La vida después de la FIFA: "Debí renunciar después del
Mundial de Brasil 2014"
El suizo asegura que estaba dispuesto a irse de la FIFA,
pero que la decisión de Platini de no postularse lo llevó a seguir en el cargo
Por Sebastián Fest
Foto: LA NACION / Valentino di Domenico
-¿Cómo es un día de Blatter hoy? ¿Qué dejó de hacer y qué
hace que antes no hacía?
-Ya no me siento en la silla de presidente en la FIFA, pero
trabajo. No puedo parar, mi carácter no lo permite. Ahora me estoy ocupando de
preparar mi defensa ante la Corte Arbitral del Deporte (CAS). Y en estos días
llegó otra ola desde la FIFA que tenemos que analizar. Lo mío no es sólo el
deporte, me piden como conferencista, en universidades, etc. Y estoy trabajando
en un libro, un libro profundo.
-Usted se fue, pero los escándalos siguen. ¿Por qué? Se
suponía que sin Blatter los escándalos se acababan.
-No quiero extenderme en alguien que como Infantino lleva
cien días en la presidencia, pero los escándalos siempre pueden estar, sólo hay
que buscarlos. El fútbol enloquece a la gente. No clínicamente, pero la gente
pierde el contacto con la realidad.
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-Lo acusan de haberse repartido bonos y comisiones con otros
dirigentes por 80 millones de dólares en cinco años.
-Ese comunicado de la FIFA, escrito por los estadounidenses,
es de la más baja estofa. Mis abogados dicen que todo lo que tiene que ver con
los bonos es correcto, porque fue aprobado por la comisión de finanzas (que
presidía Julio Grondona) y la de compensaciones (a cargo de Domenico Scala).
-¿Pero esa cifra millonaria es correcta?
-No, no es correcta. Y no puedo decir ahora cuál es la
cifra. Esto me pegó como un rayo, esto es algo que sencillamente no se hace. La
FIFA es una gran organización, no puede hacer algo así.
-Saber cuánto cobraba Blatter como presidente fue durante
años un gran secreto, luego se supo que rondaba los 3,6 millones de dólares.
Infantino, con menos atribuciones que usted, considera un insulto que se le
quiera pagar dos millones. ¿Lo entiende?
-Sin comentarios. Sin comentarios (y ríe)
-¿Hubiera derrotado a Infantino de haberse postulado en
febrero?
-No necesitaba ser candidato, yo era el presidente. Y lo
sigo siendo.
-¿Usted sigue siendo el presidente?
-Desde un punto de vista jurídico sigo siendo el presidente
de la FIFA, porque el congreso nunca revocó mi mandato.
-Eso es simbólico...
-¡Es más que simbólico! Porque los estatutos dicen que para
votar a un nuevo presidente hay que revocar el mandato del anterior. No lo dije
hasta ahora porque no quiero hacer un gran teatro.
-¿Piensa hacerlo valer?
-No, no... Ya está, eso es el pasado. Es sólo mi pequeña
compensación personal, saber que no me revocaron el mandato.
- Se nota que lo disfruta...
-Bueno, no voy a complicar las cosas, pero jurídicamente lo
soy.
-En mayo de 2015 lo votaron como presidente, y cuatro días
después puso el cargo a disposición. ¿Qué pasó en esos cuatro días?
-La presión de los estadounidenses fue enorme. Dieron una
conferencia de prensa en la que describieron a la FIFA como una organización
mafiosa a la que había que destruir. Era el FBI, el Departamento de Justicia.
Mis asesores me aconsejaron que hiciera algo relevante y decidí poner mi cargo
a disposición.
-¿Intentó contactar a Loretta Lynch o incluso al propio
Barack Obama?
-No, no. Intenté ponerme en contacto con las autoridades
suizas, y eso tampoco funcionó. Me dijeron simplemente que yo no estaba en la
lista.
-¿Se sintió solo?
-Me sentí muy solo. Muy.
-Mark Pieth, al que usted llevó para proponer reformas en la
FIFA, dijo recientemente que el presidente Infantino "es incluso peor que
Blatter"
-En realidad, Pieth es un hombre positivo, así que debe
haber querido decir que Infantino es algo menos bueno que yo (ríe).
-¿Tiene sentido un Mundial de 40 países como propone
Infantino?
-Con 32 países llegamos a todas las regiones del mundo, y es
una cifra que matemáticamente funciona y se puede jugar en un mes. Mantiene
además la calidad del Mundial. Creo que 32 equipos es la mejor fórmula.
-¿Es correcto decir que usted no quería el Mundial de 2022
en Qatar?
-Quería que el Mundial fuera a un país árabe, pero con la
constelación de entonces no era mi candidato número uno.
-En su momento admitió que adjudicar 2018 y 2022 en un mismo
día de 2010 fue un error
-No fue un error. Si hubiese salido que las dos grandes
potencias fueran sede del Mundial, Rusia y luego Estados Unidos, habríamos
tenido técnicamente y por el lado de marketing y TV tranquilidad por ocho años.
Si las dos grandes potencias, en vez de pelear, se daban la mano, eso hubiese
tenido un gran impacto.
-¿Por qué usted y la FIFA tardaron tanto en darse cuenta de
que es imposible jugar el Mundial en el verano qatarí?
-No es imposible, ahora se ve que sí se puede. Fue la
decisión de un grupo de 22 personas que en los últimos días se inclinó
repentinamente a favor de Qatar.
-Y en el 2000 usted quería que Sudáfrica fuera sede del
Mundial 2006, ¿correcto?
-Sí, es correcto.
-¿Y qué pasó con el neozelandés Dempsey, que debía votar y
no lo hizo?
-Se puso de pie y dijo "no sé cómo votar". Y se
fue. Y se lo agradezco, porque si no yo tenía que desempatar...
- ¡Pero eso no es normal! Un miembro de la FIFA no puede
irse cuando tiene que votar la sede de un Mundial...
-¿Y qué quiere qué haga si se va? Es la FIFA, no la Policía.
¿O acaso en la Argentina el voto es obligatorio?
-Sí, lo es.
-...
-¿No pudo disuadirlo, pedirle que no hiciera eso?
-No se puede, se levantó y se fue, no pude llamarlo para que
volviera. Él dijo que unos le decían que votase esto, otros lo otro. Y entonces
dijo good bye...
-¿Qué errores cometió usted en la FIFA?
-No se puede lamentar lo que se hizo, sólo lo que no se
hizo. Lo que debí haber hecho y no hice fue instaurar en 2011 los controles de
integridad de los miembros del comité ejecutivo. Eso sigue sin hacerse, pero
todos los que están ahora en la justicia estadounidense son por hechos ligados
al trabajo en sus confederaciones, no en la FIFA. Gente de Estados Unidos,
norteamericanos, sudamericanos. No hay europeos, asiáticos ni africanos. Yo no
podía votar a los miembros del comité ejecutivo, son las confederaciones las
que los designan. Y debí renunciar tras el Mundial de Brasil 2014. Pero
entonces apareció Platini diciendo que no sería candidato, y todos en la FIFA
me pidieron que me quedara.
Fuente Cancha Llena

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