Independiente perdió contra la Academia en una de las más
históricas ediciones del Clásico de Avellaneda, sin lugar al margen para la
duda. En Infierno Rojo analizamos las claves del 1 a 0 final.
Las dos expulsiones: Si bien el juego quedó once contra
nueve recién en la segunda mitad, resulta sencillamente inevitable no comenzar
a analizar el partido desde este momento. Todo lo anterior estuvo absolutamente
de más. La primera clave del partido.
Rebeldía disipada: Cuando comienza el segundo tiempo, ya con
la segunda expulsión consumada, Independiente hizo revolcar dos veces a Javier
García, lo que nos hizo pensar que se iba a venir un empuje absoluto de parte
del Rojo. Nada de eso sucedió: el equipo se desvaneció rotundamente.
Malos cambios y mal mensaje: Sumado a que Independiente jugó
el partido respetando demasiado a un rival completamente roto, desde el banco
de suplentes jamás se procuró fomentar ir en búsqueda del triunfo: se mantuvo
la línea de cuatro, se hizo debutar un marcador de punta, se tardó demasiado en
poner a un conductor desequilibrante como Andrés Roa y se dejaron en cancha a
jugadores que eran totalmente intrascendentes. Todo mal.
El gol: Y sí, más cantado que tango de Gardel. La única que
tuvo el local, que jugó con un gran coraje, esfuerzo y entrega, la mandó a
guardar. Como debe ser.
El final 100% desnaturalizado: El final del partido fue una
locura. Algunos futbolistas de Independiente al borde del papelón, entrando en
conflictos vencidos por la impotencia de no saber ganar un partido que si lo
jugás diez veces más, lo ganás las diez veces. El árbitro contribuyó también,
permitiendo la gresca y haciendo jugar apenas dos minutos de los nueve
adicionados.
Fuente Infierno Rojo


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