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lunes, 9 de abril de 2012

Colaboraciones - Drama Bostero en tres actos

Ilustró rrrojo

Colaboración enviada por Osvaldo Alberto Silva

Del Staff de Independiente de Paladar Negro blogspot 




DRAMA BOSTERO EN TRES ACTOS
                                

                    EXORDIO   


                ¡Qué alegría, hermanos, haberles roto el invicto en su propia cancha!
                Me puse a observar (en la repetición del partido, claro) a la hinchada bostera. Antes del comienzo del partido estaban exultantes, seguros y confiados en el poderoso presente de su equipo, que no había tomado un solo gol en contra en lo que iba del torneo, y que solamente había recibido seis tantos en el torneo anterior en el que se coronó campeón.
                Para enfrentar a su equipo venía nuestro Independiente, con cuatro derrotas consecutivas; un solo tanto a favor; y un presente indigno de su historia.
                ¿Cómo no confiar entonces, en un triunfo seguro, casi un trámite, que les permitiera seguir liderando el actual torneo?




                ACTO PRIMERO--- PERPLEJIDAD


                Sólo así se pueden explicar, luego de transcurridos apenas seis minutos de juego, esos semblantes pálidos y demudados de asombro; esas miradas buscando una explicación lógica; esas manos en la cabeza; y hasta algunos rostros con la mueca del llanto a punto de estallar, ante ese 0-2 que no estaba en el cálculo más pesimista de la mentalidad jactanciosa y soberbia de la parcialidad bostera.
                Luego, cuando habían transcurrido algunos minutos y se produce el 1-2, volvió el optimismo y la esperanza de que todo volvería pronto a la normalidad.
                Error: el cabezazo del Tecla clavando el 1-3, los devolvió de un sopapo a la realidad. ¿Qué está pasando?, se interrogaban con la mirada perdida; ¡No puede ser! ¿Qué les pasa a estos tipos de camiseta roja, que convirtieron un gol en mil partidos, y ahora nos hacen tres en poco más de treinta minutos?



                ACTO SEGUNDO---ÉXTASIS



            Cuando el Hombre de La Barra De Hielo, con la involuntaria ayuda del arquerito Rodriguez y de Ferreira, establece el 2-3, les volvió el alma al cuerpo; y el electrocardiograma imaginario les mostró que aún estaban vivos.
                 ¡Ni qué hablar cuando en el amanecer del segundo tiempo se ponen 3-3, y poco después pasan a ganar! Entonces sí. Toda la soberbia: los puños que se golpean el pecho y apuntan al cielo; el ¡ole! que lanzan cuando algunos jugadores auriazules hacen pases de tres metros para que transcurra el tiempo; el grito hiriente "el que no salta se va a la B", y "equipo chico la puta que te parió", que dirigen a los hinchas rojos de la bandeja superior; y el impresentable señor maduro, (por no decir viejo podrido), que les instruye a los alcanzapelotas que escondan los balones; demostrando con esa acción cuál de los dos conjuntos que estaban en la cancha, era el verdadero equipo chico.



               ACTO TERCERO---AGONÍA Y MUERTE



             Todo eso duró hasta el minuto 44, instante en el que los corazones bosteros reciben
 la penúltima de las estocadas: tiro libre casi frontal a favor del Rojo a unos 35 metros del arco de Orión, que no parece llevar demasiado riesgo. Ejecuta Ferreira al segundo palo, donde Tuzio (quien fue vituperado durante todo el partido por su pasado gallina), eleva sus 38 años y sus 80 kg, y la coloca de cabeza casi en la boca del arco; y allí Farías, ( de algo más de un metro setenta con toda la furia), incrusta con un cabezazo la pelota en el fondo de la valla, decretando el empate en 4; mandando a terapia intensiva y llamando a silencio al 85% del estadio.
                  Pero el drama aún no había concluido. Cinco minutos adicionados al tiempo reglamentario  Un siglo para mí, que dado nuestro presente, no veía tan malo el empate a instantes del final, ante el campeón en su propia cancha, y dejando a sus hinchas calentitos.
                 Cuatro minutos con cincuenta y cinco segundos de tiempo adicionado. Se aproxima el desenlace. Largo pelotazo sobre el lateral derecho del ataque Rojo, paralelo a la raya. A esa pelota acuden el rústico Schiavi y Farías. Pifia el defensor y queda desparramado, con su herradura derecha clavada en el verde césped. Y allí va el delantero, como un rayo, rumbo a las barbas de Orión, y en busca de un lugarcito en la historia de Independiente.
                 Cuando el arquero, devenido en locomotora, intenta evitar lo peor para él, para su equipo, y para su moribunda hinchada, Ernesto "Tecla" Farías le ofrece a la pelota el abrigo de su empeine derecho transformado en guante y la envía con una parábola perfecta a las profundidades del arco; agregando una nota más a la escala musical: Gol Mayor.
                 En medio del festejo loco de ese puñado de jugadores de remera roja, finaliza el histórico partido. David 5 Goliath 4. El que vino de punto terminó siendo banca, y le rompió el invicto al local por cuarta vez en veinte años.




                  EPÍLOGO


                  Allá arriba, unos miles de hinchas del Diablo desbordan felicidad, mientras en el resto del estadio llora el Mercosur.
                 Otra vez, como desde el fondo de los tiempos, hubo un freno Rojo para la soberbia boquense.
                 Se han cumplido las Escrituras y el Mandato Histórico.
                 Y eso está muy bien.



 
  TELÓN FINAL DE TERCIOPELO ROJO


  
Osvaldo Alberto Silva (Tito Rojo Silva)



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