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domingo, 24 de septiembre de 2017

Independiente perdió ante Godoy Cruz y mantiene una deuda con la historia: lleva 47 años sin una victoria en Mendoza

A los 14 minutos del segundo tiempo, de penal, Santiago García anotó el gol del Tomba que definió el encuentro en Mendoza

Por Alejandro Casar González


El lamento de todo Independiente. Foto: FotoBAIRES

El 1-0 en contra que se llevó de Mendoza Independiente mantiene una deuda histórica: la última victoria oficial roja en la provincia ocurrió hace 47 años. Hay que remontarse al 2-0 del 2 de noviembre de 1969, cuando Héctor Casimiro Yazalde marcó los dos tantos para el conjunto de Avellaneda contra San Martín. Godoy Cruz, su rival de ayer, no sabe lo que se siente perder ante su gente frente a Independiente: de 11 partidos como locales, los cuyanos ganaron cinco y empataron seis.

El presente de Independiente no es tan alentador como lo era hasta hace unos meses. El penal convertido por el uruguayo Santiago García -ante un compatriota, Martín Campaña- provocó la peor sequía de puntos en la era Holan: nunca Independiente había perdido tres partidos seguidos en esta era. Sus verdugos fueron Lanús en el Libertadores de América, Atlético Tucumán por Copa Argentina y Godoy Cruz anoche. La única racha negativa del ciclo del ex entrenador de Defensa y Justicia había tenido entre el 18 de marzo y el 4 de abril, con tres empates consecutivos (0-0 con San Martín, 1-1 con Vélez y 0-0 con Alianza Lima, de Perú, por la Copa Sudamericana).

Independiente hizo ayer todos los deberes para llegar al gol. Elaboró las jugadas con triangulaciones, pases cortos y desmarques, pero le faltó profundidad. Careció de sorpresa, la que le aporta, por ejemplo, Fabricio Bustos (lesionado) en el lateral derecho. O el talento de Ezequiel Barco y la gambeta hiriente de Martín Benítez (ambos fueron suplentes). Agotados los caminos que llevaban a su 9 de área -primero Emmanuel Gigliotti, seco; después, Lucas Albertengo-, la alternativa era intentar desde fuera del área, con remates desde lejos. Y allí apareció otro uruguayo: Burián, el arquero de Godoy Cruz. Puso las manos ante un remate envenenado de Meza y, más tarde, ante un tiro a colocar de Diego Rodríguez. La escena se repitió en el segundo tiempo, y volvió a ganar Burián.


Holan movió el banco. Nunca se resignó a perder un partido que intentaba ganar. Loustau, el árbitro, vio un agarrón de Sánchez Miño a Báez en el área de Independiente y marcó penal. "Me agarra él primero y me deja fuera de la jugada", explicó luego Sánchez Miño. Ese tiro determinó el resultado.

Quedó tiempo para que Benítez demostrara que no puede ser suplente. Y para que Godoy Cruz cerrara filas alrededor de su arquero. Independiente jugaba contra el pasado, el presente y su rival. Entre sus enemigos, también, se contaba el reloj. Por suerte para los de Avellaneda, si sus futbolistas miraban a uno de los arcos encontraban fanáticos vestidos de rojo. Sí: en Mendoza hubo hinchas visitantes. Ciertos lujos que no pueden darse todos los equipos de la primera A.

Pero ni eso alcanzó para que a Independiente se le encendiera la lámpara. Aprendió de memoria el manual del fútbol prolijo, pero le falta pimienta. Los únicos que intentan algo distinto son Benítez y Barco. Si ambos empiezan como suplentes, como ayer, la historia se complica.

Independiente necesitará volver a tener la frescura que lo caracterizó hasta no hace mucho. Regenerar las baterías y recuperar esa energía positiva que parece haber perdido. No extravía el orden ni la disciplina táctica, pero sí carece de inventiva para descifrar los movimientos de una defensa hermética como la que le propuso Godoy Cruz, que desde que se puso en ventaja se vistió para el contragolpe, a la espera de que los Rojos, en su desesperación, cometieran errores. En el regreso a casa, Holan y sus ayudantes hablarán del futuro: cómo hacer que Independiente vuelva a ser aquel equipo que invitaba a la ilusión.



Fuente Cancha Llena

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