Ilustró rrrojo
Lunes a la noche y cansado de ver llorar al cielo.
Pero agradecido a que a Córdoba ese llanto le apagó los
fuegos.
Y de tanto pedir, hasta les llegó no solo el agua.
También la nieve.
Tengo en mi vaso unos hielos que hago girar con un dedo, y
me imagino al Titanic y a sus evacuados entre ellos.
Veo un amor incompleto.
Una historia de mierda para los que queremos que siempre
triunfe el bueno.
Como nos enseñó el cine de yanquilandia.
Siempre triunfa el bien y flamea la de barras y estrellas.
Y mientras muestres eso, te rebajan impuestos.
Acá es otra cosa, desde el granero del mundo, que ahora no es más e importa
trigo, maíz y otra hierbas, te damos publicidad oficial y te salvás.
Aunque seas un inútil.
Solo debes ser lameculos. Obsecuente.
Y si “importás” yerbas o hierbas y derivados te salvás.
Para eso tenés fronteras "permeables" porque a los muchachos gendarmes los trajimos acá, para que extrañen, para que se pierdan, o para que encuentren un nuevo amor. Y haya más cornud@s.
La abstinencia es dura.
Boludeando por allí rescato esto que quiero compartir
contigo.
Que seguís mi blog, porque te informa, aunque me putees por
no pensar políticamente igual. Pero te sirvo. Te informo.
Y nunca podrás decir que te engañé.
Ni con todo el aparato oficial.
Usame. Te dejo. Hasta donde quiero.
Usame. Te dejo. Hasta donde quiero.
Y aquí va lo que te prometí:
Fábula de un Desengaño Más ( Dicen que “Todas son iguales” )
Por Sergio Maciel
Llega un “desengañado” al psicólogo para pedirle su opinión,
y le cuenta:
“Cuando me la presentaron, creí que era perfecta para mí. Me
deslumbró con su belleza y aunque yo bien sabía que existen muchas como ella,
vi en ella cualidades que la hacían única entre todas. Caí redondito en el
engaño, y en ese momento no pude siquiera imaginar que llegaría casi a dejarme
en la ruina. Ahora que lo pienso, no tomé el tiempo necesario para conocerla
bien, pero recuerdo que para estimular mi vanidad se puso un tatuaje con mi
nombre totalmente visible, y creo que demasiado pronto firmé nuestro
compromiso.
Ese fue mi peor error, aunque en ese momento pensé que era
la mejor decisión, pero me equivoqué. Claro, al principio me enorgullecía
muchísimo que me vieran con ella, por la gran belleza y clase que se le notaban
a primera vista; sentía que el sólo hecho de tenerla conmigo me ponía a otro
nivel respecto a los demás, porque aunque algunos otros también tenían la suya,
yo estaba seguro de que la mía era la mejor de todas, pues además, lo único que
me pedía una y otra vez era mi fidelidad. Y, ¿Cómo no le iba a querer ser fiel?
si ella me hacía sentir que lo podía tener todo, y hasta me llegó a decir que
con el tiempo se dedicaría a llenarme de un sinfín de recompensas como agradecimiento.
Pensé que así me demostraba cuánto le interesaba que yo fuera feliz, pero ahora
sé que sólo estaba haciéndome creer que le importaba.
La llevaba a todos lados conmigo, estaba tan cegado por lo
bien que me hacía sentir que no escatimé en pasearla por restaurantes, cines,
tiendas, y hasta la llevé conmigo de vacaciones; con ella parecía todo tan
sencillo que reconozco que no me detuve a pensar en las consecuencias de todo
lo que con ella estaba haciendo, aunque debo decir que ella tampoco me dijo a
tiempo que me detuviera, que ya era demasiado; y no tardé mucho tiempo en darme
cuenta de la razón, y la realidad es que sólo quería mi dinero.
Fábula de un desengaño más
Poco después de un mes después de haber estado juntos, fue
que inició el martirio; primero le comencé a dar el dinero de buen ánimo porque
me parecía que era lo justo debido a los compromisos que habíamos hecho juntos,
pero cada mes iba pidiendo más y sus peticiones mes con mes se fueron
convirtiendo en exigencias. Traté de manejar la situación pero lo que antes era
una relación ideal ahora sólo consistía en pedirle su comprensión ante sus
constantes reproches. Así, pidiéndole su consideración y que dejara de exigirme
hasta lo que no tenía, concedió en que cada mes le diera una cantidad mínima
con la que al menos ya no me molestaría tanto. Pero nuestra relación se deterioró
a tal extremo que cada vez que trataba de recurrir a ella sólo recibía
negativas, una y otra vez me repetía que ya no me creía, que había dejado de
considerarme confiable y que eso no iba a cambiar a menos de que le volviera a
cubrir todas sus expectativas como al principio. Para entonces, me deprimí y
hasta me sentía avergonzado de que los demás supieran cómo ella me tenía
prácticamente ahorcado, y todo por haberle creído tantas cosas buenas que
prometió cuando la conocí.
Un buen día analicé la situación y dándome cuenta que no
tenía por qué seguir soportándola, decidí qué hacer. Me dediqué a cumplir los
compromisos que teníamos pendientes olvidándome incluso de que todavía
estábamos juntos, ya no la llevaba conmigo porque no quise seguir fomentando
esa relación. Cuando todo estaba por quedar finiquitado, me armé de valor y le
dije que la iba a dejar. De manera extraña comenzó a pedirme que por favor no
lo hiciera, que todo podía volver a ser como antes y que le diera otra
oportunidad; pero mi decisión ya estaba tomada y solamente le expliqué que me
había parecido demasiado demandante para mí, reconocí que me equivoqué al
tomarla sin antes conocerla mejor y que nunca creí que el sólo hecho de tenerla
iba a costarme tan caro. Fue así como, al final de cuentas, logré separarme de
ella.”
-¿Qué opina de lo que me pasó Dr.?
El psicólogo lo mira fijamente y le dice: -Muy bien, señor
“desengañado”, creo que hizo usted bien. Y de su relato he podido anotar tres
conclusiones que con mucho gusto le voy a leer:
En cualquier
aspecto de la vida nunca es bueno actuar a puro sentimiento, hay que usar la
razón.
No se crea que
todas son iguales, sólo se trata de buscar bien a la que, en su caso, pueda ser
la más adecuada. No elija lo primero que encuentre en la calle, le agrade a la
vista y le prometa todo.
Por último y más
importante, la próxima vez que necesite llenar vacíos sentimentales busque el
afecto de una persona (familiar, amistad o pareja), No busque una ¡Tarjeta de
Crédito!”
Agradezco tu atención.
Ernesto Assale (rrrojo para los Amigos)
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