Por Cristian Fernández
Independiente cayó 2-1 ante River en el Monumental e
hipotecó su permanencia en la Primera División a que se mueran todos los
equipos que pelean con él.
Hubo algunos desmanes en la tribuna del Rojo pero el
encuentro se terminó.
Esta historia duele para siempre…
Miguel Angel Brindisi y el plantel del Rojo imaginaron
otra cosa. Aquellos hinchas que ilusionados agotaron todo al instante, también.
El mundo Independiente soñó con un triunfo y un par de milagros más que
decidieran esto hacia otro rumbo. Pero no se pudo. Es más, por momentos cierta
pasividad en ir a buscar el partido hizo recordar la tarde ante Belgrano, ante
Lanús y el primer tiempo ante Estudiantes.
La posesión era de Independiente, pero lejos del área
de Barovero. Recién a los 19 minutos llegó la gran situación para abrir el
marcador. Buena jugada por izquierda, sector preferido por el visitante para
intentar dañar a su rival durante todo el juego, la tomó Daniel Montenegro y le
puso la pelota en la cabeza a Hernán Fredes que con un gran movimiento llegó.
Sin embargo, su cabezazo débil cayó en las manos del uno de River.
O sea, como en muchos partidos. El Rojo contaba con la
chance de abrir el marcador y la dejaba pasar por fallas en la definición. Para
colmo, en la siguiente acción River pegó.
Lateral mal hecho, error de Fredes al
no controlar, tres rebotes imposibles de explicar ni comentar, el último de
ellos en Funes Mori se convirtió en asistencia para Iturbe que de derecha marcó
el 1-0.
Claramente habilitado e Independiente, condenado.
Fue un golpe duro para todos. Sin embargo, a los 27
minutos el Rojo fue a buscar el empate. Miranda de afuera lo pudo haber
encontrado. Su derechazo bombeado fue desviado al tiro de esquina por un
Barovero muy seguro.
Otra vez daba la sensación que a Independiente y a
Argentinos Juniors los rivales les jugaban distinto.
Cada contra de River parecía dañar, pero no prosperaba.
Funes Mori chocó en una doble consecutiva ante el Ruso Rodríguez.
Poco del
local en ataque, pero mucho en defensa y entrega.
Sobre el final del primer
tiempo fue el paraguayo Fernández el que con un zurdazo hizo levantar a todos.
Sin embargo, su remate se fue apenas desviado y la primera etapa se fue con el
1-0.
El complemento sorprendió a todos. Fredes, que no había
tenido un buen rendimiento seguía en cancha.
Trejo era el que no estaba y en su
lugar el insípido, frío y desganado Luciano Leguizamón.
Obviamente no hizo
nada. Todo mal. Sin compromiso. Un jugador que se tiene que ir.
El Rojo intentó. Buscó. Herido, golpeado.
El ataque necesitaba
un cambio de ritmo. En defensa lo único que se temía era la velocidad de
Iturbe, por su supremacía ante los centrales.
El Rolfi era el alma del equipo
visitante. Vargas era quien le hacía llegar la pelota al Diez. A Miranda le
costó. A Fernández le faltó.
En un centro corto de Villalba nació la contra del
segundo tanto. Un pelotazo que derivó en Iturbe que a pura velocidad dejó
atrás a Morel y ante la salida de Tula habilitó al medio y Lanzini sólo tuvo
que colocarla en un ángulo. Nada para hacer Ruso. 2-0 y a remarla mucho.
Entró Pizzini y Ferreyra. Fernández con bronca y Fredes
con dolor salieron. La realidad marcaba que todo estaba dicho.
En la tribuna
visitante comenzaban los desmanes. Volaban butacas y algunos pocos rompieron el
alambrado. Los demás, los que sentían en lo más profundo del alma esta
realidad, estaban sentados mirando la nada y con lágrimas en su rostro.
El equipo fue con lo poco que tenía. Herido en el alma.
Logró el descuento a los 44 minutos con un remate sensacional del Rolfi
Montenegro.
Muchos nos preguntamos por qué no pudo aparecer en esta forma
antes. Ya fue. La verdad que fue un golazo y mantuvo en vilo a todos.
Es que en
la última fue hasta el Ruso Rodríguez pero no se pudo dar.
Sólo dicen que un milagro… lo cierto es que estamos
heridos de muerte. Si toca caer, hay que reforzar las bases y volver a ser lo
que fuimos.
Hoy nos dieron de lleno y la historia tiene una grieta insalvable.
Fuente Infierno Rojo

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