Por Eduardo Verona
¿Cuál fue hasta el momento el logro más significativo de
Gerardo Martino como entrenador de la Selección nacional? Armar una línea de
fondo con capacidad para achicar los espacios, anticipar lejos y ganar en los
mano a mano. En tres cuartos y arriba, en cambio, todavía hay liviandades.
Falta elaboración y sobran apuros.
"Del medio para arriba ya está. Abajo es cuestión de
Sabella". Un día antes del 9 de junio de 2012 cuando Argentina derrotó a
Brasil 4-3 en New Jersey con 3 goles de Messi, Carlos Bilardo, por aquel
entonces una especie de manager y hombre de consulta de la Selección que muy
pocos consultaban, le adelantaba a Alejandro Sabella las prioridades del equipo.
En el fondo, Argentina contó aquella tarde con Zabaleta,
Federico Fernández, Garay y Clemente Rodríguez. El rendimiento fue claramente
deficitario, por no decir que la defensa fue un auténtico flan. Y la defensa la
terminó de encontrar Sabella durante el Mundial de Brasil, con Zabaleta, Garay,
Demichelis y Rojo.
A dos años del subcampeonato en Brasil 2014 y a un año de la
final perdida en la anterior Copa América ante Chile en definición por penales,
un Bilardo en versión libre, por estos tiempos podría suscribir un cambio en su
apreciación y sostener: "Del medio para atrás ya está. Arriba es cuestión
de Martino".
¿Qué cambió? Algunas características. Por ejemplo, aquella
Selección de Sabella llegó a Brasil 2014 con el cuadrado mágico que en plena competencia
se desvaneció en el aire: Messi, Agüero, Higuaín, Di María. El Kun Agüero e
Higuaín hicieron poco y nada, Di María se desgarró en cuartos en el primer
tiempo ante Bélgica y solo quedó Messi para inventar lo que en pocos partidos
(en especial en primera ronda ante Bosnia, Irán y Nigeria) inventó. La
Selección se afianzó y consolidó de mitad de campo hacia atrás. Arriba quedó
agarrada con alfileres.
Hoy la Selección parece transitar un camino similar al que
recorrió la Selección de Sabella desde cuartos de final en adelante. No porque
Gerardo Martino intente desarrollar una apuesta especulativa y conservadora.
Todo lo contrario. Pero las señales y los rendimientos que brindan los
jugadores muchas veces determinan los rumbos.
Quiere armar un equipo de ataque Martino con Messi
frecuentando los sectores de la cancha que él considere que tiene que
frecuentar. Pero con Messi incluido, a la Selección le viene costando demasiado
encontrar el desequilibrio ofensivo, la llegada clara en los últimos metros, el
gol en definitiva. En los 6 partidos de
eliminatorias para Rusia 2018 que jugó Argentina hasta el momento (los rivales
fueron Ecuador, Paraguay, Brasil, Colombia,
Chile y Bolivia), convirtió apenas 6 goles. Y le anotaron 4.
La mayor fortaleza de Argentina se enfocó en su línea de
fondo. Allí Martino metió mano directamente. Le hizo un lugar a Mercado como
lateral derecho, confirmó a Rojo como lateral izquierdo y le dio rodaje a una
pareja central made in Tata: Otamendi-Funes Mori. El resultado en el plano de
las producciones fue óptimo. Encontró la Selección un respaldo y una base
defensiva muy valiosa. Con Otamendi y Funes Mori achicando hacia adelante,
ganando en los anticipos y en los mano a mano y complementándose como lo que alguna
vez el Flaco Menotti supo definir como las pequeñas sociedades del fútbol.
No es menor el crecimiento de la Selección cuando tiene que
mirar su propio arco. Y más aún en un equipo comprometido en una búsqueda
ofensiva con 4,5 o 6 hombres lanzados en ataque. El fondo, más Mascherano y
Biglia (ahora ausente por lesión), banca con autoridad la apuesta colectiva que
pretende expresar el equipo.
Pero arriba, ya hace tiempo, está faltando una cuota más
importante de elaboración y distracción ofensiva para acceder a los espacios.
Apura las maniobras la Selección. Empieza a cien por hora y las quiere terminar
a la misma velocidad. Controla poco la pelota. Y suele provocar un partido de
ida y vuelta permanente. Casi de tránsito en el medio. Lo que aumenta los
riesgos incluso ante adversarios que, en apariencia, son inferiores.
Hasta el momento, a casi dos años de haber asumido Martino
al frente de la Selección, sugestivamente lo que más fortaleció fue el
funcionamiento de Argentina de la mitad de campo hacia atrás con jugadores
veloces, decididos y determinados para imponerse, sin necesidad de contar
siempre con superioridad numérica. ¿Por qué sugestivamente? Porque Martino no
estaba encuadrado en la línea de los entrenadores que resuelven problemas defensivos,
aunque en definitiva los problemas siempre son resueltos por las capacidades de
los jugadores y la estrategia de los técnicos.
La Selección está bien armada atrás. Ahora falta que
complete la obra arriba. Con Messi haciendo lo que tiene que hacer un jugador
de la dimensión de Messi: jugando donde lo necesita el equipo. Prestándole su
talento al equipo, como decía el técnico Rinus Michels que hacía Johan Cruyff
con Holanda.
Fuente Diario Popular




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