Vicente Muglia vmuglia@ole.com.ar
Después de un domingo histórico, el Tecla cuenta que iba a
salir porque no venía bien y que la pelota autografiada del 5-4 es para su
hijo.
La intimidad de Farías, el héroe en La Boca.
No hizo un gol en la Bombonera, sino tres.
En el último,
para un 5-4 inolvidable e histórico, se la picó a Orion con una frialdad
asombrosa por ser el último minuto de descuento.
Fue tapa de todos los diarios.
El héroe de la fecha. El verdugo del invicto de Falcioni.
El dueño de miles de
aplausos de un lado y también de miles de insultos del otro... No pasaron 24
horas de una gesta épica, de una actuación que quedará en el recuerdo, y
Ernesto Farías habla en La Plata con Olé con la misma tranquilidad que tuvo
para definir el clásico del domingo.
Salvo el tiempo de descanso (se levantó
más tarde que lo habitual al tener el día libre), su hat-trick no alteró la
rutina.
Por la tarde fue a buscar a sus hijos Delfina y Juan Bautista al
colegio como si nada. No parece ser el mismo que la rompió contra Boca aunque
algunas señas particulares lo delatan. Ese ojo derecho en compota, producto de
un choque con Caruzzo en la jugada del 3-1 parcial, es una herida de guerra
bien visible. ¿Dolorosa? Parece que no tanto... “Si me dicen si firmo tener un
ojo morado en todos los partidos a cambio de hacer goles, lo hago, je. Total,
la hinchazón después se va”, asegura sin dudar.
-¿Ya caíste de lo que pasó el domingo?
-Sí... Bah, no sé.
Quizá, con los días, uno va a ir cayendo y dándose cuenta de lo importante que
fue el triunfo. Más que nada por cómo se dio el partido.
-¿Recordás haber jugado en un partido parecido?
-La verdad,
no. Con tantos goles creo que nunca. Sí de que un equipo fuera ganando 2-0 y
perder 3-2. Pero no tan cambiante.
-Imagino que soñabas con hacer un gol, pero no un hat-trick.
-Y, no. Siempre entro a la cancha con la ilusión de
convertir. Pero esto supera todo lo imaginado. Este partido no me lo olvidaré
jamás y quedará como algo especial en mi carrera.
-Lo bueno es que el golpe en el ojo no te impidió seguir en
la cancha.
-Sí, claro. Cuando choqué con Caruzzo, él se cortó y yo no.
Pero ya cuando volvía para la mitad de la cancha, después de festejar el gol,
me empezó a molestar. Con los minutos veía que se me iba hinchando alrededor
del ojo.
-¿Podías ver bien?
-Y... Más o menos. Me molestaba un poco
la visión, más que nada en el segundo tiempo. Iba a salir porque no veía bien,
estaba incómodo. Además, había recibido un golpe en el muslo. Pero por suerte
me quedé en la cancha y pudimos darlo vuelta al final.
-Quiere decir que la picaste en el último minuto del partido
sin ver al 100%. ¿No pensaste si estabas loco? -Je... Son decisiones que uno
toma en ese momento. Cuando vi el pase largo de Godoy, piqué porque en el fondo
me tenía fe para que la pelota me quedara a mí. Corrí con el último aliento que
me quedaba, porque habíamos hecho un gran desgaste en todo el partido. Por
suerte me quedó y pude convertir.
-¿Cuándo decidiste picársela a Orion?
-Cuando me quedó la
pelota y el arquero salió a achicarme, ahí decidí picarla. Vi que el césped
estaba mojado y que podía meterla así. Gracias a Dios entró...
-Sí, porque sino...
-Y... Si la atajaba Orion, los que me iban a putear no eran
los de Boca sino los de Independiente, je... Pero así es el fútbol.
-Entonces le tenés que agradecer a Pato Rodríguez que justo
se acalambró y Cristian Díaz lo puso a Parra por él en vez de sacarte a vos.
-¿Sí? ¿Me iba a sacar a mí? La verdad es que no sabía ni me
di cuenta.
-Cuando metiste el 4-4 a los 89’, al caminar hacia el medio
de la cancha se vio tu cara cuando miraste que el árbitro adicionaba cinco
minutos...
-Y... Lo que pasa es que acabábamos de empatar un partido
que nos habían dado vuelta y el empate, a esa altura, no era mal resultado.
Mirá lo cambiante que fue que antes del 5-4, Boca tuvo una clarita que no fue
gol por poco.
-La jugada del cuarto gol fue preparada durante la semana,
¿no?
-Sí, la habíamos ensayado con Cristian Díaz y con el Malevo como ejecutor.
Probamos de tirarla a un lado y al otro del área. Por suerte salió y fue un gol
importante porque habíamos sentido mucho el golpe del 4-3 de ellos.
-¿Estabas preocupado porque no la metías?
-No. Sé cómo es
esto. Sabía que el gol iba a llegar. Necesitaba que el equipo llegara más. Y
con Boca tuvimos la contundencia que nos estaba faltando. No estaba
desesperado. Además me tenía fe. Con Boca siempre me fue bien.
-¿Será por eso que te insultaron tanto?
-Y... Es parte del
folclore del fútbol. Yo jugué en River y me identifican con esa camiseta. Pero
jugando para Estudiantes también le hice goles.
-Seguramente tienen un gustito diferente.
-Sí, claro. Todos los goles que hago son especiales para mí,
pero la dimensión que tiene hacerle un gol a Boca es distinta. Ni hablar si se
da hacer tres, como me tocó el domingo a mí. Son partidos que se dan muy de vez
en cuando. Por eso hay que disfrutarlo.
-¿Cómo se hace para mantener esa actitud en los próximos
partidos?
-Hay que mentalizarse que este es el camino a seguir. Somos
conscientes de que sólo logramos tres puntos, más allá de todo lo que pasó en
el partido. Ojalá que este triunfo nos dé un envión importante en lo anímico.
Tenemos que seguir con esta entrega porque la verdad es que hasta ahora no
logramos nada. Tenemos que pensar en ganarle a Belgrano y seguir progresando.
-¿Así que te consiguieron la pelota del partido?
-Sí, el
presidente Cantero hizo la gestión y me la dio en el vestuario. La hice firmar
por todos mis compañeros y se la di a mi hijo, que las colecciona.
-¿Qué te dijeron tus hijos cuando te vieron?
-Delfina y Juan
Bautista, los más grandes, estaban muy contentos. Ellos sufren a la par de uno
y yo siento que cada cosa que hago es para ellos.
-¿Y del ojo morado?
-Ja... Sí, me preguntaron qué me había
pasado. Lo lindo es que me mimaron toda la noche.
Fuente Olé

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.