Ilustró rrrojo
Por Marcelo Larraquy
El Fútbol para Todos no logró revertir el desfasaje
económico-financiero. Las grietas de un sistema en el que todos dependen de la
“ayuda” de la AFA, cada vez más rica, para no ir a la quiebra.
“Los clubes de fútbol se dividen entre los que están mal y
los que están en vías de estar mal. Esto no tiene solución. Puede haber buenas
o malas gestiones, pero es cada vez más difícil obtener recursos para
administrar ... Esto quiebra”.
Es una falla del sistema. No tiene solución. Así justifican
los dirigentes del fútbol, con pedido de anonimato, el endeudamiento que ahoga
la economía de los clubes.
Independiente es el “caso testigo”. El equipo que hace 7
años vendió en 28 millones de dólares a Sergio “Kun” Agüero juega en el
Nacional B, no es seguro que pueda volver a Primera “A” y tiene un pasivo
cercano a los 450 millones de pesos.
¿En qué momento se jodió Independiente? ¿O cómo? Para un
dirigente del club, en diálogo off the record con Clarín, “desde 2005 se entró
en un laberinto económico financiero que comenzó con la convocatoria al
concurso de acreedores: entonces se debían $ 26 millones y se comenzó a
construir un estadio que, a priori, estaba presupuestado en US$ 10 millones.
Ahí empezó el desfasaje”.
El club luego vendió otros jugadores al exterior. Pensaron
que las ventas iban a continuar. Desde hace seis años ya no vendió más a nadie
a Europa. Ahora deben pagar 40 millones de intereses anuales y tiene pendiente
un préstamo bancario de 8 millones de dólares que se debe actualizar con el
dólar a 8. “Creo que por 10 años no deberíamos comprar ningún jugador.
Pero cómo se le explica eso a un hincha?”, se pregunta.
¿Cómo se producen los endeudamientos en los clubes? Las
variables coinciden: se manejan presupuestos de gastos que no son acordes a los
ingresos que generan. A esto se le suman deudas heredadas en dólares (que
siempre se imputan a la comisión directiva anterior), contrataciones impulsadas
por la “tentación deportiva” antes que por la planificación económica, el uso
anticipado del dinero de los derechos de TV, las dificultades para vender
jugadores al exterior, las caída en las recaudaciones, en los contratos de
sponsoreo (ver Ilustración arriba). Y las explicaciones siguen.
River Plate es otro de los “grandes” endeudados.
Con un pasivo de alrededor de 450 millones de pesos, y un
déficit operativo de 12 millones de pesos por mes, estuvo cerca de declararse en
“concurso de acreedores” el año pasado. La nueva comisión directiva asumió en
diciembre con una deuda urgente: “Teníamos 320 millones en cheques a pagar en
90 días, es decir, el dinero que percibiremos en los próximos 6 años del Fútbol
para Todos (FPT)”, explica el contador Andrés Ballota, tesorero de River, en
entrevista con Clarín. “Estamos tratando de cambiar el perfil de la deuda con
la creación de un fideicomiso destinado a pagar deuda, cambiar el corto plazo
por el largo plazo, y atacar el déficit operativo mensual. Ya lo bajamos de 12
millones a 6”, afirma.
River se pudo permitir un cambio rápido en los contratos de
sponsoreo. La publicidad de un banco en la camiseta pasó de 7 a 10,8 millones
de dólares por dos años; una gaseosa de US$ 2,5 a 5 millones; la estática
(carteles en el estadio) de US$ 700.000 a US$ a 1.700.000. Junto a Boca, es una
excepción. Tienen deudas altas, pero también patrimonio (pases de jugadores) y
una “marca” que les permite salir a buscar ingresos genuinos. Pero no escapa al
proceso de ajustes.
“River tenía 7 mil entradas por partido de clientelismo
político. La gente que te manguea un palco, un estacionamiento, y es la que más
lo puede pagar. Eso lo cortamos. Y también las tarjetas corporativas para
dirigentes. El fútbol, sin una planificación económica, es cada vez menos
viable”, dice Ballota.
El endeudamiento no se detuvo con la creación de Fútbol para
Todos (FPT) en agosto de 2009. Entonces el “rojo” no llegaba a 1.000 millones.
Ahora la deuda trepó a 2.500. Alrededor de un 150%. Un tercio de esa cifra
aumentó el último año.
El gobierno tampoco exigió “metas de saneamiento”, como
había prometido en 2009.
“¿FPT? Fantástico, dije yo. Más dinero, goles en directo.
Pero la realidad es que a los clubes cuanto más plata le das, peor es. Se
genera una inflación interna dentro del mercado del fútbol. La plata de la tele
es un barril sin fondo. No para el déficit operativo ...”, indica Daniel
Razzeto, ex presidente Quilmes y doctor en administración de empresas.
El pasivo de los clubes genera una ruleta de cheques y
contratos a plazos que están obligados a liquidarse en busca de efectivo. Es un
“día a día” abrumador. El déficit exige una financiación constante. Como muy
pocos clubes son sujetos de crédito, y los cheques de los clubes no encuentra
mercado, la mayoría depende del dinero que les adelante la AFA de la cuenta del
FPT o de los préstamos de la entidad, que asigna según la gracia que les
conceda su titular, Julio Grondona.
A partir de entonces, los clubes llevan los cheques de la
AFA o contratos de esponsorización a las “cuevas financieras” para liquidarlos,
a menudo en condiciones de usura.
“Los clubes ponemos todo; los contratos de los jugadores,
las actividades sociales, pagamos la seguridad ... la AFA juega sin arco. Nunca
podés enterarte de sus contratos, tiene una estructura de ingreso de primeras
marcas, todas multinacionales, pero los clubes no pueden ni preguntar a AFA.
Pero la AFA presta al que quiere. Ese es el poder de Grondona. Una AFA rica y
todos los clubes deficitarios”, afirma un directivo de un club, en conversación
en off the record porque “ningún club está en condiciones económicas de
sacarlos pies del plato”.
Pese a que la AFA es una federación de clubes, mantiene
sobre ellos una relación de poder: los mantiene subordinados por las
necesidades financieras. La AFA, en tanto, presenta en sus balances anuales un
constante superávit.
“Los presupuestos siempre fallan porque no se puede sostener
el índice de cobro de las cuotas sociales”, explica Sergio Ramos, titular a
cargo de Nueva Chicago, de la Primera “B”, que lleva varios años en concurso de
acreedores.
“Si el equipo anda bien, el socio paga. Si anda mal, las
cobranzas se estiran. Nosotros tenemos un poco más de la mitad de la masa
societaria con atraso de 4 ó 5 meses o más.
En la “B” no hay posibilidades de apostar a la venta de un
jugador, porque no hay recursos ni para comprar ni para vender. Acá el riesgo
es no cobrar”, dice Ramos.
El club vive una buena racha: va puntero cómodo en la
Primera “B” Metropolitana. Los triunfos acercan los sponsors. “En los últimos
cinco partidos canjeamos el traslado en micro del equipo -que nos costaba 2 mil
pesos cada uno- por dos carteles de publicidad en el estadio”.
Ramos cuenta historias de cheques que tratan de “aguantarse”
entre dirigentes o allegados para no recurrir a “cuevas financieras”, de
negociaciones de juicios con sentencia. El “patearlo para adelante” está
instalado en todas las economías de los clubes.
Sin embargo, hay gastos operativos difíciles de sostener
para la economía de un club de Primera B: la seguridad. “El operativo policial
cuesta 65 mil pesos por partido. A eso le tenés que sumar 20 mil pesos de
gastos de empleados para abrir la cancha. Son 85 mil -hace cuentas Ramos-. Dos
partidos, 170 mil pesos. Y el dinero mensual que recibimos del Fútbol para
Todos es 150 mil. Creo que hay muy pocos clubes de estas categoría que se
puedan sostener porque es difícil mantener un ingreso permanente y los gastos
van subiendo”.
Vélez Sarsfield pierde 300 mil pesos cada vez que abre el
estadio, ante la imposibilidad de generar ingresos por la tribuna visitante.
El club, con 40 mil socios y 850 empleados, incluyendo los
de la institución educativa, tiene un déficit mensual de alrededor de 3
millones por mes y un pasivo que llega a los 150 millones.
“Nosotros mantenemos la función social del club: tenemos 850
empleados, incluyendo la institución educativa, 20 actividades federadas ...
hay cuatro mil personas que usan el club el fin de semana. Esto genera un gasto
que sostenemos con dificultad”, indica Julio Baldomar, vicepresidente de Vélez.
En el club se dio la paradoja que debió ajustarse por la
espiral inflacionaria interna que generaban los títulos, que no se redituaban
de la misma forma en los ingresos. Son ciclos que debe ajustar su economía con
la venta de jugadores, porque tiene patrimonio propio -sus divisiones
inferiores- para efectuar los reemplazos.
Pero el mercado europeo se cayó en los últimos dos años y
ningún club vende jugadores. Vélez no fue la excepción. “Antes acumulábamos
déficit pero era programado; vendiendo un jugador, o dos o tres a menos valor,
lo compensábamos. Pero Europa no compra y ahora estamos obligados a salir a
vender en otras ligas. Pero nuestra deuda es manejable ...”, resume.
Razzetto cree que el Estado debería subvencionar los
impuestos a clubes con actividades sociales. “En realidad, debería supervisar
la plata que gira a las instituciones. En principio debiera ser la AFA el
órgano contralor que hiciera esa tarea”.
Nunca la hizo.
Fuente Clarín
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