Al entrenador del Rojo lo escoltan sus compañeros de ruta:
Monti, Manusovich, Romero y Peralta. Todos para uno.
Por Favio Verona
Olé te presenta al equipo de trabajo de Jorge Almirón.
“Somos como una familia”, coinciden los que se encargan de hacer el laburo que
las cámaras no ven.
Cómo les gustan las fotos a ustedes, eh! Ven una cámara y se
ponen adelante. Se nota que quieren figurar...”. Jorge Almirón tira el
cigarrillo al piso y se viste con su mejor sonrisa irónica antes de dispararles
la chicana a los integrantes de su cuerpo técnico. Las carcajadas retumban en
la entrada con estilo colonial del Club Hípico y de Pato Barracas al Sud, punto
de referencia de la clase acomodada de Avellaneda. Allí, en el enorme predio
situado enfrente del estadio del Rojo, el plantel suele reunirse para cumplir
con un rito inquebrantable: el asado semanal. Sólo en la intimidad, el Negro,
como lo apodan a Almirón aquéllos que tienen una relación más cercana, muestra
su verdadera cara. La que la gente no ve. La que él evita mostrar recluyéndose
en su seriedad perpetua. La de un tipo moldeado a imagen y semejanza de los
arrabales de San Miguel, afable, partidario de las bromas y la risa que brota
fácil.
Los bocinazos de los autos que transitan la calle Alsina y
los gritos de aprobación de los curiosos que desfilan con camisetas rojas por
la vereda, convocan a una certeza que en la cancha no se percibe. Son varios
los hinchas que apoyan al técnico aún después de las turbulencias que
sacudieron al plantel en el arranque de la pretemporada. A su derecha y a su
izquierda, Almirón está escoltado por aquéllos que realizan el trabajo
invisible en la construcción cotidiana del equipo. “Somos como una familia,
pasamos más tiempo juntos que en casa”, coinciden.
Horacio Monti es quien hoy hace revolcar a Diego Rodríguez,
Germán Montoya y Facundo Daffonchio. Se trata de un ex arquero oriundo de Cruz
Alta y surgido de Renato Cesarini, que tuvo fugaces pasos por Belgrano y
Central, donde forjó una amistad con el Pato Abbondanzieri. Conoció a Almirón
durante su extenso paso por el fútbol de México y allí se hicieron
inseparables. Sus ayudantes, Pablo Manusovich y Adrián Romero también integran
el grupo de trabajo que comenzó a armarse en el país azteca. Ambos lo
acompañaron en Defensa y Godoy Cruz. El entrenador les tiene una confianza
total a todos sus compañeros de ruta. Ninguno titubea a la hora de despachar a
los periodistas ávidos de información después de las prácticas a puertas
cerradas. Pero quien hoy genera más encono es Facundo Peralta, el preparador
físico que se encarga de hacer bailar a la tropa en las extenuantes jornadas de
triple turno.
Cuerpo a tierra.
Fuente Olé

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