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jueves, 26 de febrero de 2015

Osvaldo Ardizzone en el recuerdo




Periodista de raza


La Agencia La Oreja Que Piensa  publica uno de los últimos reportajes realizados al "viejo" Ardizzone, periodista de raza, de calle, de bohemia, para quien la palabra era el atrio de una verdad.

Don Osvaldo, una especie en extinción, que dejó una marca en muchos periodistas y en miles de lectores de su columna "El Hombre Común", editada por la revista deportiva Goles Match.

El reportaje fue publicado por la revista Yo fui testigo, en el año 1986.

-¿Qué era el club?

-El club era el producto del esfuerzo de los vecinos, de los individuos que vivían en ese barrio. Los sueños estaban transferidos y todo el entusiasmo puesto hacia eso, sin ninguna clase de especulación de tipo económico. Eran las camisetas tradicionales, como Boca, River, San Lorenzo, Independiente; que pertenecían uno a Avellaneda, otro a La Boca, otro a Boedo. En general, los clubes nacieron alrededor de un barrio o una parroquia, como en el caso de San Lorenzo, que nace por iniciativa de un cura que se llamaba Lorenzo Mazza, que pertenecía a una congregación católica. Crecen al amparo de un sentimiento, eran pobres, no eran clubes ricos. Se cobraba entrada, sí, era exigua, y además formaba parte de una distracción de fin de semana... Había pasiones encendidas, porque la camiseta tira... pero era un problema romántico más que un problema económico.

-¿Cómo nace el futbol profesional en la Argentina?

-Ya en el año treinta y dos se advierte que hay una clandestinidad en esa fachada de romanticismo. Hay cierta clandestinidad en los pagos. Hay jugadores que ya reciben retribución por jugar. A pesar que en ese tiempo eran todos trabajadores que, además, jugaban al futbol. El club les pagaba en "especies", como ser un trabajito en alguna repartición nacional, o en la empresa del presidente del club... y entonces cobraban sueldo, y algo más, por el día en que jugaban.

-¿No había "pases" ni "ventas" de jugadores?

-El primer pase fue el de un jugador llamado Carlos Peucelle, que jugaba en un club muy modesto, Deportivo Buenos Aires, que estaba en los confines de La Boca, la zona del puerto. Es transferido a River y lo pagan en diez mil pesos. De ahí le viene a River el mote de "los Millonarios". River sale de La Boca, que era su lugar de origen, (junto con Boca) y pasa a ser "los Millonarios". Se van a jugar a la avenida Alvear y Tagle, que era la parte rica, la parte en la que vivía el gringo que había evolucionado económicamente y ya tenía al hijo "doctor", con chapa en la puerta, chapa de bronce lustrada. Se establece como en todos lados: los de "arriba" y los de "abajo". Los de "abajo" terminaron siendo los proletarios, los de Boca, y se quedaron en el barrio, y los de River emigraron, como hicieron muchas familias del Sur, que se fueron a vivir al Norte y el Norte después se hizo elegante.

-¿Cómo nace el futbol-espectáculo de los años 60?

-En Boca estaba de presidente Alberto J. Armando, un individuo que no era del barrio, un cordobés que vino a Buenos Aires a tentar fortuna, como muchos provincianos -él era experto en automóviles- y llegó a tener una de las agencias de automóviles más poderosas de la firma Ford, en la avenida La Plata.

En River estaba Antonio Liberti, un individuo que había nacido en La Boca, que había sido distribuidor de gaseosas, cuando estaba Naranjin, sodas y bebidas sin alcohol. Entonces ambos resuelven, por ser presidentes de las instituciones más poderosas, que hay que hacer el "futbol-espectáculo", a la manera de los países europeos, como Italia por ejemplo, y comprar grandes figuras, es decir, poblar el equipo de nombres famosos, sin escatimar esfuerzos económicos, para que las canchas se llenen de futbol.

-¿Tiene éxito el futbol-espectáculo?

-No, porque al final es un fiasco. No logran los espectáculos que ellos se habían propuesto en función de la calidad. Aquí los espectáculos más ricos en materia de futbol se dan por los años cuarenta, pero en el sesenta quieren resurgir con el futbol-espectáculo comprando figuras, pero ese fenómeno no se produce y, como consecuencia, las instituciones quedaron bastante afectadas económicamente por el exceso de gastos que no se recuperaron.

-¿Usted por qué cree que, de alguna manera, languidecía e futbol?

-No languidecía el futbol... Ellos decían que había un profesionalismo tibio, que no se manifestaba tal cual como ellos lo esperaban, y quisieron hacer el gran negocio del futbol contratando figuras.

-¿A quiénes trajeron en ese momento?

-Boca trajo a un peruano, trajo a un uruguayo, trajo brasileños. River también, pero además contrataron jugadores del mercado local... River trajo, por ejemplo, tres: dos brasileños y un uruguayo, que fueron un fiasco. Quisieron traer nombres para deslumbrar a la gente, pero no consiguieron el objetivo. Al contrario, gastaron mucho dinero y no pasó absolutamente nada. Pero no es que languidecía el futbol... ellos decían que el futbol había que hacerlo descaradamente, con un profesionalismo total.

-Pero dicen que hubo una disminución del treinta por ciento del público en las tribunas en ese momento

-Puede ser, pero en el sesenta lo que pasaba es que andaban mal los equipos, no tenían muchos atractivos.

-¿Usted cree que en futbol se reflejan las cosas que pasan en la sociedad?

-Yo creo que ninguna manifestación humana es ajena al contexto social. Acá tenemos, por ejemplo, al atletismo, que es el caso del deporte romántico por antonomasia; es el único deporte en el cual no hay lucro, uno de los pocos amateurismos que quedan. Los lanzadores de jabalinas, los maratonistas, por ejemplo, cada vez son menos... Creo que ya no queda nadie. ¿Por qué? Porque no se gana. La transformación de la sociedad no es ajena al futbol. Por ejemplo, en un país empobrecido como el nuestro difícilmente vaya mucha gente a presenciar los espectáculos. Primero, porque la cancha exige un gasto y, segundo, porque evidentemente hay un desánimo en el individuo para ir a ver una distracción de este tipo. Pienso que en un país que está bien económicamente se piensa distinto con respecto al deporte.

-Usted me decía que por el estado de ánimo de la gente se supone que no iría a la cancha y, en realidad, lo que sucede es que está yendo más que antes.

-Sí, la gente va en función del éxito deportivo, pero no va como antes. El ejemplo no es Boca-River. También hay que ver qué sucede cuando juegan los equipos chicos, y ahí va muy poca gente. Si Boca Juniors va a Entre Ríos, por tratarse de Boca, va el público para ver a las estrellas... y si va Maradona... Es eso lo que querían Armando y Liberti: Tener once Maradonas, tener elementos de atracción popular. El caso del futbol es que está empobrecido. Pero ocurre que la Argentina es un país muy futbolero, donde nacen muchos jugadores, naturalmente. Esto, últimamente, ya no está sucediendo porque la juventud actual no tiene ocio para ir al futbol, porque se tiene que dedicar muy tempranamente a las actividades laborales para poder subsistir, y porque si está esperanzada en ganar dinero con el futbol, va a tener que tener la suerte y la fortuna de ser un tipo privilegiado, que surja entre tanta competencia. Además, los clubes que tienen divisiones inferiores las utilizan solamente cuando están en la pobreza; apenas tienen un peso, compran figuras de afuera.

-Vimos que empezaron a surgir "barras bravas" conectadas con los clubes cuando empezó a perderse un poco el entusiasmo espontáneo de la gente del barrio que apoyaba al club.

-Lo natural es que donde entran los mercenarios se prostituye todo. La prueba está que ahora en Italia se descubre una especie de estafa, por partidos arreglados, por el asunto del PRODE (Pronósticos deportivos)... Es decir que no hay jugadores prostituidos, sino equipos enteros...Ya hay varios que están en capilla para ser sancionados por haber jugado, digamos, "a desgano". De manera que, cuando entra dinero, ese es el estímulo más grande, y el dinero puede acarrear todo tipo de desviaciones, de prostitución...

-Pizzutti, en una declaración a "Yo fui testigo", dijo que en el Mundial de Suecia, del año cincuenta y ocho, se habían dado cuenta los argentinos que el futbol que tenían no era competitivo a un nivel internacional.

-Sí. Nosotros teníamos un buen futbol. Pero en nuestro futbol, por el año cincuenta y ocho, no se tomaban recaudos en cuanto al cuidado del estado físico del jugador. Además faltaba competencia internacional, ya sea por la guerra o porque no estábamos asociados a la FIFA; habíamos perdido el contacto con el futbol de Europa. Es decir que fueron a Suecia gorditos... confiando en su habilidad natural, olvidándose que para poder prevalecer con esa habilidad también necesitaban el sustento paralelo de una aptitud física.

-¿Qué opina sobre las "barras bravas"?

-En cuanto a las barras bravas, no tengo ninguna duda que empiezan con el grueso de la hinchada, y luego son utilizadas por los dirigentes. Los dirigentes son los principales responsables de la existencia de las "barras bravas". Ocurre como ocurre en todos los terrenos cuando hay guardaespaldas: el guardaespaldas se convierte en el tirano del amo y el amo, al final, le tiene miedo al guardaespaldas. Eso lo dice la historia. Todos los guardaespaldas, al final, son los tipos que atemorizan y el amo no se los puede sacar nunca más de encima porque se convierte en cómplice, lo que le impide liberarse, está sometido, porque donde el otro habla lo puede chantajear. Acá hay una especie de chantaje. El tipo de la barra brava se convierte en el individuo que el dirigente necesita en épocas de elecciones, porque es el que influye en el electorado para que vote a determinada persona. Lo necesitan porque en las canchas custodia a los dirigentes y al equipo. Son "garde du corps". Eso no lo hacen gratis. Ni tampoco por la entrada... sino por dinero, asado, vino, etc., aparte de la entrada, el viaje... La prueba está que acá se cometió hasta el exceso de llevar la "barra brava" a México. Hubo miembros de una barra que vinieron a ver a Boca aquí y después volvieron a volar a México... Como uno que se llama el "Abuelo", que es el famosísimo jefe de la barra brava de Boca. Es decir que ahí tiene que haber dinero fuerte, porque evidentemente ese hombre tampoco trabaja... Fue a México a dirigir la barra brava, para pelearse con los ingleses, para alentar al equipo, para llevar banderas y para que en el Mundial estuviese la presencia argentina.

-¿Cuándo nacen las "barras bravas"?

-Nacen con el cambio de la sociedad. Antes era una barra puramente romántica, que iba a alentar al equipo, que se peleaba, como se peleaba cualquiera por una pasión. Luego viene la deformación, porque se hacen mercenarios... Y ahora es una industria. A tal punto que, muchas veces, prevalecen en las reuniones de Comisión Directiva... Porque aconsejan, sugieren jugadores, dirigentes, etc. Les tienen miedo y, entonces, hay que obedecer.

(Publicado en "Yo fui testigo", 1986)


Fuente La Oreja que piensa newsletter

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