El posible descenso del Club Independiente a la
divisional B de los campeonatos de Fútbol de la República Argentina, me ha
provocado una profunda decepción, y una gran tristeza.
Y muchos con razón
estarán pensando: “la misma que sintieron los hinchas de todos los equipos que
les tocó perder la categoría”.
Puede ser, pero a pesar de que existe una gran
cantidad de periodistas, jugadores, dirigentes, con la artera complicidad de
una “supuesta” imparcialidad, que no disimulan su deseo de que “El rojo”
descienda, seguramente impulsados por la gran envidia que despertó
Independiente a lo largo de los muchísimos años de ser el equipo más exitoso de
la Argentina, no habiendo sido el más populoso, este caso tiene ribetes
especiales.
Antes de seguir, quiero aclarar que desconozco
totalmente el sentimiento de aversión por la gente de Racing, dado que soy
nacido y criado en la ciudad de Mar del Plata, donde me enteré de su existencia
siendo ya grande.
Y quienes me conocen saben que mi aversión no es por ese equipo.
Es por uno que no respeta a ningún otro equipo, ni a ningún jugador que no haya
estado en sus filas y que es incapaz de reconocer que un adversario puede tener
mejor performance, que su propio cuadro. Además de haber accedido a la
categoría por invitación y no por haberlo ganado deportivamente.
La decepción es por haber visto a lo largo de los años,
a una Institución que fue señera en la actividad, llegar a esta instancia tan
lamentable.
Desde el principio siempre estuvo en los primeros
planos, alcanzando niveles superlativos en los 60s, 70s y 80s, representando al
Fútbol argentino en todo el mundo.
Confrontando y venciendo a los mejores
equipos de la historia, como el Santos de Pelé, el Real Madrid de Distéfano, el
Liverpool, el Ajax, la Juventus, etc.
Y promoviendo decenas y decenas de
futbolistas que triunfaron en todos los campos de juego del mundo.
No voy a repetir lo de las Copas, ni lo de “El rey de
Copas”, porque eso hiere la susceptibilidad de los que le disputan el liderazgo
en ese sentido.
Es más fácil recorrer un camino abierto, que abrirlo.
Pero eso no se valora.
Sólo les importa a los que lo vivieron, o a quienes les
enseñaron a respetar a los grandes.
Que Independiente pierda la categoría, a la par de ser
una inmensa alegría para los que lo desean, es una gran pérdida para la
comunidad futbolera porque representa la caída de un gigante, tan gigante que
hasta dio al Presidente del Fútbol Argentino, por su actuación como presidente
del club colocándolo en ese privilegio por un lapso de más de 30 años.
Qué lástima que la pequeñez de algunos ayude a
desprestigiar a un Club lleno de gloria, sólo por satisfacer sus
resentimientos.
Sólo “nosotros” tenemos la culpa de lo que nos pasa. Lo
triste es que alguien festeje que uno de sus mejores referentes a lo largo de
la historia, esté pasando por esta situación.
Sería casi como festejar que
Gardel se va quedando sin voz, o Fangio pierde la vista, o Borges está entrando
en coma.
Me duele que Independiente descienda pero más me duele
ver, que como país, no le tenemos respeto a nada, ni a nadie.
JUAN EDUARDO www.juaneduardo.com
Fuente La Visera

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