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Por Sergio Danishewsky
Holan, un hombre de la casa que navegará entre lo ideal y lo
posible
Socio vitalicio, el nuevo DT precisará de la paciencia del
hincha. Dependerá de un plantel al que no le sobra demasiado.
Hugo Moyano
Si no fuera porque su gestión es mirada de reojo por buena
parte de los hinchas, podría decirse que la decisión que acaba de tomar la
directiva de Independiente es de las más coherentes desde su llegada. Lo hayan
pensado o no, Ariel Holan reúne dos condiciones esenciales a esta altura de la
crisis: es hincha -socio vitalicio, además-, lo que no garantiza idoneidad pero
sí conocimiento de la tradición y el gusto del club. Y ostenta un ideario que
se acomoda a esa tradición bautizada alguna vez con cierta pompa como paladar
negro.
Pero el aparente acierto de la elección no disimula el
complicado cuadro de situación. La gestión Moyano tiene para mostrar el
comienzo de un acomodamiento institucional y el intento no del todo logrado de
emprolijar las cuentas, aunque hablando de fútbol el balance sigue en rojo. La
política de compras no ha rendido frutos -Tagliafico, Campaña, Cuesta y
seguramente Leandro Fernández asoman como únicas llegadas indiscutidas-,
mientras la “fabricación” de jugadores es deficitaria: sólo tres de quienes
alternan como titulares, Figal, Bustos y Barco, surgieron de una cantera que
apostó por Vivas después de la salida algo extraña de Griffa.
La suerte de Holan, de todos modos, dependerá de otros
factores. Si la época exige ganar siempre y lo antes posible, la tendencia se
hace explícita en un club que supo vivir de copas, con cuentas claras y protagonismo
permanente. El público rojo tiene una chance grande de ser actor principal de
otro modo, contando hasta diez antes de insultar y siendo realista antes de
exigir. Si repasara el plantel que lo representa advertiría que no es el del
Chelsea, pero si lo comparara con sus 29 competidores comprobaría que, salvo
cuatro o cinco, cambia figuritas con todos. Si Rigoni, Ortiz, Benítez o Meza
rindieron antes y ahora no, acaso algo tenga que ver la olla a presión en la
que se convierte el Libertadores. Después, estará en el DT no pedirle peras al
olmo. Ser audaz pero no suicida. Y salir del lugar común: ser protagonista, a
veces, deviene de conocer a fondo las propias virtudes y, sobre todo, las
propias limitaciones.
Fuente Clarín

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