Se jugó mirando el arco de enfrente, como manda la historia del Rojo, por la que
Gabriel Milito vendrá a ponernos otra vez en la senda de los grandes logros.
Por: Beto Tisinovich
En estos tiempos de vacas flacas en Independiente, un
triunfo no viene nada mal. Además, si lo lográs como más nos gusta a nosotros,
mejor: mirando desde el arranque el arco contrario. Como lo indica la rica
historia y por la que Gabriel Milito vendrá a ponernos otra vez en la senda de
los grandes logros. Así de fácil y simple. No será de la noche a la mañana,
pero viendo el partido de ayer tenemos que empezar a calmar la ansiedad. Porque
el vivo de Fernando Berón, como el año pasado cuando reemplazó a Almirón, puso
en cancha el equipo que la mayoría de los hinchas rojos teníamos en mente y que
Pellegrino jamás se animó a poner. Un cinco de corte y juego, tres volantes de
vocación ofensiva y dos delanteros. Clarito el mensaje desde el banco y los
players lo expresaron con una actuación convincente. Igual, hay que poner un
freno a todo esto. Porque este plantel cuando no jugó por nada rindió bárbaro,
y con la presión fracasó rotundamente. Lo que sí hay que destacar es que hay
material. Bastante de mitad de cancha hacia adelante y sólido en el sector
izquierdo de la defensa. Falta del otro lateral, ya que Barrios, si bien
levantó en el ST, cometió los mismos errores que Toledo y Pellerano, y alternó
buenas con malas. Seguramente el Gaby tomó nota, y sabiendo de su sapiencia y
dedicación, habrá tomado mejor nota que nosotros. Tendrá casi dos meses de
trabajo para armar el gran Independiente que queremos. Su amor por el club y
haber mamado los mandamientos diablos le da un plus tremendo para encarar una
etapa que ya tiene los cimientos en la gestión de Hugo Moyano, pero que le
falta el logro deportivo. Paciencia, ya va a llegar, pero lo más importante es
que vamos a tener una base para volver a ser. Tengamos confianza.
Fuente Olé

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