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jueves, 28 de septiembre de 2017

Opinión - Los espectadores - Por Gonzalo Barcena



Por Gonzalo Barcena

Hace ya un tiempo que mastico bronca, desilusión e impotencia en lo que refiere al Club Atlético Independiente. El martirio del descenso fue un verdadero disparo al corazón que dejó heridas que – tal vez – no sanen nunca más. Soy hincha de este club por un innumerable paquete de cuestiones, pero principalmente por dos cosas: la herencia familiar y por su idiosincrasia.

Ser de Independiente implica pensar de una forma independiente, y actuar en consecuencia. La realidad de nuestro club, y es una perogrullada, está muy lejos de ese pensar que motorizó al puñado de jóvenes que quiso tener su propio equipo, independencia. Veinticinco años de fracasos, alternados con leves sonrisas, marcan la nefasta “era moderna” que esta institución viene plasmando.

Pienso en los tres exponentes más claros. Ducatenzeiler y Comparada, dos grandes responsables de esta actualidad, como verdaderas navajas que desangraron al “Rojo”, haciendo de la estafa un arte. Por otro lado, el del disparo de muerte, Javier Cantero. Acá me queda algo que creo que es trascendental. El “post – canterismo” parece haber dejado un vacío político enorme, más que nada en los hinchas, en los socios. Político pensado como herramienta de transformación dentro del club. Como medio participativo.

Hoy, Independiente posee un restablecimiento institucional por una dirigencia que esperó el momento para dar su “golpe de efecto”, cuando estaba en jaque el ascenso, allá por el 2014. Gestión que apeló a su aparato gremial para respaldar muchas de las acciones que mejoraron la vida en sectores del club en donde había una oscuridad sin precedentes. Sin embargo, en materia futbolística sigue habiendo una deuda difícil de saldar. Cuatro técnicos han pasado desde entonces, quienes han conseguido – a duras penas – clasificaciones a la Copa Sudamericana. Para colmo, en Copa Argentina no se avanza más de cuartos de final y en los torneos locales apenas tibias ilusiones.

¿Y mientras tanto? Mientras tanto, estamos los que nos atribuimos esa especie de derecho imprescriptible que nos da el ser hinchas del club. Ese poder sentarnos en la silla que recibe la descarga y, que a su vez, tiene la “habilitación moral” de dar la crítica. Esos enamorados que aplaudimos a rabiar y puteamos hasta quedarnos afónicos al gran porcentaje de personajes que forman parte de la vida del club. Y quienes también tenemos una dicotomía que descansa en la angustia: ¿restablecerse económicamente o conseguir logros deportivos inmediatos? Ahora que recuerdo, esa discusión se vivió en la década del 2000.

Este año, apenas dentro de tres meses, habrá elecciones en Independiente. Y, lógicamente, hay gustos y afinidades políticas diversas. Sin embargo, lo cierto es que aún por confirmarse los candidatos del oficialismo, la realidad del club parece que se dirimirá entre los Moyano, una añeja Lista Roja que se encuentra deslegitimada, la esporádica aparición de Juventud Independiente, y Fernando Montenegro, encabezando a Puro Sentimiento Rojo sin haber logrado aún apoyos contundentes por parte del socio.

Pienso ¿Quiénes entran en tensión política en Independiente?, ¿cuáles son las caras de la oposición?, ¿qué propuestas reales hay?, ¿qué cambios o profundizaciones propone Agrupación Independiente en el club? En simultáneo, las disputas que se dan hoy dentro de la Comisión Directiva hacen que aún no haya información concreta respecto de las elecciones en el club.

Nadie negará que los hinchas hemos bancado promesas falsas, que nuestra paciencia ha llegado hasta límites insospechados. Sin embargo, si tenemos esa extraña potestad para hacer crítica a través del insulto y la degradación, tal vez estemos pasando por alto lo que constituye matricialmente a Independiente desde hace más de un siglo: la participación y la acción son claves para transformar.

Por eso estas líneas son para pensarnos y re – pensarnos como hinchas de este glorioso club ¿Qué rol estamos cumpliendo?, ¿se terminarían nuestras ambiciones si se consigue una gota en el desierto como ganar una copa?, ¿qué club se intenta construir?, ¿la discusión se termina en “el peso en AFA”?

¿Por qué se perdieron los espacios para discutir sobre la vida de Independiente?, ¿esta cuestión de la apolítica como bandera no nos estará tejiendo una relación superflua con el club? Ahí se me viene a la mente el aparato devorador en el que se convirtió el negocio del fútbol hoy en día, en el que las disputas de poder se dan en estratos de elite, donde la rosca mediática marca el ritmo, y en que quizás mi añoranza por esa idiosincrasia del “Rojo” sea linda sólo en los libros. Pero, al mismo tiempo, ¿por qué, en un contexto similar, el hincha y socio de Newell’s pudo recuperar su club a través de la construcción colectiva? Es decir, no es imposible.

Se corren serios riesgos, alguno dirá que no es novedad, de quedar perpetuados a la merced de voluntades partidarias o políticas que nos lleven al precipicio o a la cresta de la ola en cortos lapsos de tiempo. El fútbol en Independiente tiene unos vaivenes que no hacen más que expresar todas las decisiones, acciones e inacciones que se suscitan (o no) en su mundo.

Sin ánimos de sentencia, y retomando discusiones que parecen tener mucho polvo encima, resultaría interesante que los hinchas y socios de Independiente volvamos a encontrarnos en espacios de debates políticos, constructores inapelables para la realidad de Independiente. El hecho de limitarnos a votar, y luego juzgar gestiones, nos está robando nuestro rol, que parece ser sólo de espectadores.



Fuente La Voz del Diablo

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