Por Eduardo Verona
Se dramatizó el anuncio de Messi de no seguir jugando para
la Selección. Y se multiplicaron y se multiplicaran las voces de consejeros
profesionales e improvisados que le recomiendan tomar ciertas decisiones que
solo le competen a él. En estos casos y en tantos otros casos, vale recordar
aquella frase de Obdulio Varela: “Los de afuera son de palo”.
Lionel Messi anunció en New Jersey, después de la caída en
la final de la Copa América Centenario
frente a Chile, que se despedía de la Selección. ¿Qué hay que hacer en estos
casos? Muy simple: nada. Los que pretenden convertirse en consejeros
profesionales o improvisados de Messi, que hoy son millones, le recomiendan que
cambie de opinión, que lo piense bien, que reflexione, que no se puede ir así
nomás o que está bien que haya tomado esa decisión porque los argentinos son
resentidos, deshonestos, reaccionarios y desagradecidos.
En fin, abundan sugerencias de todo tipo. Cada uno cree
tener la fórmula exacta y precisa para comunicarle a Messi en las redes
sociales, en la prensa, en la TV, en la radio o en la esquina de cualquier
barrio porteño, de cualquier provincia o del suburbio, su idea sobre lo que
tendría que decir y hacer respecto a su futuro en la Selección nacional.
Mucho chamuyo. Demasiado. Son los viejos o nuevos exégetas
de Messi. Como en su momento los tenía Diego Maradona. Son los que quieren
hablar por él. Y decidir por él, aunque la realidad es que no deciden absolutamente
nada. Los periodistas más próximos o más lejanos a Messi tampoco deciden nada.
Como nunca lo hicieron con Maradona, aunque algunos se empeñen en colgarse
medallas.
Es la fantasía del cholulismo consagrado lo que prevalece
por estos tiempos de grandes exhibicionismos y exhibicionistas. Los deseos de
ayudar o colaborar no son solo deseos de ayudar ni de colaborar. Son deseos y
necesidades de estar ahí. De ser considerados. De ser mencionados. Aunque sea
como figuras decorativas que completen la escenografía.
Se reconocen siempre las buenas intenciones. Pero acá no
estamos en presencia de buenas, mediocres o malas intenciones. Es la búsqueda
perseverante de los otros de ser escuchados, como si Messi los precisara a
todos. Y Messi, como cualquiera en una situación compleja, lo que precisa es
ser especialmente sensible a su voz interior. Y no funcional a voces ajenas,
por más positivas y edulcoradas que sean.
Hay que dejar que Messi haga su duelo en paz. Un duelo
deportivo. Un duelo futbolístico. Y hasta quizás un duelo existencial. Que lo
tendrá que leer Messi para seguir haciendo una de las cosas que más le gusta
hacer, que es jugar al fútbol. Después si dentro de una semana, un mes, varios
meses o un par de años reconfirma o no su alejamiento o vínculo con la
Selección, se analizará esa circunstancia.
No es tan dramático ni perturbador que Messi haya anunciado
su alejamiento de la Selección. Ni tampoco que se alejen otros. Es una decisión
en la que no están en juego valores tan importantes como identidades,
nacionalismos o representaciones simbólicas intransferibles.
El fútbol de ayer y de hoy no admite tantas exageraciones en
nombre de grandilocuencias que no son tales. Messi necesita lo que necesitamos
todos en esos momentos en que estamos solos en la madrugada: estar tranquilo y
resolver tranquilo. Sin apuros. Sin urgencias. Sin presiones de ningún tipo. Y
sin el circo que no pocos quieren armar desde tribunas públicas buscando sacar
algún rédito insustancial.
A los 29 años, lo mejor es que se tome todo el tiempo que
considere que tiene que tomarse. Y haga las sumas y restas que por otra parte
ya hizo. Como decía el Negro Obdulio Varela, en aquel Maracanazo de 1950 cuando
Uruguay venció a Brasil en el Mundial: "Los de afuera son de
palo".
No es un consejo. Es una realidad que transmite la memoria
colectiva: Los de afuera son de palo.
Fuente Diario Popular
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