Brindisi se saluda con Montenegro.
Por Favio Verona
Montenegro llegó como el as de espadas, pero en cada
partido su nivel va decayendo cuando el equipo más lo necesita.
¿Qué le pasa?
Los hinchas, los dirigentes, sus compañeros y el
periodismo esperaban mucho más de él.
Seguramente él también arribó con otras
expectativas. El 27 de diciembre, cuando se decretó el inicio de su cuarto
ciclo en Independiente, Daniel Montenegro deslizó un mensaje contundente. “No
soy un salvador”, expresó el Rolfi, consciente de que muchas veces las
expectativas desmedidas conducen inexorablemente hacia los caminos de la
desilusión supina y el desencanto prematuro.
Hoy, a los 34 años está
atravesando uno de los peores momentos de su prolífica carrera. Lejos, muy
lejos parece estar del nivel que supo ostentar.
Tras los insistentes pedidos de Américo Gallego, los
directivos aprobaron su vuelta con la intención de que aporte las dosis de
lucidez, liderazgo y claridad conceptual que no tuvo el equipo en el torneo
Inicial.
Sin embargo, el Rojo aún carece de la inteligencia para emprender la
búsqueda de espacios. Y la lupa se posa en forma insoslayable sobre el Rolfi,
quien en el partido pendiente del Inicial que disputó frente a Tigre alumbró al
Rojo con algunos de sus estiletazos marca registrada que lo erigieron como la
figura del encuentro y hasta asistió a Benítez en el empate.
Sus destellos parecen ser cada vez más esporádicos. Su
nivel se desvaneció a medida que pasaron las fechas y hay hechos que lo
comprueban. Hasta ahora no logró sacar rédito de su pegada de media distancia, le
costó mucho desequilibrar en el mano a mano y desapareció del circuito colectivo
en lapsos en los que su presencia se tornaba imperiosa.
Desde su desembarco,
Miguel Brindisi no lo ubicó en la posición a la que está habituado. “Estoy
cumpliendo una función diferente, pero entiendo que es necesario hacerlo.
Estamos en un momento en que pasan las fechas y pasamos a tener más necesidades
de ganar. Si me tengo que poner el overol lo voy a hacer, estoy dispuesto a
sacrificarme si el equipo lo necesita”, comentó Montenegro.
Los números también
reflejan con elocuencia el bajón futbolístico del capitán del Rojo. Hasta el
momento, su promedio Olé es el más bajo de todos sus ciclos en el club, aunque las cifras recientes se corresponden con lo que delataban
sus antecendentes inmediatos: en América de México había marcado 24 goles en
128 partidos. “Le pedí al Rolfi que pateara el penal a lo Rolfi. El gol lo va
a levantar anímicamente”, expresó Brindisi cuando Montenegro marcó su único gol
ante Argentinos y disipó los fantasmas que lo acecharon tras el penal que
dilapidó ante Boca.
Por ahora, en el Rojo siguen esperando que vuelva a ser lo
que alguna vez fue.
Fuente Olé

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