Dueño de un estilo desfachatado, el jugador de Independiente
reconoce que no soñaba con lo que le está pasando y que sólo le alcanzaba con
“jugar en un césped que esté bien”
Por Rodrigo Tamagni
Barco posó para Infobae tras el entrenamiento con la Sub 20
(Agustin Marcarian)
Su 1,67 metros de altura lo hacen pasar desapercibido. Cara
avergonzada, merodea las cámaras de los periodistas un tanto obligado porque es
una de las atracciones de un equipo Sub 20 sin los históricos nombres
rutilantes a los que acostumbra antes de un Sudamericano como el que se avecina
en Ecuador.
Ezequiel Barco atiende a Infobae y cuenta sobre el
inesperado momento que le toca vivir, teniendo en cuenta que hace unos pocos meses
atrás se conformaba con un sueño mucho menor: "No creía que me iba a pasar
todo esto. Mi sueño cuando estaba en la Academia de Griffa era jugar en una
cancha profesional. Yo sabía que viniendo a un club de AFA iba a jugar en
canchas así y ya estaba contento con eso. Con el césped bien, ya me
conformaba".
Barco con la pelota dominada debajo de la suela, una postal
recurrente (Agustin Marcarian)
Gabriel Milito decidió tirar a la cancha en agosto del año
pasado en la derrota contra Defensa y Justicia que eliminó a Independiente de
la Copa Argentina a este pibe de 17 años. Su protagonismo creció notablemente a
punto tal de sumar 19 partidos en el semestre. "Lo tomo con tranquilidad,
sin ninguna presión. Sé que necesito hacer lo mejor para el equipo, para ayudar
a mis compañeros", explica sobre las obligaciones que comienzan a recaer
sobre su espalda.
El Turri, apodo que adoptó desde inicios del 2015 cuando
arribó a la pensión de Independiente, empieza a convivir con las tentaciones
que rodean al fútbol profesional. "Todos me hablan, me dicen que me cuide
mucho de ahora en adelante porque ya soy un jugador profesional. Yo le hago
caso a los más grandes", confiesa.
Barco será cordial a lo largo de la entrevista y por
momentos apresurará las palabras a medida que responde. Su timidez se palpa en
el aire y condice poco con el desfachatado espíritu que lo domina dentro del
campo de juego.
Aunque hay algo que sí coincide con su personalidad adentro
de la cancha. Es hombre de pocas palabras, como cuando las patadas en Primera
lo toman a la carrera y él opta por levantar la cabeza sin quejarse para seguir
jugando. "Cuando me pegan no digo nada porque no me gusta hablar ni discutir.
Me levanto y sigo jugando. Trato de seguir haciendo el bien para el
equipo", lo explica.
Ese adolescente que se esconde detrás de esta gran promesa
genera que los más grande lo apadrinen: "La mayoría de los chicos con
experiencia me cuentan anécdotas de jugadores que eran crack, pero por ahí
dejaron todo por una mina o por algo que pasó. Antes era distinto, no me
cuidaba en el tema comidas u otra cosa. Ahora me estoy cuidando con todo y me
está yendo bien".
Barco acaricia a su fiel compañera, la pelota (Agustin
Marcarian)
Oriundo de Villa Gobernador Galvez, Santa Fe, e hijo de un
padre fabricante de ollas y una madre que trabaja como empleada doméstica,
Ezequiel sueña con hacer historia. "Quiero salir campeón con
Independiente", advierte sin dudarlo.
Antes, claro está, tendrá una cita que podría cambiar su
carrera como pasó con otros futbolistas en el pasado: encabezará el plantel del
Sub 20 que buscará en el Sudamericano de Ecuador el pasaje al Mundial de la
categoría que se disputará en Corea del Sur en mayo de este año. "Siempre
quise estar acá con la Selección, no me lo pierdo por nada", asegura.
Del Barco alumno existen dos facetas: aquel inconstante con
los libros de la escuela y el aplicado que siguió al pie de la letra los
consejos de Gabriel Milito. "Gaby me enseñó muchas cosas, me dejó todo:
cómo perfilarme para ir para adelante, los desmarques o a picar en
profundidad", recita como si fuese una lección del colegio, un espacio que
cataloga como "importante" pero que reconoce que se le
"complica".
Marcó un sólo gol en Primera: ante Godoy Cruz (Télam)
Fuente Play Fútbol:




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