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miércoles, 17 de julio de 2019

Medio siglo de la Luna Roja

Colaboración de Diego Assale

El carnet de Armstrong.

A 50 años del primer alunizaje de la historia, revivimos la historia que vincula a Independiente con el Apolo XI y principalmente con Neil Armstrong.

¿El Rey de Copas también conquistó la Luna o fue sólo un mito?

El 20 de julio de 1969 el hombre llegó a la la Luna luego de un viaje que comenzó hace exactamente 50 años, el 16 de julio de aquel año. Mientras miles de millones de personas se reunían para presenciar uno de los momentos más importantes de la humanidad, Independiente tuvo un pequeño lugar de protagonismo en el evento que significó un antes y un después en el Siglo XX.

El Día del Amigo es, para los hinchas del Rojo, el día que lograron conquistar algo más que América, luego de haber cosechado hasta ese momento dos Copas Libertadores. La historia comenzó en la cabeza de Héctor Rodríguez, secretario de Cultura y Relaciones Públicas del club de aquella época, que quiso que los héroes del Apolo XI sean hinchas de Independiente.

Con la Embajada de los Estados Unidos mediante, el dirigente consiguió las fotos de los tres astronautas con escafandra y los convirtió en socios del Rojo.

La carta de Armstrong a Rodríguez e Independiente. Foto: Infierno Rojo.

Los carnets llegaron a las manos de Edwin Aldrin (socio 80.399), Neil Amstrong (socio 80.400) y Michael Collins (socio 80.401) y fue el segundo el que terminó siendo el primer hombre en pisar el satélite natural de la Tierra, quien agradeció personalmente con una carta a Rodríguez:

"En nombre de los miembros de Apolo XI, quiero agradecerle por la muy linda carta y por su consideración en enviarnos los tres banderines. Espero poder visitar Buenos Aires pronto y que las circunstancias me permitan aceptar su invitación para visitar su Club".

La recorrida por la Doble Visera no ocurrió, pero en noviembre de 1969, Armstrong y Collins llegaron al país como resultado de una gira y Héctor Rodríguez fue invitado a la recepción, donde Armstrong le reveló, con la traductora y el Embajador de los Estados Unidos de testigos, que llevó su banderín en el viaje a la Luna.

"Fue a manera de cábala, porque nosotros, antes del viaje, le habíamos expresado que ellos iban a realizar la hazaña más importante del siglo y eso lo había impactado", explicó el dirigente hace algunos años al sitio La Caldera del Diablo.

La contratapa de Olé cuando se cumplieron 30 años de alunizaje. Archivo.

La versión de los hechos es contada como una hazaña más por el fanático de Independiente, aunque los hinchas de otros clubes descreen completamente de la historia en la que el Rojo estuvo representado en aquel hecho histórico. Mito o realidad, la mitad de Avellaneda se infla el pecho y asegura que, en esos momentos dorados del club, el Rey de Copas también conquistó la Luna.


Fuente Olé

viernes, 2 de noviembre de 2018

Juega Independiente – Por Eduardo Sacheri


Colaboración de Diego Assale 


Eduardo Sacheri abrió el evento "Capitanes del Rey" y nos deleitó, como es costumbre, con su gran pluma.

Cuando yo era chico mi papá me llevó a la cancha a ver a Independiente. Y justo antes de que los equipos salieran al campo de juego me advirtió que mirara bien, porque los jugadores de mi club iban a hacer algo que los de ningún otro club hacían.

Y yo lo vi.

Los once jugadores de mi club caminaron sin apuro, en fila india, desde el túnel hasta la mitad de la cancha. Formaron. Se adelantó el capitán. Alzaron los brazos. Giraron 90 grados a la derecha. Después, 180 a la izquierda. Por último 90 grados más, de nuevo a la izquierda.

Mi viejo agregó: ese saludo lo inventó Independiente. No me acuerdo cómo salió ese partido. Ni siquiera me acuerdo del rival. Lo que sí me acuerdo es que yo sentí que éramos hinchas de un equipo distinto, especial, que tenía cosas que ningún otro tenía, que sabía cosas que los demás no sabían, que hacía cosas que los demás no hacían.

Han pasado muchos años desde esa noche lejana de los años 70 en que mi papá me llevó por primera vez a ver a Independiente. Y en esos muchos años nos pasaron muchas cosas. Es inevitable. Le sucede a las personas y le sucede a los clubes.

Cada cosa que nos pasa y cada cosa que hacemos entra en nuestra historia. Nos pone a prueba. Nuestra identidad no es otra cosa que el resultado de nuestras decisiones, de nuestros aciertos y nuestros errores. De lo que aprendemos de todas nuestras victorias y de cada una de nuestras derrotas.

Cada vez que nuestros jugadores caminan hacia el centro de la cancha, acunados en los aplausos de los nuestros,  o desafiados por los silbidos de los rivales, están dando un mensaje. No hace falta que griten, ni que hagan gestos. Alcanza con que caminen con la vista al frente, que se planten en hilera, que el capitán se adelante unos pasos y que alcen las manos bien limpias con las palmas bien abiertas.

Están avisando que va a jugar Independiente. Un club que se construyó con el esfuerzo de su gente. Un club que supo construir hazañas nunca repetidas. Un club que supo ponerse de pie después de golpes dolorosos. Un club que sabe que se puede ganar y que se puede perder, pero que sabe que siempre es mejor intentar triunfar con armas nobles.

Cada vez que nuestros capitanes se adelantan algunos pasos y alzan los brazos están diciendo algo. Algo que se dijo por primera vez en los años sesenta, cuando nuestros próceres de entonces iniciaban la edificación de una leyenda dispuesta a recorrer el continente. Cuando nuestros capitanes se adelantan y alzan los brazos están diciendo que acá está el Club Atlético Independiente. Que viene a regar el césped con su sacrificio y con su talento, con su honradez y con su gusto por el buen fútbol, con su compromiso, con su actitud y con su intensidad, con toda su historia de grandes jugadores a cuestas, y con todo su futuro por delante.

Se adelanta el capitán. Se adelanta la capitana. Veintidós brazos en alto. Veintidós manos limpias. Señoras y señores: juega Independiente, ni más ni menos. Juega Independiente.


Fuente C.A.I. Sitio Oficial

viernes, 2 de enero de 2015

Colaboraciones - Hoy Tito Rojo Silva - ¡Feliz 110 aniversario, mi querido Club Atlético Independiente!



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Por Tito “Rojo” Silva


¡Feliz 110 aniversario, mi querido Club Atlético Independiente!

Hago votos para que tu rica e inigualable historia, sólo interrumpida por una larga noche que duro 361 días, vuelva a contar con jugadores que integren equipos que merezcan como otrora la admiración y el aplauso de los hinchas amateurs (que en francés significa "amantes"); entre los que me cuento.


Digo esto y acuden a mi mente los recuerdos de tantas noches de Copa Libertadores, generalmente los miércoles, cuando allá por mis 17 años y los 15 de Huguito, tomábamos el micro hasta la estación del Roca; luego el tren hasta la estación de Avellaneda, y luego la caminata de veinte y pico de cuadras hasta el estadio; luego la cola para sacar la entrada; después las dos horas de partido, (que usualmente nos compensaba por el esfuerzo); después nuevamente la pateada hasta la estación, el viaje de una hora y media en un tren tan inhumano como infernal; después el micro, que a la una de la madrugada era tan inhallable como la Fuente de Juvencia, (rara vez tomábamos un taxi porque era prohibitivo para nuestros flacos bolsillos). 

Cuando por fin llegábamos a casa, alrededor de las dos de la madrugada, muertos de frío, pero con la sangre y el corazón a mil, poníamos el despertador que inexorablemente sonaría cuatro horas después, para ir ambos a trabajar.


Porque nosotros, como decenas de miles de hinchas del Rojo, NO ÉRAMOS HINCHAS PROFESIONALES. A nosotros nos costaba plata ir a ver a nuestro querido Independiente. Plata ganada con el esfuerzo de dos chicos que además estudiábamos para , entre otras cosas, aprender a meter una coma de vez en cuando y tener una gramática y sintaxis razonables, simple y llanamente para que a la hora de expresar nuestras ideas y sentimientos otras personas nos pudiesen entender.


Entiendo que es muy difícil que aquellos tiempos de hinchas románticos vuelvan, como es imposible que yo vuelva a tener diecisiete años, y volver a tener a mi lado a mi hermano para abrazarlo, como en aquellas memorables jornadas, ante un gol de Mario Rodriguez, de Luis Artime o de Norberto "Madera" Outes, o más recientemente del negrito Usuriaga o del Cuqui Silvera.


Repito: Sé que es muy difícil pero no imposible.


Tal vez cuando regresen los grandes equipos, que representen al club como su historia lo manda, entonces sí, volverán los hinchas genuinos de los colores, y no los hinchas de la hinchada. El vulgo es un Narciso viejo que se aplaude así mismo aplaudiendo las vulgaridades.


Fuente Tito "Rojo" Silva para este blog.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización de su autor

martes, 18 de noviembre de 2014

Colaboraciones - No hacía falta el partido de hoy para confirmarlo


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Por Tito Rojo Silva del staff de Independiente de Paladar Negro


No hacía falta el partido de hoy para confirmarlo: Independiente es un grande; pero no me refiero solamente al aspecto deportivo y a la estadística; no señor; Independiente es un grande en toda la línea, incluyendo lo moral. Lo ha demostrado cientos de veces. Lo último que recuerdo sucedió el 25 de Junio de 1995, a las 15 horas. Esa tarde enfrentaba a Gimnasia en el Bosque, cuando el local se jugaba el campeonato. Independiente iba de punto, solamente a cumplir . Gimnasia se iba a consagrar campeón por primera vez en su historia. Pero no. Javier Mazzoni se encargaría de que ésto no ocurriera. Independiente fue al frente, como a lo largo de su rica y fascinante historia. Esto que consigno va más allá de sus circunstanciales dirigentes, cuerpo técnico y jugadores. Éste es un mandato moral que viene desde el fondo de los tiempos. El triunfo de esta noche favorece a River y a Racing; ¡a Racing!, que hace algo más de un año entregaba desvergonzadamente el partido contra Quilmes, a la sazón rival directo de Independiente en la puja por no descender. Por suerte, la trayectoria de uno y otro demuestra definitivamente quién es quién. Nosotros no somos como ellos, a quienes el resentimiento por sentirse inferiores los ha hecho caer en lo más bajo.Los comprendo. Al fin y al cabo son seres humanos, con sus inocultables miserias. Pero esta lección moral , que el Rojo acaba de darle a nuestros indeseables vecinos, llena mi corazón, mucho más que los cuatro goles a Lanús.


Fuente este blog.  


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