No es fácil hacerse cargo del favoritismo, que encierra un
juego perverso: si Argentina gana, no hará otra cosa que su trabajo y cumplir
con su obligación; si pierde, es una catástrofe mayúscula.
Gerardo Martino quiere darle el título a Argentina después
de muchos años.
Por Leo Farinella
Argentina es el gran candidato a ganar esta Copa América
desde el día uno pero ahora todavía más, porque se fueron equipos importantes y
porque sacó claras diferencias contra todos sus rivales, con Messi a media
máquina.
No es fácil hacerse cargo del favoritismo, que encierra un
juego perverso: si Argentina gana, no hará otra cosa que su trabajo y cumplir
con su obligación; si pierde, es una catástrofe mayúscula. Es un poco así este
juego pero no queda otra. Por más que le intentemos meter grises, a partir de
ahora es a cara o cruz. Podemos buscarle atenuantes pero ni siquiera
pensándolo, haciendo el enorme esfuerzo de imaginarnos un hipotético mal sábado,
el dolor de la derrota se podrá disimular y seguramente tendrá graves
consecuencias.
Ahora, ¿tiene sentido ponerse a especular tanto? ¿No sería
mejor jugar tranquilos, tratar de ganar y nada más? Es imposible que todos
estos factores no juegue en la cabeza de este grupo de jugadores, con lo que
viene arrastrando en los últimos años, al punto de concluir en el discurso
unánime de la obligación de levantar esta Copa.
Argentina es claro favorito contra Venezuela. Deberá asumir
el control de la pelota y tener la suficiente dinámica para escapar del embudo
que van a proponer ellos, bien cerraditos y tratando de salir rápido de contra.
Para eso, sería bueno que el Tata pusiera más jugadores con desequilibrio en el
uno contra uno.
La batuta la llevarán Messi y Banega, cada uno con su
estilo, y el resto tiene que acompañar. Vamos a necesitar que se sume gente al
ataque porque desequilibrar en inferioridad numérica no es fácil, pero que se
sumen con criterio y preferentemente por sorpresa, habrá que jugar al vacío y
no a partir de la pelota.
Es un partido que hay que jugar bien con la pelota y muy
bien sin la pelota. Si nos quedamos quietos, si la esperamos al pie, le vamos a
dar tiempo al rival para no perder jamás el orden.
En fin. Palabras. Ansiedades. Explicaciones. Intenciones
futbolísticas. Muchas ideas, muchas especulaciones. Son 90 minutos para ganar,
con mucho para perder. Nada más ni nada menos que eso.
Somos más, sí, pero hoy es el día en el que hay que
demostrarlo. Muchas veces pasó en este tipo de partidos que no gana el mejor.
Necesitamos una actuación convincente de la Selección para espantar los
fantasmas.
Fuente Olé

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