Por Lucas Campos
Se toca la boca, mira medio desconfiado, con la vista
cansada, no de mirar, sino de ver algo que no gusta. Pero por lo menos va,
descansa en el lugar y se prepara para que le pregunten.
Tiene el pelo mucho más delgado que cuando arribó, será el
estrés, quizás, no lo sé.
Casi que no escucha lo que le consultan, está
enfocado en otra cosa.
Sabe bien que de esta se sale ganando o no se sale. No
le gusta lo que ve, pero es lo que es y por lo menos, es.
Entonces quiere hacer un giro de 360 y lo dice.
Se apoya en
un bastón firme y grueso.
Entiende que el proyecto va a triunfar, hace bien en
llevar tranquilidad, en donde casi no la hay. Todos esperan que corrija lo que
está mal y siga con lo que está bien.
Acá no hay rivales ni enemigos, acá hay gente que quiere que
le vaya bien, pero que sabe también que el aire es escaso.
Los tres puntos son
esa estación de servicio en medio de la nada. Cargás el tanque y continuas con
lo tuyo.
Ganar de local lo llevará a un capitulo más, pero si llega a
jugar bien, casi que le afirmará los pies sobre la tierra.
Termina de pensar
todo esto, y se despabila, responde lo que le pregunta el chico con el
micrófono y retrocede sobre sus pasos para irse a su casa a seguir pensando, en
dónde está la clave.
Fuente De la Cuna al Infierno


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