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miércoles, 26 de diciembre de 2018

Medio partido




El equipo campeón de la Sudamericana ya se quedó sin una gran parte de su columna y puede seguir desmantelándose. Holan deberá afrontar el desafío de reinventarse.

Por Favio Verona

Hace 378 días, Río de Janeiro se tiñó de rojo. Sus doradas playas atestiguaron la reconciliación de Independiente con su historia. Y la grama del Maracaná fue la pantalla sobre la que el equipo de Ariel Holan proyectó una película con drama, lírica y final feliz. Lo cierto es que, en apenas un año, aquel conjunto que sacó a bailar a Flamengo ha dejado de existir. La columna vertebral del campeón de la Copa Sudamericana se desarticuló. Y con su desmantelamiento se fueron desarmando también las ilusiones y las grandes jugadas que ese equipo sabía construir.

En los próximos días, Maxi Meza firmará su contrato con Rayados de Monterrey. La venta será de 18.000.000 de dólares, pero el Rojo perderá a un engranaje fundamental. El técnico deberá apelar al ingenio para suplir la ausencia de otro jugador clave. Son cinco los que dieron la vuelta olímpica en Brasil y que se marcharon. El impacto de sus partidas sacudió la estructura porque todos ellos fueron piezas cruciales en la consagración: en la última línea ya no están Fernando Amorebieta ni Nicolás Tagliafico (Ajax), en el medio se marchó Diego Rodríguez Berrini (Tijuana), se fue el creativo Ezequiel Barco (Atlanta United) y tanto Emmanuel Gigliotti como Martín Campaña podrían marcharse, ya que ambos son pretendidos por Santos.

Holan deberá dejar de lado las nostalgias de lo que no se pudo conservar y tendrá que reinventar a Independiente de cara al 2019. Este año, los 18 millones de dólares que la dirigencia invirtió para traer 12 refuerzos no alcanzaron para maquillar la pérdida de futbolistas clave. El Rojo gastó mucho dinero, pero perdió juego porque los que se incorporaron aún no han estado a la altura de los que se fueron.

Gastón Silva y Juan Sánchez Miño no pudieron llenar el cráter que dejó Tagliafico en el lateral izquierdo. Además, nadie logró ocupar el rol de liderazgo que ejercía el ex capitán. Amorebieta, quien estuvo marginado durante los últimos seis meses y rescindirá su contrato, también fue un sostén fundamental para levantar la Copa. Con su partida a Estados Unidos, Barco le dejó a la tesorería 15 millones de dólares, pero el dinero no alcanzó para comprar a un jugador que reúna sus características: gambeta corta, cambio de ritmo, desequilibrio y verticalidad. Independiente tampoco se repuso a la partida de Rodríguez Berrini, quien a mediados de año se marchó a Tijuana a cambio de u$s 1.000.000, Su salida costó cara porque hasta ahora el chileno Francisco Silva no aportó lo que garantizaba el Torito: despliegue, capacidad para recuperar, cobertura de espacios y solidaridad para auxiliar a Nicolás Domingo en la contención.

Meza, un volante ofensivo que genera juego y construye, se irá a México y su salida supondrá la pérdida de otro valor de esos que no se reemplazan con billetera doméstica. Por su parte, Gigliotti fue sondeado por Santos, Vasco da Gama, Atlético Mineiro y Toluca. “Parece que quiere hacer una diferencia económica”, dijo Holan. Si se va, del campeón de la Sudamericana sólo quedarán algunos escombros. Y habrá que empezar a edificar un nuevo equipo sobre ellos.

Fuente Olé



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