Vistas de página en total

miércoles, 14 de marzo de 2012

Sólo un punto de partida para volver a ser Independiente, el verdadero Orgullo Nacional



Por José Luis Torres

Ojalá podamos aprovechar este triunfo maravilloso para entender que la solución a nuestros gravísimos problemas está en nuestra identidad, en nuestros genes, en el fondo de nuestra gloriosa historia 




Sólo un punto de partida para volver a ser Independiente, el verdadero Orgullo Nacional

La imagen se puso borrosa, el televisor se corrió 20 metros, la voz del veterano y errático relator se convirtió en un eco lejano y difuso, las luces del living se apagaron, faltaba la saliva, zumbaban los oídos, el mundo se detuvo.

Casi de la nada, cuando todavía nos estábamos reponiendo del insólito gol que se comió debajo del arco Santiago Silva (¿podríamos hacerle una peña, no?), apareció el Tecla pellizcando la bola ante la salida de lo que quedaba de Schiavi, quien no pudiendo más con su alma, se tiró al suelo con la pierna cambiada, haciendo un hoyo en la Bombonera y en el orgullo de los "xeneizes".

Entonces, vimos al Tecla yendo hacia Orión con la furia de un preso que corre hacia la libertad, sorteando todas las barreras imaginables.

Claro que nuestro "reo" preferido cuando enfrentó al último "guardiacárcel" que lo separaba de la ansiada felicidad, en vez de dispararle a quemarropa, eligió la elegancia, la gracia, la belleza.

La pluma en vez de la espada.

Tuvo una respuesta artística bajo presión.

Cuando cualquiera hubiera fusilado al arquero, él la "pinchó".

Reaccionó como lo que es: un fuera de serie.

Alguna vez dijo Valdano, "El jugador en un momento cumbre, mano a mano con la gloria, reacciona como le resulta natural, elige la herramienta en la que más confía: la mayoría pateará con alma y vida, y los pocos que saben de verdad, la colocarán lo más lejos posible del arquero".

Farías ni lo pensó: vio salir a Orión y la picó como si fuera un entrenamiento en Wilde.

Y la bola no bajaba nunca.

Por un momento pareció que habían suspendido por decreto la Ley de la Gravedad.

Las cabecitas quietas detrás del "petrificado" arquero asistían con estupor a la obra de arte del "9".

Y para agudizar más su dolor.

Ni Laverni inventó nada, ni el "imbatible" golero levantó los brazos, ni el delantero la tiró afuera.

Entró mansa, por la mitad de arco como un puñal.

Bienvenido Ernesto a la historia grande de Independiente.

Pase, siéntese, se ha ganado un lugar en nuestros corazones.

Antes hubo un partido, como antes de los últimos años (podríamos decir que la Supercopa del 94 marcó el fin de una era, aunque fue bastante después que se dio vuelta la balanza en la estadística) hubo una historia que nos favorecía rotundamente.

Como había estilos, ese que Boca respetó e Independiente dejó de lado.

Por eso, nos va como nos va.

Y a ellos les va como les va.

Los últimos ciclos exitosos de los de La Ribera tienen la misma austera marca en el orillo: Lorenzo, Bianchi y Falcioni.

Defensa granítica, disciplina táctica, gran entrega física, pierna fuerte y destemplada, juego aéreo, wines pícaros y picantes (como Mastrángelo o Guillermo) y algún goleador inspirado (Palermo, por mencionar al más importante).

Sólo la extraordinaria presencia de Riquelme -un tipico producto de la cantera de Argentinos, cuyo estilo tiene tanto que ver con los colores que defiende como Damas Gratis con el Teatro Colón- le dio un toque de magia.

Un poco de belleza a tanto barullo ganador.

Siguiendo ese camino tan amarrete como efectivo, Boca nos dio vuelta la paternidad y casi nos alcanza en cantidad de Copas Libertadores (¡Suerte este año!).

Nosotros, en cambio nos traicionamos hasta el cansancio.

Con entrenadores como Falcioni y dirigentes como Comparada.

Traicionamos una tradición de juego ofensivo y administración cristalina.

Y nos volvimos un equipito y un club del montón.

Por eso es importante este 5-4. Porque puede ser un punto de partida para volver a ser el "Orgullo Nacional".

Estamos lejos, pero hay algunas señales positivas: regresó la decencia al sillón presidencial, el "Bocha" a opinar desde adentro, un espíritu de grandeza que se vio al principio y al final del partido, muchos chicos de inferiores en cancha con el "Pato" y el "Avispa" a la cabeza, un entrenador del "Rojo" hasta la médula, que creció viendo al mítico campeón del '84. Y hasta Milito, que ojalá retorne al nivel que lo convirtió en el "Mariscal".

Que esta alegría sea constructiva, útil, que se quede Cristian Díaz, quien aún con sus "pecados de juventud" (Ferreyra no puede jugar de tres, aunque haga 1000 goles de tiro libre por partido y al arquerito le falta), demostró que tiene ganas, que va para adelante y que siente la camiseta.

Es ese orgullo, esa identidad, ese amor lo único que puede sacarnos de este pozo ciego, sin quiebras ni descensos.

Si nosotros volvemos a ser Indepediente, Boca volverá a ser Boca.

O mejor dicho, será Boca para nosotros.

Ese equipo duro, difícil, mañero, con dos o tres grandes jugadores, al que le ganábamos casi siempre porque teníamos la pelota y lo atacábamos.

Porque éramos mejores. Porque éramos Independiente, el "Orgullo Nacional". 

Ese que jugó siete finales de Copa y ganó las siete -ninguna por penales, porque se jugaba tercer partido para evitar la lotería-, mientras que otros perdieron 3...



Fuente Play Futbol

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.