Argentina mutó en la zona neurológica, encontró estabilidad
con Mascherano - Biglia bien plantados en el círculo central y tuvo en Banega
al socio ideal de Leo, que diez metros más adelante se encarga de generar la
plusvalía.
Banega, principal socio de Messi en la victoria ante
Colombia. Biglia y Masche escoltan desde atrás.
Por Isaias Blaiotta
Hace algunos días, en las redes sociales comenzó a circular
una panorámica que buscaba explicar el por qué de la derrota ante Brasil. La
imagen era de rápido entendimiento: Messi, ubicado como volante derecho,
recibía la pelota mientras un óvalo rojo remarcaba la nula presencia de
compañeros para recibir en unos, aproximadamente, treinta metros a la redonda.
Traducido: un Messi lejos del arco de Brasil, controlado por siete futbolistas
locales y sin apoyo. Un retrato similar que al que apareció después de la final
ante Chile por la Copa América Centenario, donde una decena de camisetas rojas
perseguían a Leo, que trasladaba el balón sin algún receptor amigo cerca. En la
misma linea, un diario español se cuestionaba sobre el fenómeno Messi en
Argentina y reflexionaba. "Cuándo Argentina gana es gracias a Messi, pero
cuando pierde es culpa del resto".
La tapa fue Messi, la figura fue Messi, la Selección fue
Messi. Pero para que se luzca el Diez, atrás hay un detrás de escena que
alguien debe armar. Y no es pasar por alto la tarea sobresaliente del de
Barcelona. A modo de reflexión después de la goleada en Brasil, Dani Alves (que
algo conoce a Lionel) fue claro: "Messi solito no puede. Tienen que
acompañarlo. Tanto él como Neymar están para hacer la diferencia, no para hacer
todo". El latigillo 'en Brasil a Neymar lo acompañan, acá Messi juega
solo' salió como dardo desde la opinión pública contra el plantel argentino,
que ayer preparó el escenario para que se luzca su principal actor. Y más allá
del resultado final, hay números que lo compruebas: comparando los mapas de
calor de los últimos dos compromisos, el ingreso de Banega fue el principal
acierto de Bauza, más allá del oportunismo goleadore de Pratto.
Con Ever (al margen de por qué fue suplente en Brasil),
Messi jugó 15-20 metros más cerca de arco rival y, sobre todo, con mayor
tendencia a cerrarse, mientras que en Belo Horizonte apareció sólo por la banda
derecha y oscilando la raya del mediocampo para asociarse con Enzo Pérez, el
único jugador argentino que había entendido por dónde pasaba la clave del
partido. El caso del jugador del Inter no deja de ser llamativo: su principal
rótulo para salir del equipo fue la falta de regularidad, pero en 60 y pico de
minutos demostró que es imprescindible. En ese período, fue el jugador de la
cancha que más toques tuvo con el balón y el que más tiempo tuvo la pelota en
campo rival. El oxígeno y la pausa necesaria para que Messi no tenga que hacer
todo.
En igual medida, ni Biglia ni Mascherano son
desequilibrantes. Por el contrario, sus funciones dentro de este esquema es ser
equilibristas y acercarle la pelota al 10: allá, en Brasil, hubo solo dos pases
del de la Lazio para con Messi en campo rival, mientras que ayer fueron el
quíntuple. ¡Qué lástima que el análisis del día después pase por lo que dicen
los medios (de prensa) y no en lo que hacen los medios (de juego)! Que Bauza
armó un mediocampo anémico ante Brasil quedó en evidencia tanto por lo que no
hizo el equipo en Belo Horizonte como por lo que sí produjo en San Juan. Si
bien el nivel de Colombia estuvo lejos de ser una amenaza para la Selección, antes
del partido (y sobre todo por el cachetazo que veniamos de comernos ante
Brasil) era poco menos que la Holanda de Cruyff. Y Argentina lo anuló:
Mascherano estuvo enfocado plenamente en ocupar el hueco donde Pekerman imaginó
que James haría la diferencia (el Jefe encapsuló al del Real Madrid y le ganó
seis cruces) y se acomodó mejor que en el Mineirao, cuando tenía la misión de
asfixiar alto para evitar que los volantes creativos reciban libres además de
ser el encargado de darle salida limpia al equipo, pero no llegaba a hacer ni
una cosa ni otra. El resultado le da tiempo a Bauza para pensar cómo hará darle
más estabilidad al equipo y dejar que Messi se enfoque en ser desestabilice. Y,
quizás, ante Colombia reencontró la punta del ovillo.
Fuente Olé




No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.