Foto: LA NACION
Cómo quedaste así, Independiente, sin aire y con una
rodilla en tierra.
Qué te hicieron para dejarte en llanto vivo, entre rabia y
tristeza.
No queda más que secarte el sudor de las manos con el mismo polvo,
como los antiguos gladiadores, y levantarte.
Las horas dirán si los últimos
pasos, ya tambaleantes, alcanzarán para salvarte del descenso. Eso sí, que no
te queden dudas: el exacto segundo final, el de la caída o el desahogo que
libera el nudo del pecho, tendrá que ser el primer cuadro de una vida nueva.
Será, al fin, la mejor justificación para tanta angustia.
Acaso la única.
La derrota con River por 2-1 dejó a Independiente con
un pie y medio en la B Nacional. Descenderá automáticamente si hoy Argentinos
derrota a San Lorenzo.
Lo hará en las fechas que restan si los Bichos y San
Martín, de San Juan, consiguen dos puntos.
De nada servirían, entonces,
eventuales victorias ante San Lorenzo, en Avellaneda, y ante Colón, en Santa
Fe.
El ánimo está devastado entre aquellos que todo lo tuvieron; entre los que
se entronizaron en América del Sur con siete Copas Libertadores y que ahora se
sienten en el peor momento.
En el medio están las consecuencias de una debacle
deportiva, económica e institucional. Cada porción influyó para que el gigante
quedara a un centímetro de la caída.
En la imagen del final aparecerán Miguel Brindisi -el
menos responsable-, que asumió de urgencia hace ocho partidos, y sus muchachos.
Saldrá el presidente Javier Cantero, que ganó un buen crédito por la lucha con
la barra brava -más allá de que llegó a cierto punto y se frenó-, pero cuyas
determinaciones futbolísticas no fueron las más atinadas en los momentos de verdadera
urgencia.
No figurarán como los únicos responsables porque la pendiente empezó
bastante antes y tiene tantos ítems que casi nadie los recordará por completo.
Hubo derroche en los tiempos de Julio Comparada, cuya
gestión terminó en diciembre de 2011, con una tesorería destrozada, según
denunciaron los opositores y con un estadio que, incluso ahora, sigue en
construcción.
La única conquista fue la Copa Sudamericana, a fines de 2010, con
Antonio Mohamed.
Ese trofeo que, para muchos, marcó el principio de todo el
sufrimiento que vendría.
Los Rojos les prestaron atención única al torneo
internacional y quedaron últimos -por segunda vez en la historia, tras el
Clausura 2002- en el Apertura de ese año.
El mismo Turco tuvo que irse después
de una derrota con Boca (0-1), en la que la barra brava le tocó la marcha
fúnebre en la antesala del vestuario del Libertadores de América. Así estaban
las cosas ya por entonces: bastante torcidas.
No habrá que saltearse que
Mohamed había llegado después del frustrado proyecto del manager César Luis
Menotti, de la no renovación del contrato de Américo Gallego, luego de dos
buenas campañas, y de la fugaz apuesta por Daniel Garnero como DT.
Comparada se la jugó por el aura ganador de Ramón Díaz,
que, vaya paradoja, en el torneo Final podrá ser campeón con River habiendo
participado en una de las campañas que podrían terminar con Independiente en el
descenso.
El riojano se movió entre vaivenes y, salvo por algún momento
esporádico, nunca se sintió a gusto.
Y la gente tampoco se identificó con él,
que compartió el último tramo de la presidencia de Comparada y la primera parte
del mandato de Cantero.
Siguió la caída y, tras cuatro derrotas seguidas en el
Clausura 2012, debió irse por la salida de emergencia. Es más, ayer hasta pareció
desentenderse de la situación. "Es un grande y es algo que les duele a
todos los hinchas, aun a los que no son del club. Les deseamos una pronta
recuperación y ojalá que pueda volver pronto", dijo Ramón, en la
conferencia de prensa en el Monumental.
Entre cuentas que no cerraban, ya en los promedios y en
las finanzas, con la imposibilidad de asegurarse la vuelta de Gallego, Cantero
confirmó a Cristian Díaz como entrenador.
El histórico triunfo por 5-4 ante
Boca, en la Bombonera, con tres goles de Ernesto Farías, fue el envión; al
final, otra ilusión óptica.
De a ratos pareció subestimarse una situación que
se perfilaba por el peor camino.
Independiente se sintió en verdadero riesgo en
la temporada 2012/13 y, entonces, por el clamor de la gente, y sin demasiadas
alternativas por delante, se contrató a Gallego, último técnico campeón de un
torneo local, el Apertura 02.
No hubo caso. El equipo se perdió en un estado de
nerviosismo general y ni siquiera con pilares como Cristian Tula, Claudio Morel
Rodríguez, Fabián Vargas y Daniel Montenegro pudo recomponerse.
Fue un breve
repaso, nomás, y se encontrarán más causas del agobio a cada paso. Algunos se
irán más atrás y, pese a que sus años no entran en la cuenta del promedio,
repartirán las culpas con Andrés Ducatenzeiler, que precedió a Comparada.
Independiente está como está porque los millones por
las ventas de Sergio Agüero (US$ 28.000.000), Oscar Ustari (US$ 8.000.000) y
Germán Denis (US$ 9.000.000), entre otros, se escurrieron entre sus dedos sin
un buen destino.
Se siente maltrecho por la cantidad de jugadores que se
contrataron y que no rindieron. Se revuelca de dolor porque hace rato que no
depende de sí mismo y porque los milagros se dan muy de vez en cuando.
Después de las lágrimas tendrás que resurgir,
Independiente, en primera o en la B Nacional, sobre tu grandeza y sin olvidarte
nunca de lo que te hicieron
Fuente Cancha Llena

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