Sebastián Fest
Foto Archivo
¿Qué es tener personalidad? ¿Existe un medidor de tan
inasible cualidad? Si la altura mínima de la vara está situada en ganarle a
Inglaterra un partido irrepetible, entonces no tiene sentido ni comenzar a
plantearse el tema. Leo Messi podrá ganar la Copa América y el Mundial, pero
nunca será "como Diego".
Y no lo es, no lo va a ser, no debe serlo. En vez de mirar
al objeto de la frase, conviene enfocar a su autor: pensar que alguien que ganó
todo lo que ganó Messi, y, sobre todo, pensar que alguien que juega como juega
Messi no tiene personalidad es, para preguntarse por la personalidad del que
largó la frase.
También por la de los argentinos, porque muchísimos de ellos
firman la frase del 10. Si en los primeros tiempos de Maradona convenía
entender primero a la Argentina para comprender mejor al fascinante jugador, en
los últimos tiempos una certeza fue creciendo: lo casi imposible ahora es
entender a la Argentina si no se comprende antes el fenómeno maradoniano. A
unos cuantos les resulta incluso difícil discernir qué es más potente. El magma
de la argentinidad contiene kilos de Maradona y sólo gramos de Messi.
Con esa carga debe vivir un jugador que de adolescente
mostró el temple de un adulto. "No, yo quiero jugar para la selección
argentina", respondió cuando le ofrecieron la camiseta de España. El
jugador que frenó a Josep Guardiola ("Vos lo que tenés que hacer es poner
un equipo para ganar") y el que se le plantó desafiante a José Mourinho en
un muy caliente superclásico español.
El que partido tras partido repite la misma jugada sin que
nadie sea capaz de frenarlo. El que en Sudáfrica 2010 hizo todo lo que pudo
pese a la confusión del que lo dirigía, ése que en el cierre de su reciente
libro deja una pregunta: "¿Y después de Messi, qué?".
Es cierto: a Messi le costó un triunfo arengar a sus
compañeros en aquel Mundial, cuando Maradona lo situó como capitán ante Grecia.
Es cierto: juega mucho y habla poco; no se tatuó la imagen
del Ché Guevara, no se peleó con George W. Bush, no se abrazó con Hugo Chávez.
Y es cierto, también, que lo de ayer fue ver para creer:
Maradona confesándole a Pelé (¡a Pelé!) su frustración con Messi.
Algo sólo posible porque los compromisos comerciales hacen
milagros. Y los micrófonos abiertos, también.
Fuente Cancha Llena

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