Por Eduardo Verona
Con la Selección nacional saturada de críticas lógicas y
otras delirantes después de la derrota 1-0 frente a Paraguay, ahora se
reivindica la elaboración, cuando en general se la despreciaba o subestimaba en
nombre del desequilibrio ofensivo. La realidad es que sin elaboración no hay
armonía colectiva. Y aún con Messi, esto también se paga.
Ahora que a la Selección la acechan los fantasmas porque peligra la clasificación
al Mundial de Rusia 2018, se resignificó lo que hasta hace muy poco parecía
para amplios sectores del ambiente del fútbol argentino una cuestión menor,
propia de otros tiempos: la elaboración.
¿Y quiénes son capaces de elaborar juego? Aquellos que,
precisamente, los entrenadores de inferiores y los de Primera consideran cada
vez menos, salvo que se produzca una aparición espectacular con el talento que
identificó a Riquelme.
En infinidad de oportunidades el fútbol de estos tiempos
decretó la muerte de los enganches. El Cholo Simeone ya lo planteó hace una
década: "La táctica ya no los considera. Ni Zidane jugando para Francia en
Alemania 2006 jugó como enganche".
La táctica, en definitiva, la ponen en práctica los
técnicos. No es la táctica una abstracción. O algo que se impone desde el más
allá. Es un instrumento. Y una herramienta. Simeone, como punta de lanza de una
nueva generación aniquiló la función de organizador o armador mientras dirigía
a Estudiantes, con Verón como líder y bastonero del equipo. También Ricardo La
Volpe en varias ocasiones, desestimó el rol de un enganche clásico. Y de paso
criticó el fútbol posicional de Riquelme.
Con este mismo criterio ni Bochini, Beto Alonso, José Daniel
Valencia, Babington, Palma, Gasparini, Capria, Rubén Paz, Garnero,
D'Alessandro, Matute Morales, Gallardo, Tapia, Gorosito, Romagnoli, Ermindo
Onega y tantos otros, podrían jugar en el fútbol actual. Porque como sentenció
Simeone, "la táctica no los considera".
¿Y qué considera la táctica? A los volantes de grandes
recorridos. De ida y vuelta. Con mucha generosidad en el despliegue, aunque
recuperen la pelota y después la rifen con un pase comprometido para el
compañero o directamente habilitando a un adversario por falta de capacidad
para manejar y entregar la pelota.
A los enganches que tienen la responsabilidad de elaborar
juego se los viene acusando de manera sistemática de displicentes, vagos,
antiguos y fuera de registro para interpretar lo que hoy se demanda aquí y en
Europa.
Sin embargo cuando arrecian los cuestionamientos de todo
tipo y calibre a la Selección nacional pidiendo renunciamientos masivos para
que se vayan todos en un aquelarre vulgar sin destino ni conocimiento, aparece
dibujada en el horizonte la deuda de la elaboración futbolera que se reclama.
Porque nadie encarna esa función en Argentina desde que
Riquelme renunció a integrar la Selección que conducía Maradona en las
Eliminatorias, de cara a Sudáfrica 2010. Y ese rol interpretado,
necesariamente, por un jugador inteligente no tiene reemplazo. Ni antes ni
ahora. No hay reemplazo para un armador. O para un tiempista ofensivo con más o
menos gol. Y con visión estratégica para adivinar los espacios entre líneas y
los ritmos siempre inestables de un partido.
Ese fútbol artesanal o fútbol de autor quedó desacreditado y
escondido por los tecnócratas. Pero en tiempos de crisis se lo recuerda y
evoca. Como si existieran melancolías por aquellos jugadores que veían lo que
otros ni de casualidad veían.
Esa cultura del pase certero (y no del traslado que resume
impotencia porque a mayor traslado con la pelota mayor es la impotencia)
después de una gambeta o después de mirar el paisaje y los espacios del
paisaje, no son para cualquier aventurero que pretenda sacar chapa de héroe
circunstancial.
Un enganche envidiable es Andrés Iniesta. Un elaborador de
lujo. No tendrá Iniesta un look que seduzca a todas las audiencias. Pero hace
lo que hacen muy pocos: ve la jugada. Ve el espacio. Arma juego, en definitiva.
El fútbol argentino se fue quedando sin esos intérpretes,
más allá de la magia de Messi. Los fue arrinconando a esa clase de jugadores ya
desde las divisiones inferiores. Los desalentaron. Los vapulearon. Por eso que
haya entrado en escena en Independiente el pibe Ezequiel Barco con apenas 17
años, refleja a un emergente de otras décadas. Y a un testimonio de una resistencia
valiosa.
El presente complejo de la Selección puso en primer plano la
ausencia de la elaboración ofensiva. Algo que siempre fue un patrimonio del
fútbol argentino. Jugadores que corran como maratonistas siempre sobraron.
Jugadores que piensen y resuelvan en sintonía con ese pensamiento, son los
protagonistas que despiertan nostalgias.
"La táctica no los considera", aseveró Simeone.
Seguramente, se habrá olvidado de Iniesta. Y de Riquelme.
Fuente Diario Popular




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