Por Christian
Alonso
Decir “Independiente” siempre fue sinónimo de grandeza. En
Argentina y en Japón. Acá y en todos lados. Delanteras de elite, goleadores
históricos, proezas inimaginables, numerosos títulos (muchos de ellos con
hazañas memorables de por medio) significaron sólo algunos capítulos de las páginas
que parecían repetirse año tras año en el libro dorado de esta institución
deportiva. Y aunque no siempre todo sea color de rosas -o “Todo Rojo”, en este
caso- aquellas oscuras hojas que parecían arruinarlo todo en los últimos
escritos ya son parte del pasado.
Ojo, no fue magia: para que todo se “acomode” nuevamente
hubo que limpiarse las lágrimas, abrir el grifo, lavarse la cara y mirar para
adentro un buen rato. No hay que dejar de resaltar que hace exactamente un año
atrás, en agosto de 2017, pocos se imaginaban (nos imaginábamos) que algo de
todo esto podía llegar a ocurrir. Que Independiente iba a ganar dos títulos
internacionales más en menos de ocho meses y que miraría a todo el continente
desde lo más alto nuevamente.
¿Merecido? Pero claro. Ya lo dijo Holan después del partido:
“Dimos 30 años de ventaja y estamos 18 a 18”.
Hubo que dejar atrás las pesadillas, los embargos, las
piedras en el camino que colocaron los envidiosos. Hubo que enfrentar a los
poderosos. Hubo que cerrarle la puerta a algunos que le faltaban el respeto al
glorioso nombre del Club Atlético Independiente y a muchos de sus emblemas.
Hubo que hacerlo. Y se hizo.
Tal vez por eso es que los hinchas sentimos una satisfacción
superior al quedarnos con esta copa, que vale como cada una de las otras 17 que
posee el club. Como sucedió con la Sudamericana, cuando la cosa viene difícil
-como la difícil serie contra los tucumanos, la mano alevosa de Tacuara Cardozo
en Paraguay o el hostil clima de Río de Janeiro-, todo parece disfrutarse el
doble. Y acá, con la Suruga Bank ya en las vitrinas (algo que debió haber
sucedido hace siete años cuando Mohamed y sus muchachos fueron de paseo a
Japón), podemos decir que el Rey de Copas está más vigente que nunca: el DT y
la dirigencia, grandes hacedores de la levantada histórica del club junto a los
leones que conforman el equipo, tomaron este torneo a partido único con la
seriedad que se merecía. No fueron a especular contra un rival desconocido; lo
estudiaron, lo analizaron, tomaron recaudos, prepararon el partido, se
aclimataron al país (jet lag, clima, o lo que sea) y dejaron bien en alto el
nombre de la institución. Como debe ser. Como nunca dejo de haber sucedido en
el pasado. A ellos, y a todos los que competimos esta locura cada vez más
grande y copera, gracias y a disfrutar.
Ejemplo de todo el continente (y del mundo entero, claro que
si), nuestra gran institución.
Fuente Orgullo Rojo


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