnóstico y solución? Hagan su
trabajo, señores. Tienen tiempo hasta Rusia 2018. Desde ya, muchas gracias.
Fuente Cancha Llena

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