Independiente, poder decir adiós es crecer
Por Rodrigo Tamagni
El "Rojo" puso primera, aunque por la velocidad
que mostró ante Estudiantes pareció arrancar en quinta. La transición para
aprender a jugar sin el máximo referente futbolístico llevará tiempo y es
lógico que al nuevo estilo que busca el técnico le falte pulirse bastante.
Habrá que aceptar la ida del '23'. Pero eso sí, que no se vaya Mancuello...
"Poder decir adiós es crecer". Jorge Almirón
debería imprimir cientos de carteles con esa frase y pegarla en el vestuario de
Independiente. Lavarle el bocho a sus futbolistas. Intentar que la relación
tras ser el propulsor del destierro de Daniel Montenegro, el último ídolo de
Independiente, no se resquebraje. No convertirse en el Robespierre de esta
revolución que pretende llevar adelante y terminar cortando cabezas sin sentido
alguno.
La ida del "Rolfi" quedó atrás. O, mejor dicho,
debe quedar en el pasado por más que a muchos nos duela y la razonemos como una
situación ilógica. Más aún viendo los nombres que permanecieron en el plantel,
que tenían boleto de salida mucho antes que el '23'. Aprender a soltar, diría
un psicólogo, pipa en mano.
Lamentos aparte, importancia simbólica a un costado, el
análisis sin Montenegro debe ser futbolístico. Y ante Estudiantes hubo muchas
situaciones emblemáticas, que dejaron en claro que al vértigo que propone el
entrenador aún le falta pulirse en profundidad para destacar sobre el resto.
Sin dudas, el plantel cuenta con nombres de pleno dinamismo y habrá que sacarle
el jugo. Pizzini, Pisano, Lucero, Riaño, ahora Albertengo. Son todos jugadores
que llevan en la sangre más velocidad que pausa. En el partido que pusimos
primera a la temporada, arrancamos en quinta. Ojo con fundir biela.
Contra el "Pincha", los tres extremos se hicieron
cargo de la pelota, pero son jóvenes y se notó a la hora de tomar decisiones:
verticales, con poca sensatez al momento de las resoluciones. ¿Les falta
condiciones para modificar este déficit que tuvieron? Para nada. Aunque sin la
mirada ajena puesta en el '23', ahora deberán tener al temperamento suficiente
para soportar los murmullos que, nos gusten o no, siempre se generan en cada
ataque. Además de convivir, aunque sea en el inicio del torneo, con el fantasma
de Rolfi.
¿Quién debe hacerse cargo de todo este combo de presiones y
toma de decisiones, para quitarle la intimidación a los pibes? Sin duda que
Mancuello. Si Independiente pretende pelear en los frentes que tenga durante
este torneo, no debe dejar ir al capitán. Agrandado como galleta en el agua, es
el propietario de todos los aplausos, como así también de las obligaciones de
cargarse el plantel al hombro. Empezó bien: marcándole la cancha al DT sobre
las formas en la decisión tomada con Daniel Gastón.
Fuente Play Fútbol

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