El grito del Chelo Díaz explota junto con todo el Cilindro.
Pocos lo podían creer (Foto Juan Manuel Foglia).
Por Jorge Mario Trasmonte
Racing asumió las adversidades del clásico como un adulto
hecho y curtido. Independiente respondió con infantil ingenuidad.
Hasta nuestros bisnietos van a hablar del día en que Racing
le ganó a Independiente en el Cilindro con dos menos. Alguno, tal vez, se
acordará de que llegaba mejor Independiente, que venía de meter cinco y parecía
asimilar rápido el discurso de fútbol y garra del nuevo técnico. Y en la Acadé
todavía andaban tratando de descifrar cómo funcionar con tantos cambios, de
nombres, de puestos, de esquema, de un partido a otro y hasta en un mismo
partido.
Pero en el fútbol (que es un juego esto, ¿se acuerdan?) se
dan situaciones y los hombres reaccionan y responden con lo que tienen. Los de
Racing actuaron más como hombres hechos, maduros, curtidos, hasta más bichos
para ver los lados débiles del otro. Los de Independiente, además de no mostrar
ninguna virtud deportiva para aprovechar la ventaja de ¡dos jugadores más en la
cancha!, actuaron con ingenuidad, como recién caídos del nido, y fueron
haciendo todo lo que le convenía al rival disminuido, hasta licuar las
diferencias.
Cecilio Domínguez cae en la provocación de Javi García,
encima cobra, y se va expulsado (Foto Aejandra Sandez).
Si tenés dos más, los desparramás abriendo la cancha y jugás
“a los pases” (tenés que acertarles a los tuyos, nada más), el otro la pelota
ni la va a ver. Si intentás meterte entre tres contrarios, o tirás pelotazos
largos, o das los pases a dividir, ¡bingo para el rival! Con esa diferencia en
la cancha, es imposible que el rival te maneje la pelota o te llegue. ¡Y te
aprieta en el fondo y te hace un gol! Pero además, los jugadores del Rojo
cayeron, ingenuos, infantiles, en todas las provocaciones y, en vez de meter a
la Acadé dentro de su arco, iban a los tumultos, entraban en el jueguito.
Dirá la historia si este triunfo fue fundacional de un
Racing capaz de seguir escribiendo páginas doradas. Pero tenga o no ese efecto,
este día queda para siempre, cuando por creer y asumir como adulto las
adversidades achicó y ridiculizó al rival de toda la vida.
Fuente Olé



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