Por Rodrigo Tamagni
Llegó el recado a los jugadores y una buena porción lo
comprendió: Independiente es un grande y hay que pelarse el cuerpo se juegue
bien o mal. El simbolismo de la salida del arquero fue un buen modo de graficar
lo que se pretendía. Nadie tiene el puesto asegurado, y los uruguayos lo
entendieron a la perfección
"Muchachos, acá nadie tiene el puesto asegurado. Rindan
o salen". El hincha pretendía la salida del Ruso Rodríguez como un
emblema. Un mensaje. Un recado en la puerta de la habitación de todos los
jugadores con una línea que significaba más o menos lo antes mencionado. El
arquero, capitán y nacido de las inferiores no estaba exento de salir. Y si él
estaba en esa situación, ¿qué quedaba para el resto?
El equipo, jugando bien por momentos y mostrando síntomas
preocupantes por otros, lo entendió desde la intensidad: a correr y meter
cuando no se puede tocar bien la pelota. Jugar con el corazón en la mano,
porque así lo exige este club. Recuperar la pelota apenas se pierde porque es
el don más preciado. Es un interesante paso principal para el buen entendimiento
entre el hincha y los players. La indiscutible mancomunión del éxito.
Ese mensaje en Ruso, que no hacía falta traducir o
decodificar, lo entendieron mejor los uruguayos (Torito y Viruta, para sumarse
el Cebolla más tarde). Quizás porque sus fibras internas esta ensambladas
cuidadosamente para que la sinapsis de su cerebro se produzca cuando la
situación requiere de la garra. Pero también lo captaron el cordobés Rigoni y
el Droopy Gómez.
Queda la sensación de que ya no depende de nosotros. Que
será cuestión del destino darle un guiño al momento para poder volver a
ilusionarnos. Mientras tanto, el plantel debe seguir lustrando el nuevo esquema
mental que se exige: entrega, jugando bien o mal. El mensaje demoró demasiado,
pero quizás no sea tan tarde...
Fuente Play Fútbol

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