Zielinski reclamó porque el árbitro, correctamente, hizo
repetir un penal por invasión y quedó en evidencia: no quiere un arbitraje
justo, sino uno que lo beneficie.
Por Isaias
Blaiotta
Un doce del nueve volvieron las noches de Copa al
Libertadores de América. Las increíbles noches de Copa. Y hubo mística con
condimentos para todos los gustos: de estar virtualmente eliminado en ese
microsegundo que tardó Cunha en cobrar la invasión de área en el primer penal
del Pulga al exorcismo de gritos, abrazos y cánticos cuando Campi le adivinó la
punta al de Simoca.
Y cuando creí que ya había visto todo durante los noventa y
picos minutos (que, por lo intenso, parecieron millones de horas de juego),
hubo algo que despertó aún más la atención: las declaraciones de Zielinski.
"No lo vi muchas veces. Seguramente habrá invasión como en todos pero no
lo hacen patear de vuelta. Sin palabras. No lo veo muy seguido. Nos toca a
nosotros, qué va a hacer". Quedó en evidencia que el Ruso no quiere un
arbitraje justo: quiere uno que lo beneficie. La pelota dio en la mano de
Sbuttoni en lugar de la de Moreira, pero eso le resulta una nimiedad. Y ni
hablar del penal del primer tiempo que no le sancionaron al Rojo cuando
tumbaron a Bustos.
Para la crítica hacia terceros debe haber un contexto y esta
vez Zielinski se equivocó. Al final, Benítez echó por tierra los fallos
arbitrales: ni había sido penal y fue invasión, por más que no se cobren
siempre y que el DT de Atlético patalee. El diablo es más veloz para los
pedidos e hizo justicia divina.
Fuente Olé


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