Milito mantuvo bajo reserva los motivos de su alejamiento.
Olé te cuenta qué fue lo que sucedió.
No renunció únicamente por impulso Gabriel Milito.
Su
determinación no se desencadenó a raíz de una reacción por emoción violenta.
El
técnico no renunció sólo como corolario de la falta de respuestas y la
exasperante impotencia que denunció su equipo ante Banfield (0-1). El Mariscal
venía meditando la posibilidad de irse, aunque mantuvo sus reflexiones bajo
absoluta reserva. Incluso desde su círculo íntimo comentaron que se
sorprendieron por su abrupta salida.
Y los dirigentes quedaron azorados, ya que
en la semana habían planificado la pretemporada. La derrota ante el Taladro fue
apenas el último empujón hacia una decisión que el DT venía analizando.
Gaby ya había renunciado en la 11° fecha, cuando el Rojo
cayó 0-3 con Racing en el Cilindro. En aquella oportunidad los dirigentes le
pusieron el freno de mano y, tras una extensa conversación, lograron
convencerlo de continuar.
Pero Milito sentía que había quedado debilitado. En
los últimos tres partidos, ante River (1-0), Colón (2-0) y Banfield, había
caído en la resignación: dejó de lado su libreto y les pidió a sus futbolistas
que apuesten al juego directo.
El DT no se sintió representado por esa
propuesta y creyó que iba a ser muy difícil volver a la idea original.
Además
intuyó que no iba a ser sencillo que le trajeran dos refuerzos de jerarquía.
Y
prefirió partir para no quemarse.
Fuente Olé

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