La práctica de la Selección en Boston (Fernando de la Orden)
Por Walter Vargas
Y ya que ha llegado la hora de los pierde-paga, no está de
más recalcular el contexto, el objetivo primordial y los eventuales daños
colaterales. De todas las selecciones que habían llegado a esta Copa América,
no había una más favorita y a la vez más necesitada que la albiceleste. Huelga
abundar por qué, pero no huelga subrayar el debido respeto a las otras de mayor
porte, sobremanera a la de Chile, un rey vigente que atraviesa una etapa al
menos brumosa.
Por si la riqueza del plantel y la acumulación de hambre
fueran insuficientes, las señales sonríen, guiñan, invitan, y eso por los cucos
que ya han vuelto a casa y por razones propias. Sin ribetes de Dream Team,
admitido, pero con momentos, nombres y pinta de equipo llamado a quedarse con
el pozo acumulado. Se sabe de sobra y hasta se desliza o se dice con todas las
letras de forma pública.
Javier Mascherano, por ejemplo: si no es ahora, en
United States, ¿cuándo?
A falta de respuestas que llegarán en tiempo y en forma, se
vuelve oportuno poner la lupa en los principales obstáculos que deberá
atravesar la Selección y que exceden la valía de Venezuela, de Estados Unidos y
del eventual adversario en la final.
Uno, el más inmediato, el que deberá exorcizar a partir de
esta misma noche, reside en la típica piedra en el zapato de quien se sabe
superior, se enamora de esa certeza y desvaría que juega solo.
Y el otro es
tanto o más peligroso: el pánico escénico.
Mucho deberán trabajar el Tata
Martino y los futbolistas para tomar distancia del miedo a ganar.
Sí: del
enorme miedo que representan las sombras de los tropiezos de ayer y la cercanía
de una recompensa deseada con ardor.
Fuente Olé

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.